18 de julio 2020 - 5:02hs

Esta podría ser una obra de ficción, porque allí, los novios y las novias que dejan a sus parejas plantadas en el altar abundan. Pero, ¿a cuántas personas conoce que les haya pasado en la vida real? Seguramente, no a muchas. No es algo muy habitual. A la publicista argentina Josefina Franci le pasó, y lo terminó convirtiendo en un libro.

En su caso no se replicó la escena tradicional con ella esperando, con su vestido blanco, conteniendo las lágrimas, mientras el sacerdote se aclara la garganta una y otra vez, los invitados miran nerviosos para todos lados, y el padrino o la madrina miran decepcionados a la novia después de que la quinta llamada al teléfono del ausente no sea atendida. Fue algo menos cinematográfico pero igual de devastador.

El 31 de diciembre de 2016 su novio inglés la llamó por la aplicación Facetime para decirle que no quería casarse. Faltaban semanas para el evento. Se habían conocido tres años antes, en la agencia de publicidad donde ambos trabajaban, en Londres. Él ya le había planteado dos veces la posibilidad de casarse, y en ambos casos fue el que le dijo que mejor lo dejaran para más adelante.

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La tercera parecía, por fin, ser la vencida. Franci volvió a Buenos Aires para organizar el casamiento junto a su familia, y unos días después, él, desde el aeropuerto en Londres, hizo la llamada. Después de algunas semanas de idas y vueltas, la ruptura definitiva de la pareja cayó por su propio peso. Y ahí empezó un período de ocho meses en los que Josefina escribió. Escribió, escribió y escribió. Mails, mensajes, cartas, textos que nunca le envió a su expareja, el destinatario de esas misivas que ahora, reunidas, conforman Querido ex futuro marido.

Son casi cuarenta cartas de desamor que relatan el duelo de la autora en primerísima persona. La rabia, el dolor, la desilusión, los restos de cariño que se van deshilachando a medida que el velo se empieza a levantar y los defectos del otro se van haciendo más notorios, las señales de alerta que no se vieron en su momento ahora son obvias y algunas traiciones se van develando.

La autora lo editó de forma independiente, imaginando que solo le iba a vender el libro a sus amigos y a su familia, y quizás también a “algún chusma”. Un año después, el libro va por su quinta reimpresión en Argentina, llegó  a Uruguay (donde se hizo una impresión especial, ya que los ejemplares venidos del otro lado del Río de la Plata se agotaron y en el contexto pandémico la llegada de una nueva tirada se hizo difícil) y hasta tenía prevista una traducción y publicación en inglés que frenó el coronavirus.

Aunque al principio, Franci no se dio cuenta que lo tenía escrito podía ser una historia para contarle al mundo. “De eso se dio cuenta una amiga”, contó por teléfono desde Buenos Aires, “ yo lo había escrito como catarsis, la mayor parte del libro la escribí en Madrid, a donde me fui después de toda la situación. Mi amiga me escribió para preguntarme como estaba, y le mandé más o menos la mitad de lo que terminó siendo el libro. Y me contestó, ‘estoy preocupada, pero también creo que tenés algo entre manos’. Desde esa conversación lo empecé a pensar como un libro, pero sin saber si lo iba a publicar. En ese momento no tenía esperanza ni fe en nada, pero ese texto se convirtió en una luz al final del túnel. Era algo por lo que levantarme cada día”.

La primera edición se financió en parte con un régimen de preventa. Fue en ese momento que aparecieron las dudas de compartir la historia públicamente, cuando lo empezaron a comprar extraños. Al punto que dos días antes de que el libro entrara a la imprenta, Franci se planteó cancelar el proyecto y devolver el dinero. De todas formas, el dilema no venía tanto por la lectura de parte de desconocidos, sino por los conocidos, incluso sus padres.

El resultado final significó un cierre. El punto final al proceso que empezó con la llamada por Facetime. “Las cartas me ayudaron a sacar para afuera pero no a procesar lo que había pasado”, contó Franci, “las escribí para compartir conmigo misma. Yo no le contaba a nadie lo que me pasaba, cuando me preguntaban decía que estaba bien y cambiaba de tema. Con la escritura era cuando era honesta conmigo misma. Ya había hecho un proceso de sanación, pero había algo adentro, y con la publicación me saqué un peso de encima. Al punto que publiqué y ese mismo día, dejé de llorar por el tema”.

 Los textos, escritos todos a base de impulsos, “sintiendo mucho y pensando poco, al punto que escribí barbaridades de las que después me retracto”, dado quién era el destinatario original, estaban en inglés, y acompañados por una serie de canciones en ese idioma, que se vinculaban con el relato. Al momento de publicarlo tradujo los textos y también cambió las canciones por obras de cantautoras latinoamericanas. “Eso me llevó más tiempo que escribir, estuve como un año y medio eligiendo las canciones, y siento que me identifican”, dijo la autora.

Otro de los últimos detalles fue el epígrafe que abre el libro, una frase de Rachel Green, el personaje de Jennifer Aniston en la serie Friends, que en su primera aparición llega al café Central Perk escapando de un casamiento frustrado (vestido de novia incluido). “Dicen que hay un capítulo de Los Simpson y uno de Friends para cada situación de la vida. Soy fan de Friends y me acordé tanto de esa escena como de la frase elegida, y por eso la seleccioné”.

Con la publicación le empezaron a llegar también los relatos de personas que habían atravesado experiencias similares. Pero Franci se dio cuenta de que su historia lograba conectar con el público por otras razones. “Me llegaron cinco historias de personas que ya tenían su casamiento armado y quedaron plantadas, pero la rotura de corazón es más universal. Lo mío fue algo extremo, pero no precisas llegar ahí para sufrir tanto. Me han escrito mujeres y hombres de diferentes edades, personas que estuvieron en pareja, casados o incluso en concubinato durante muchos años y se separaron, y habían conectado también”.

Más allá de eso, Franci aclara que ella es tanto víctima y victimaria en esta historia. Porque no buscaba ponerse en el papel de la abandonada. “No quiero eso para mí, en todo lo que viví después de eso fui victimaria y me lastime a mí misma”.

Cuando pase la pandemia, se retomará la intención de editar Querido ex futuro marido en inglés. Si se concreta , uno de los ejemplares ya tiene un destinatario en Londres. “Sé que sigue trabajando en el mismo lugar, y viviendo con mis muebles. Cuando tenga el libro veré que hago. Ahora no me importa tanto como antes, pero capaz se lo mando”.

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