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Peaky Blinders: la historia de una mafiosa familia irlandesa en 24 capítulos para devorar

Mientras llega su quinta temporada, un repaso por las entregas anteriores de la mejor serie inglesa del año, según los Bafta 2018

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31 de julio de 2018 a las 14:00

 

Peaky Blinders es uno de los ejemplos más contundentes de los beneficios a los que puede acceder una ficción cuando llega a Netflix. Su calidad, que estaba probada desde hace tiempo en las pantallas inglesas, recién sacudió a los espectadores de esta penillanura suavemente ondulada en los últimos meses, cuando quedó habilitada de forma total en la plataforma de streaming. Seguramente más de uno levantará la mano y con el acento de los Shelby exclamará "yo la miro desde el estreno de su primera temporada", o "arranqué enseguida que la BBC Two la anunció". Sí, es probable que lo haya hecho y que sea un seguidor incondicional de esta banda de gitanos irlandeses desde su creación. Pero un vistazo rápido a las redes sociales –el ágora moderno– prueba que este fue el año en que esta serie de 2013 se convirtió en una de las más seguidas y comentadas por el público uruguayo. Escriba en el buscador de Twitter la frase "By order of the fucking Peaky Blinders" y compruébelo usted mismo.
 
Por eso, y a pocas semanas de que se comience a rodar su quinta (y penúltima, al parecer) temporada, vale la pena repasar la historia (que lleva 24 episodios) de esta ficción que fue premiada como la mejor del 2017 por los premios Bafta y que todavía pelea por convertirse en una de las grandes series de mafiosos. Siempre con la boina puesta y, de fondo, Nick Cave.

Por orden de los Peaky Blinders

 

Década de 1920. Hordas de espíritus destruidos por los horrores de la Gran Guerra vagan por las fundiciones de una Inglaterra industrializada y sucia de hollín. Entre aquellas almas rotas están los Shelby, cuatro hermanos sin padres, tres de ellos soportando todavía el trauma de los túneles y las trincheras francesas.
 
Entre huelgas, el avance del comunismo y las represalias del gobierno inglés a la clase obrera, los Shelby comienzan a ganar poder arreglando apuestas en las carreras de caballos. Los Shelby no tienen tierra fija; aparte de que Birmingham –su ciudad de residencia– no los reclama como hijos, ellos son gitanos, vagabundos de toda la vida. También son irlandeses. Y se hacen llamar los Peaky Blinders.
 
Uno de esos hermanos –el del medio– es Thomas. Es ambicioso y el líder nato de la banda. Su mano derecha es Arthur, su irascible hermano mayor. También lo acompañan John y Finn, los menores del clan. Por encima, y manejando los hilos y el dinero de la familia, está la tía Polly. Juntos, y durante cuatro intensas temporadas, los Peaky Blinders irán ganando terreno dentro de las mafias europeas, escalando posiciones sociales en la jerarquía británica y engrosando sus arcas a un ritmo frenético.
 
 
El creador de esta serie es el inglés Steven Knight. Knight es un prolífico guionista y director que le ha puesto su firma a títulos como Promesas del Este, de David Cronenberg, y que dirigió un pequeño gran largometraje titulado Locke. Knight decidió contar en la televisión la historia de una banda de criminales reales. Los Peaky Blinders, liderados por un tal Thomas Gilbert, asolaron las calles de la Birmingham victoriana. El término blinder (cegar) tiene su origen en unas pequeñas hojas de afeitar que estos pandilleros usaban en sus boinas para cortar el rostro de sus enemigos.
 
La ficción de Knight, que se toma libertades históricas, involucra a los Shelby con el primer Ejército Republicano Irlandés (IRA), con Winston Churchill y con los exiliados de la corona rusa, entre otros personajes históricos que quedan envueltos en sus tramas ilegales y les dan cuerpo a las diferentes temporadas.
 
 
Son dos los puntos con los que Peaky Blinders se despega de otras series contemporáneas, dentro y fuera de las islas británicas. En primer lugar está su diseño de arte y su fotografía. Es difícil que exista otra serie que se vea tan bien como esta. Las chispas del fuego en la fundición, el humo de la urbe industrial, la sangre de las víctimas, las figuras recortadas en la niebla; todas las imágenes de Peaky Blinders son poesía visual. Y todo acompañado por una anacrónica banda sonora que incluye a los Arctic Monkeys, The White Stripes, Nick Cave, PJ Harvey, Laura Marling, entre otros exponentes del indie rock.
 
También está su formidable elenco. Cada uno de los miembros entrega todo lo que su personaje permite, pero hay una serie de nombres que destacan del resto. El primero, Cillian Murphy como Tommy Shelby. Calmo, de mirada gélida y con un rostro que trasluce sufrimiento, avaricia y fortaleza a partes iguales, Murphy se consagra como uno de los grandes actores británicos contemporáneos. También hay que rescatar a Helen McCrory como la sufrida matriarca gitana Polly Gray, a Tom Hardy –que siempre, siempre rinde– como el mafioso judío Alfie Solomons y a Adrien Brody, que en la cuarta temporada interpreta al temible Luca Changretta.
 
Las chispas del fuego en la fundición, el humo de la urbe industrial, la sangre de las víctimas, las figuras recortadas en la niebla; todas las imágenes de Peaky Blinders son poesía visual.
 
El premio máximo, sin embargo, tendría que llevárselo Paul Anderson. A este londinense de 40 años le tocó interpretar al personaje más interesante de toda la ficción, Arthur Shelby, y lo hace de manera magnífica. El mayor del clan gitano-irlandés es una fuerza casi tan incontrolable como la naturaleza. Puede ejercer la violencia más aberrante, ser el sicario más despiadado y el carnicero de los Blinders, pero también es un alma perdida y atormentada por los ecos de la guerra, por su adicción a las drogas y al alcohol, y por su penosa búsqueda de afecto y comprensión. Es, a todas luces, el personaje más trágico de toda la serie.
 

Es lógico que el éxito de Peaky Blinders sea perenne, al menos durante estos años. También lo es que sea una producción venerada, premiada y que aparezca permanentemente entre las tendencias de Netflix. Y es más lógico que su quinta temporada sea esperada con expectativa. No es lo mejor del mundo televisivo reciente y no es la mejor producción de la historia de la BBC, pero por sus propios méritos visuales y narrativos es una serie que merece que se le dedique tiempo. Si todavía no la vio, si todavía no está convencido, hágales caso a los comentarios en las redes o al Bafta y dele una chance. Hágalo. Es una orden de los malditos Peaky Blinders.

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