12 de octubre de 2019 5:00 hs

Carlos Burgueño no esperaba que una bala perdida lo matara. Estaba en un bar cuando, sin buscarlo ni imaginarlo, un tiroteo entre integrantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y policías terminó con su vida. El sargento Enrique Fernández Díaz y los guerrilleros Jorge Salerno, Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza también respiraron por última vez en ese suceso.

El enfrentamiento se dio luego de que un centenar de tupamaros tomaran la comisaría de Pando (Canelones), el cuartel de bomberos, una central telefónica y varios bancos de la ciudad canaria. El movimiento guerrillero se robó  US$ 357.000. Era un 8 de octubre, corría el año 1969 y en Uruguay aún había democracia.

A 50 años de esa trágico mediodía, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros invitó a recordar y conmemorar ese acontecimiento en el que participaron, entre otras figuras, el ex ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro y el icónico líder guerrillero, Raúl Sendic.

“La lucha sigue, el pueblo al frente. Por el Che (Guevara) y a 50 años de nuestros caídos de Pando”, es el lema del acto tupamaro que se preveía realizar este viernes y se postergó para el 18 de octubre.

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La invitación al evento no estuvo exenta de críticas por parte de la oposición. Desde los distintos partidos políticos cuestionaron que otra vez se realizara un acto celebrando un hecho delictivo del pasado y del que, según creen, aún no hay autocrítica.

En filas del Partido Nacional, el senador Javier García y el asesor de Luis Lacalle Pou, Pablo Da Silveira, volcaron en las redes sus discrepancias. García tildó como “locura criminal y mesiánica” al hecho histórico y criticó la realización del evento porque significa que “50 años después siguen sin aprender nada”.

Da Silveira, por su parte, recordó la intervención tupamara como “un acto de  propaganda armada, a un costo terrible de vidas propias y ajenas”.

El expresidente de la República, Julio María Sanguinetti, señaló en Twitter que los tupamaros deberían “arrepentirse públicamente” por aquella tragedia y lamentó que se la “festeje”. “La paz comienza con autocrítica y perdón”, expresó el líder colorado.

Otro colorado que también supo ser precandidato en las elecciones internas, José Amorín Batlle, se sumó a la reprobación y fue más allá: calificó al acto como una “apología del delito” y un “homenaje a la violencia y el terrorismo”.

Para Pablo Mieres, candidato del Partido Independiente, la celebración significa que los dirigentes del sector liderado por Mujica “siguen sin valorar la democracia”. En conversación con El Observador, el senador dijo que el acto es un “recordatorio infame” porque lo que ocurrió fue “un intento de tomar una ciudad por las armas”.

Camilo dos Santos

“Realmente es increíble que el MPP siga celebrando un hecho delictivo donde un inocente perdió la vida. Eso prueba hasta qué punto no hay una autocrítica de lo que fue la lucha armada, el camino del levantamiento armado contra el orden estatuido. Además empezó en el año 62 cuando en Uruguay no había ni pachequismo ni nada. Había gobiernos absolutamente democráticos. Tienen una absoluta incapacidad de admitir que hubo una barbarie y  que fue parte de las causas que llevaron a la dictadura militar”, sostuvo.

Según Mieres, con este tipo de actividades se entiende “porque siguen abrazados a (Nicolás) Maduro”. A su vez, manifestó su preocupación por la fuerza que tiene este sector en el Frente Amplio.

El Observador intentó comunicarse con el diputado emepepista Daniel Caggiani, que será uno de los oradores del acto, para consultarlo sobre el significado de esta actividad, pero el legislador evitó dar declaraciones. “No vamos a hacer ninguna declaración antes. Lo que tenemos que decir lo vamos a decir en el acto del 18”, expresó. De la misma forma, el diputado Alejandro Sánchez no respondió los llamados. 

Amodio y el perdón
El 8 de octubre del año pasado, el aniversario de la toma de Pando fue recordado por un exguerrillero, Amodio Pérez, pero no hubo conmemoración alguna: hubo pedido de perdón. El acto no lo organizó el MLN-Tupamaros, lo organizó Diego, hijo de Burgueño, el inocente muerto en aquella oportunidad. El hijo del hombre asesinado contó que antes de que Amodio volviera a Uruguay nadie le había pedido perdón por aquella tragedia.

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