24 de diciembre de 2022 7:35 hs

El 2022 fue un año raro para la ganadería, que mostró los beneficios y los riesgos de la dependencia del mercado de China. Sin embargo, el año prolongó dos cambios tendenciales muy importantes, que se podría decir son revolucionarios.

Uno, la intensificación. La lógica de la menor edad de faena y entore, de una alimentación más intensiva en pasturas con uso estratégico de granos en todas las etapas –desde la cría al engorde– ha llegado para quedarse.

La otra, la diferenciación, con distintas variantes, desde la carne carbono neutral a otras que buscan atestiguar que la carne uruguaya es la de mayor valor agregado ambiental del mundo.

Desde el lado de los precios, fue un año exactamente partido en dos, con un primer semestre de precios récord, difíciles de repetir y un segundo semestre que tuvo caídas pronunciadas.

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Los coletazos del covid, como en 2020, se hicieron sentir hasta el presente. El novillo gordo pasó de US$ 5,50 a US$ 3,50 por kilo. De modo que a medida que fue avanzando el segundo semestre la ganadería pasó a funcionar más  a la defensiva, aguantó el resultado, pero quedó con gusto a poco.

A la baja del precio en dólares se agrega la baja del dólar, que a estos niveles de precios aparece como una complicación futura.

Agroindustria ganadera.

Un primer semestre brillante

Los productores tienen todavía el respaldo de un primer semestre brillante. Eso va a enlentecer el proceso de intensificación, retrocederá parcialmente, pero sin volver a la lógica previa a 2019, cuando la remodelación de la ganadería empezó de la mano del primer envión de demanda de China. La reducción de la población de novillos de más de tres años es un proceso irreversible.

Mientras China empujó, los productores aceleraron, intensificaron los sistemas y así aumentó la faena. Pero en el segundo semestre de este año el mercado sufrió el mayor ajuste bajista de precios de su historia en magnitud, aunque cayendo desde tales alturas que el aterrizaje se hizo a un precio cercano al mínimo aceptable.

No derivó en crisis ni en parálisis, sí en un freno de una carrera tal vez poco sostenible anterior.

Agroindustria ganadera.

Entre 2021 y mediados de 2022 se trabajó a la mayor velocidad posible, con excelentes márgenes. En el segundo semestre la ganadería funcionó sacándole punta al lápiz y algunos corrales  con el alto precio de grano quedaron en pausa. Otros siguen evaluando los muy ajustados márgenes, con base a un posible ajuste del precio del ganado de reposición.

Pero, para el criador, se mantuvo un precio del ternero aceptable, mientras se mira de reojo que el dólar no siga bajando, algo que impactó una vez más en esta semana.

La tendencia a bajar la edad de faena, a entorar más joven, a modernizarse en pasturas complementadas por grano baja su ritmo, pero no se revierte.

La faena bajó este año y volverá a bajar el año próximo, pero no volverá a ser menor a dos millones de vacunos.

La producción de terneros tendrá sus vaivenes, pero tiene un piso en 2,8 millones y empezará a superar los tres millones de animales con creciente frecuencia.

La baja en la edad de faena continuará por un menor engorde a corral, ya que el precio de los granos no bajará al menos hasta mitad de año, con una siembra demorada en Uruguay y Argentina y de resultados dudosos en el país vecino.

Por otra parte el stock de novillos ha bajado. Y a estos precios, resulta más interesante mantener una vaca en el rodeo que engordarla.

Pero la intensidad sigue básicamente con el persistente aumento de áreas mejoradas y por un uso de granos que puede dejar de crecer, pero no retrocederá.

Eso es importante, no solo porque muestra un mejor funcionamiento económico. La intensificación también es una vía para bajar el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero por kilo de carne producida y ese será un tamiz cada vez más fino para la competitividad.

Agroindustria ganadera.

China y la duda del covid

Respecto a la actividad de 2023 hay un factor de incertidumbre que es impredecible: la trayectoria del covid en China y su impacto sobre el desempeño económico y la vida cotidiana en 2023.

Algunas estimaciones ubican las muertes por covid en China en el entorno de un millón de personas. Si eso implica nuevamente cierres de operativa en Beijing, Shangai u otras ciudades importantes, el nivel de precios puede quedar debajo de US$ 3,50 por kilo.

El piso de actividad probablemente lo determine el nivel de escasez de Estados Unidos, que se irá acentuando a lo largo de 2023. Si el precio del novillo regresa a un eje de US$ 4 por kilo, la aceleración en la intensificación volverá, mientras que la diferenciación por cualidades ambientales será un proceso permanente de largo plazo.

Agroindustria ganadera.

La segunda revolución

Aún con la molestia por lo que consideran proteccionismo europeo y el escepticismo de una parte de los productores, la mayoría se está embarcando en tomar estos temas en serio y certificar productos y procesos relacionados con la sostenibilidad, la carbono neutralidad, y la valorización de lo que va quedando de campo natural.

Esa es la segunda revolución que, al revés de la anterior, se ha acelerado en este año.

Una diferenciación que puede ser clave si en 2023 avanza el acuerdo con la Unión Europea, para competir en el mediano plazo con las imitaciones a la carne y para fidelizar a los consumidores más jóvenes, que están atentos a la tala de selvas de países vecinos.

Ganado Aberdeen Angus.

Los tres millones de terneros

A partir de la baja de precios a mediados de año, la faena de vientres se contrajo. Uruguay tiene dos años más de cerca de tres millones de terneros producidos: la generación nacida en la pasada primavera que sale al mercado en el próximo otoño y la generación que se gesta en este verano y nacerá en la próxima primavera. Ambas serán numerosas en términos históricos, si bien no récord, porque en los dos años se dieron restricciones derivadas de sequías que no fueron dramáticas, pero sí relevantes y que pueden repetirse en enero y en febrero de 2023.

Con una producción estable por delante y un stock que volverá a una lógica de leve crecimiento, es posible que el desarrollo de nichos de diferenciación por valor ambiental siga acelerando. Eso fue de lo más destacado de este año.

Si China no se recupera, otro factor que juega es el atraso cambiario. Con un dólar tan bajo el estímulo a la producción es menor y la cautela seguirá.

Otro  factor siempre presente es el clima. Cabe esperar –aunque sea por el paso del tiempo– que luego de tres Niñas seguidas el clima se normalice, llueva mejor y eso permita un funcionamiento más normal, sin presiones vendedoras derivadas del faltante de agua.

Gracias a la primera de las revoluciones, la tecnológica de intensificación en la cría, Uruguay logra sortear las sequías sin una caída fuerte en la producción de terneros.

Lo importante de 2023 será que siga un mercado dinámico, sobre todo en la reposición, que muestre que la ganadería es resiliente a los vaivenes de precios, que siga trabajando en reducir emisiones de metano, en medir capturas de carbono bajo distintos sistemas de pastoreo, que profundice el análisis de la huella ambiental, que consolide el trabajo de difusión de manejar el campo natural con más forraje remanente.

Todas aquellas líneas de acción que hacen a la ganadería uruguaya, además de la más sabrosa por su componente pastoril, la más ética del mundo. Un camino en el que en el 2022 se avanzó fuerte.

Esa es la mejor defensa del precio en el mediano y largo plazo y lo que permitirá que, una vez pasados dos años de ajuste de faena a la baja, un precio diferencial respecto a los competidores permita que la actividad retome el crecimiento de 2024 en adelante.

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