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Reabrieron los Techitos Verdes con un cambio de estética y los feriantes celebran

La obra costó un total de $ 28 millones, y los vendedores se manifestaron a gusto con las nuevas condiciones 

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16 de junio de 2020 a las 05:03

Juan Aicardo –66 años, feriante de toda la vida– se sienta mirando hacia la calle Colonia y recibe el sol otoñal de la tarde de un lunes diferente al de los últimos 29 años en la plaza Oribe. Hacia donde mira ya no están los techitos verdes que dio nombre a la feria desde su fundación, en 1991, sino seis nuevos bloques de material, grises y modernos, sobre una explanada transformada, con red lumínica, baños y bancos de hormigón. Una obra que estaba en la agenda de la Intendencia de Montevideo desde hacía varios administraciones, pero que se concretó ahora tras una larga negociación con los feriantes que tomó cerca de cuatro años.

De los techitos solo quedó el nombre, y del verde la bufanda que lleva Aicardo que hace las veces de tapabocas, y con la que intenta frenar el frío cortante. "Nos modernizamos: lo que era una feria común, como las de antes, hoy es una feria organizada, con 96 puestos", dice el vicepresidente de la directiva del Pase de Compras Techitos Verdes en diálogo con El Observador.

"Esto se empezó a tejer hace más de cuatro años, y no fue de un día para el otro ni la Intendencia se iluminó. Hubo que negociar", recuerda. Y al principio no fue fácil, rememora por su parte Carlos Varela, alcalde frenteamplista del Municipio B.

"Obviamente que lo primero que se generó fue miedo: decían que estábamos planeando sacarlos de ahí o incluso se pensaban que íbamos a mandarlos a un cuchitril", cuenta el alcalde

El temor de los feriantes era que se redujeran las fuentes de trabajo, porque iba a caer la cantidad de puestos de 192 a 96, como ocurrió. Pero solo se descartaron los que, por los años y algunos fallecimientos, quedaron vacíos.

"Estamos contentos", había dicho minutos antes Cristina, una de las vendedoras, cuando fue a buscar a Aicardo, el "representante" de la feria y uno de los voceros ante la prensa. El clima entre los feriantes, muchos de los cuales todavía ordenaban la mercadería en su día de estreno, era de alegría y distensión. 

Más tarde, Mabel Pereyra, comerciante en esta feria desde el primer día, pone en palabras su entusiamso. "Estamos contentísimos, y los locales están buenísimos. Ahora tenemos baños. ¡Tenemos baños!".

Hasta julio del año pasado, cuando los puestos fueron trasladados a la plaza de Los Bomberos para dar inicio a esta obra, los vendedores iban hasta las instalaciones de la Asociación Cristiana de Jóvenes o del Banco de Previsión Social para usar el baño. Y ahora no solo lo tienen, sino que además disponen de probadores para los clientes, aunque estos últimos quedarán disponibles cuando culmine la emergencia sanitaria.

El costo total de la obra fue de $ 28 millones, incluyendo no solo la remodelación de la plaza, con la instalación eléctrica y pluvial, sino también el costo logístico implicado en la mudanza de los puestos a la plaza de Los Bomberos mientras duraron las obras, y el traslado de la estatua de Manuel Oribe a la plaza que está en frente, en 18 de Julio y Branzen. 

"Para la significación que tiene esta transformación en términos de la escala urbana, yo diría que el precio es razonable", evaluó el alcalde Varela. "Se ganó un espacio público que estaba totalmente invadido por estructuras perimidas y en desuso, porque había más puestos que feriantes, además de malas condiciones de higiene, seguridad, circulación, y mala iluminación: los vecinos no pasaban por ahí", agregó.

Aunque todavía no hay fecha para la fiesta de inauguración, globos de varios colores –el verde incluido– colgaban de los puestos.

El origen

Cuando el expresidente Tabaré Vázquez asumió como intendente de Montevideo en 1990, las veredas de 18 de Julio eran casi intransitables por la cantidad de puestos callejeros, por lo que el entonces jefe comunal se trazó el objetivo de generar espacios públicos para que los comerciantes tuvieran un lugar establecido y se mejorara la movilidad de la principal avenida de Montevideo.

Así fue como se crearon las ferias de Paso Molino, 8 de Octubre, Paso de la Arena, Larravide y esta. Todas ocupan predios municipales, así que el acuerdo con la comuna es que cada vendedor aporte una cuota que se destina a un fondo dedicado al mantenimiento del espacio público.

"El monto varía según el tipo de puesto y lo que se venda, pero el acuerdo con los permisarios es que paguen un valor común, como los gastos comunes de un edificio, que ellos luego tienen que reinsertar en el mantenimiento y nosotros controlamos que se cumplan", explicó Varela.

En el caso de la feria de 18 de Julio y Fernández Crespo, los feriantes aportan un promedio de $ 4.000 cada uno, lo que multiplicado por la cantidad de puestos, da $ 384.000 mensuales.

Y todas se instalaron con puestos verdes en los primeros años, pero solo una adquirió el nombre y la marca característica. 

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