20 de febrero 2020 - 5:04hs

Rafael Porzecanski, director de opinión pública de Opción Consultores, observa una pantalla con una serie de curvas sonrientes. Las parábolas reflejan la trayectoria de la evaluación del gobierno en diferentes países. La mayoría empieza con una “luna de miel” que cae gradualmente y luego repunta sobre el final. 

A esa imagen vuelve una y otra vez para hablar de la gestión del presidente saliente, Tabaré Vázquez, y de su sucesor, el nacionalista Luis Lacalle Pou, que asume con “desafíos” pero  “espalda ancha”, incluyendo una “carta de crédito” por parte de muchos frenteamplistas, especialmente en seguridad. A continuación, un resumen de la entrevista que Porzecanski mantuvo con El Observador

A pocos días del cambio de autoridades, ¿qué evaluación hacen los uruguayos acerca de la gestión que termina y qué esperan del gobierno entrante?

Estamos en el período de luna de miel. No es sorprendente en relación a lo que muestran transiciones anteriores. Se suele observar en los gobiernos salientes de regímenes presidencialistas un efecto rebote en la aprobación. En el caso de Vázquez ocurre un poco después de lo previsible, a partir del segundo semestre de 2019. Por otro lado Lacalle Pou, como la mayoría de los presidentes en Uruguay –sobre todo a partir de la victoria de Jorge Batlle–, inicia la gestión con espalda ancha en términos de opinión pública. Si bien el voto en primera vuelta fue de 29%, con el voto de segunda preferencia sumó unos 20 puntos más y hoy 52% de la población cree que su gestión será buena o muy buena.

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¿Eso de que se haya acentuado a partir de 1999 puede atribuirse a la reforma constitucional que instauró el balotaje?

Exacto. Esa reforma acentuó el bibloquismo. Con esas identidades bibloquistas Lacalle Pou ya no es solo el líder del elector que lo votó en primera vuelta, sino también un referente central de sus votantes del balotaje. Pero junto a eso hay otro fenómeno. Es habitual que un segmento de los votantes opositores sean más tolerantes con la figura presidencial entrante al principio y al final de su gestión. Vemos que Lacalle Pou mejora su imagen, especialmente fortalecido en los votantes de la coalición multicolor, pero también con cierta mejora en el electorado frentista. Todo esto se vio fortalecido por las señales que se dieron en esta etapa de transición. Hubo un clima de cooperación que prevaleció más allá de ciertos desajustes y eso ayuda a que un segmento de los hoy opositores vean con buenos ojos a Vázquez y que también los frentistas le extiendan una carta de crédito mayor a Lacalle Pou.

El repunte en la aprobación de Vázquez es acentuado. ¿Incide también la enfermedad del presidente en todo esto?

Nosotros creemos que sí. Porque vemos un primer pico que se da en consonancia al anuncio del presidente. Por un lado hubo una reacción unánime de empatía y solidaridad por parte del sistema político y del electorado también. Entonces incidió sí, pero no es la única causa del repunte. Ahora tenemos un nuevo despegue de la evaluación de gestión que creo está más relacionado con la transición. 

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¿El repunte es más bien por frenteamplistas que antes no aprobaban su gestión o se explica por los opositores?

Lo que vemos es que el principal sector que contribuye a la mejora es un segmento de frenteamplistas. Es un sector que quizá estaba en duda pero al final de la gestión le reconoce el esfuerzo hecho. Igual mejora en casi todos los segmentos. Mejora en los votantes independientes, los que se inclinaron por opciones minoritarias o en blanco, y mejora un poco entre nacionalistas y colorados, cada uno a su manera. Dicho eso, entre los votantes de la coalición multicolor, la evaluación de Vázquez sigue siendo predominantemente negativa.  

Durante gran parte de su gestión hubo una notoria baja respecto a su primera Presidencia. ¿Este efecto rebote neutraliza eso?

En todas las administraciones frentistas se repitió, en mayor o menor medida, el mismo ciclo, que no es solo en Uruguay: un período inicial de luna de miel, luego una caída, y después un rebote que a veces puede llegar a acercarse a los niveles iniciales. ¿Qué diferencia al segundo gobierno de Vázquez? Que comienza con una luna de miel un poco menor a su primera gestión, y a la de Mujica, y que además la caída es más fuerte y más abrupta. En 2015, después del primer semestre, hubo un cambio muy fuerte del humor de la ciudadanía, que repuntó recién sobre el segundo semestre del año pasado. Termina con niveles que no llegan a la aprobación del comienzo pero que igual son muy altos. 

¿Qué características tiene esa luna de miel con Lacalle Pou? ¿Es esperable que perdure en el tiempo?

Allí entran a jugar muchos factores imposibles de predecir, pero hay que atender a las variables que suelen influir en la aprobación presidencial. El tema de la evaluación de la economía es central. La aprobación suele estar muy relacionada a la evolución de la economía. En el caso de este gobierno, la aprobación de la gestión Vázquez ha estado mucho más asociada a la evaluación sobre la gestión económica que sobre la gestión en seguridad. Ha habido un segmento importante de frenteamplistas muy disconformes con la gestión en seguridad pero conformes con la gestión presidencial. Eso no suele ocurrir con la economía. 

Teniendo en cuenta esto que dice de la economía y la seguridad, ¿qué expectativas hay respecto al gobierno de Lacalle?

Lo que está muy claro es que la mayor expectativa, al menos para el primer tramo del gobierno, está puesto en el tema seguridad. Es por amplio margen el principal problema del país, según los electores. De hecho hay un ascenso de un punto medición a medición. Ha subido nueve puntos desde el segundo semestre de 2019. Al mismo tiempo, vemos que la primera demanda de las personas, cuando se pregunta qué es lo primero que debería hacer el gobierno para mejorar el país, una amplia mayoría dice que se debe mejorar la situación de delincuencia y criminalidad. Y cuando se pregunta dónde están centradas las expectativas de mejora también lidera la seguridad. Es decir que ahí está la gran expectativa de la población. Jorge Larrañaga es el ministro con más recordación espontánea entre los designados, y es aquel que lidera entre los ministros que se cree que hará una mejor gestión. 

¿Esa mochila de expectativas es un peso, en el sentido de que si no se colman la desaprobación va a ser más alta?

En psicología se dice que la felicidad está en función de las expectativas. Obviamente según los objetivos que uno se fije y cómo los cumple, va a tener diferentes niveles de satisfacción. Si esas expectativas de mejora la población luego no las ve plasmadas en la cancha, allí evidentemente el gobierno tendrá un desafío y un asunto a explicar. Si lo puede resolver sin duda logrará blindarse en uno de los temas centrales que, repito, históricamente no es el más asociado a la aprobación de la gestión presidencial. 

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Dice que manda la economía. ¿En ese terreno cuáles son las expectativas? 

Hay un moderado optimismo, con más expectativas en el empleo que en los salarios. En el empleo las expectativas positivas superan por 34 puntos a las negativas. En los salarios ese balance positivo baja a 9 puntos y en la economía en general la diferencia es de 15 puntos.

¿Se espera una mejora del empleo supeditada a una no mejora del salario?

Exacto. Es una vieja discusión en economía, el tradeoff entre salario y empleo. Si bien desde el ámbito político se dice que se tratará de proteger las dos, implícitamente muchas veces se reconoce que al menos existe una tensión. Aparentemente, la población está decodificando que de pronto el nuevo gobierno, en este contexto de caída del empleo, va a poner más las baterías en la creación de puestos de trabajo que en cuidar sí o sí los salarios. 

¿Cuánto varían estas expectativas según el partido votado en octubre?

Hay varias conclusiones importantes. Evidentemente, las opiniones de multicolores y frentistas son muy diferentes. Los frenteamplistas son mucho más escépticos y negativos; los votantes de la coalición multicolor son mucho más esperanzados en una buena gestión. En los dos casos el principal indicador que creen que va a mejorar es la inseguridad y el que menos creen que va a mejorar son los salarios. Pero entre los frentistas pasa algo más. La inseguridad es el único indicador donde las expectativas positivas superan a las expectativas negativas. En los multicolores se da en todos los indicadores. En el Frente es el único y eso es bien interesante. Los frentistas le dan más crédito al gobierno en seguridad que en economía y salarios. Es probable que exista un segmento de electores frenteamplistas que en una gran mayoría de dimensiones ideológicas y de política pública sintoniza con el FA pero que en el asunto de la seguridad hoy por hoy sintoniza un poco más con las propuestas de la coalición multicolor.

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Y cuando se pone la lupa entre los distintos partidos de la coalición, ¿aparecen diferencias en las expectativas?

La conclusión más importante es que los votantes del Partido Nacional, evidentemente, tienen el mayor sesgo positivo hacia la gestión. Lo que crece es el verde oscuro de la gráfica, es decir los que dicen que va a ser muy buena la gestión. En términos generales la expectativa de gestión es similar, solo que entre los blancos hay más preponderancia del "muy buena", mientras que colorados y cabildantes prevalece el "buena". 

¿Cómo ve el liderazgo de ese bloque oficialista por parte Lacalle Pou?

Evidentemente la de Lacalle es una figura que está fortalecida. Su imagen y simpatía personal han crecido en comparación a años anteriores. Naturalmente, en una coalición de cinco integrantes con tres actores fuertes se hace más complicado conciliar que cuando hay solo dos. Sin duda que para Lacalle hubiera sido más favorable tener 45% de los votos en primera vuelta. Pero en esto la perspectiva histórica es importante. En 1994, Sanguinetti fue elegido con un 30 y poco por ciento y arrancó su gobierno prácticamente sin una gran luna de miel. Su aprobación era parecida a la de su votación y sin embargo luego logró una serie de reformas, más allá de que luego a algunos les haya gustado y a otros no. Entonces no solo es clave el apoyo de la opinión pública, sino también la capacidad de conformar y gestionar la coalición. Es un desafío arrancar con 29% en primera vuelta pero por otro lado tenés un fuerte respaldo de los votantes de la coalición. La gran incógnita es cómo se van a comportar los socios en un formato de gobierno absolutamente novedoso. Todas esas señales impactarán en la opinión pública.  

¿Ya hay diferencias de expectativas respecto a los ministros designados?

El panorama es predominatemente positivo, pero los ministros que tienen más visibilidad y más expectativas favorables son Larrañaga y Ernesto Talvi. Larrañaga tiene 61% de expectativas y Talvi 63%, aunque el nacionalista tiene algo más de preoponderancia de expectativas “muy buenas”, muy asociado a la temática de inseguridad. Después todavía hay ministros con alto nivel de desconocimiento, superior al 20%. Hay ministerios que van a tener alto perfil pero cuyos líderes están en un segundo nivel de conocimiento, como Azucena Arbeleche, Pablo Da Silveira y Pablo Bartol.

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