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Resiliencia tributaria

La globalización económica, el libre comercio y el multilateralismo han sido puestos en cuestión y soplan en cambio vientos de soberanismo proteccionisma y unilateralismo

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07 de mayo de 2018 a las 05:30

El mundo transita momentos de profundos cambios geopolíticos, en los que la globalización económica, el libre comercio y el multilateralismo han sido puestos en cuestión y soplan en cambio vientos de soberanismo proteccionisma y unilateralismo. Ello impacta también en los procesos de convergencia tributaria internacional, impulsados desde la Gran Crisis por el G20 valiéndose de la OCDE. Basta pensar que la propia OCDE se enfrenta a la inestabilidad que su principal contribuyente, EE.UU., le impone a su agenda. Lo anterior implica que se abre un nuevo espacio a la incertidumbre acerca de la arquitectura tributaria mundial del futuro, en particular en materia de competencia fiscal entre los países, y el camino seguido por EEUU con su renuencia al intercambio multilateral de información y su reciente reforma fiscal, es sintomático en tal sentido.

Dado que fueron estos los procesos que han guiado muchas de las reformas tributarias introducidas por Uruguay en los últimos años, cabe preguntarse si acaso el camino recorrido ha sido equivocado. Y la respuesta es no, a nuestro juicio, en términos generales, pues Uruguay procuró ser consistente con su trayectoria histórica de buen cumplidor internacional y evitar penalidades jurídicas y reputacionales del mundo desarrollado, y ese es camino inexorable para un país de su dimensión que pretende recibir inversiones directas y productivas.

Pero tampoco se puede seguir un rumbo sin tener suficiente sensibilidad y capacidad de adaptación a un mundo cambiante, jugando con sus reglas y manteniendo la mayor cantidad de ventajas competitivas legítimas. Mucho menos confundir el noble –y estratégico– propósito de ser un buen cumplidor internacional con agendas ideológicas de ningún tipo.

Definitivamente las amenazas e incertidumbre que pesan sobre el mundo no son buena noticia para nadie, pero no hay más opción que convivir con ellas y posicionarse flexiblemente como país para sacar el mayor partido.

Otra nueva rendición: nuevos desafíos para la normativa tributaria

Por: Hugo Aguirregaray

@HAguirregaray

Como todos los años sobre estas fechas en nuestro país comienza a hablarse de la Rendición de Cuentas (cuando no es Presupuesto), y lo que ya ha es habitual esperar dentro de la enorme cantidad de artículos: modificaciones fiscales. La historia parece repetirse no solo en la operativa, sino en la situación del país, lo que finalmente lleva a: aumento en la recaudación, un déficit que no logra corregirse -si bien se nos muestra controlado- y nuevas exigencias de gastos.

Este mecanismo que se repite en los últimos años nos aleja cada vez más de aquella reforma fiscal de 2007 que dentro de sus objetivos principales tenía simplificar el sistema. Hemos visto ajustes en todos los impuestos, ajustes que afectan desde la empresa hasta al trabajador, y todos ellos - salvo contadas excepciones - en un solo sentido: aumentar la recaudación.

En esta constante anual, buscando conseguir equilibrar el déficit hoy tenemos un sistema fiscal de los más gravosos de la región. Si analizamos los tres impuestos con mayor recaudación de la DGI (según Informe mensual de Recaudación del propio organismo), IVA, IRPF e IRAE sus tasas nominales lo confirman. Por ejemplo, el 22% de IVA es el más alto en la región, solo acompañado por Argentina con el 21% (Perú 18%, Ecuador 12%, Paraguay 10%). El IRPF acompaña en la tendencia. Con el reciente ajuste se fijaron escalas progresivas que alcanzan el 36% (Perú 30%, Ecuador 35%, Paraguay 10%). El último de ellos también con modificaciones continuas, presenta una tasa del 25% -incrementada en un 7% por la distribución real o ficta de dividendos– aunque en este caso las tasas de la región son muy similares.

Es claro que el gobierno es consciente de que la presión tributaria ya nos está llevando a límites de pérdida de competitividad y comenzamos a perder atractivo para nuevos inversores. Ante ello se toman nuevas medidas de incentivos fiscales temporales a nuevas inversiones. De todas formas en inversiones de largo plazo, el sistema no es tan eficiente lo cual lleva al inversor a ver otros destinos.

Esta es la otra gran disyuntiva a la que se enfrenta nuestro país: la competencia internacional por captar inversiones, y el cumplimiento con pautas internacionales que nos imponen organismos como la OCDE.

Sin ir más lejos, la última recomendación de la OCDE (integrada por las potencias mundiales) fue que en nuestro país aún había margen para subir el impuesto a las personas físicas (IRPF). La misma OCDE que en su lucha por "combatir las prácticas tributarias perniciosas, teniendo en cuenta la transparencia y la sustancia" obliga a nuestro país a revisar regímenes especiales como ser las Zonas Francas, operaciones de Trading como las amparadas bajo Resolución 51/97 y las exoneraciones a la industria del software entre las principales. Todos estos regímenes claro está generan un volumen de actividad significativo en nuestro país, y permiten posicionar a Uruguay como un país competitivo en estos sectores. Ejemplo de estas "revisiones" son las recientes modificaciones aplicadas en la Ley de Zonas Francas (ver edición anterior) y ajustes a los beneficios para el desarrollo de software.

Situación que resulta más confusa aún cuando uno mira cómo actúan las grandes potencias quienes de fondo fomentan estas recomendaciones. Al repasarlo, nos encontramos con proyectos de reducción en sus tasas de impuesto a la renta corporativo, fomento de creación de zonas francas, nuevas exoneraciones fiscales a determinadas industrias, eliminación del impuesto al patrimonio ¿Acaso no había que ir en el sentido contrario según sus recomendaciones?

Resumiendo, el país no solo define en estos ajustes fiscales sus cuentas internas, sino que define al régimen fiscal en su conjunto, lo cual afecta en la calidad de vida sus habitantes y perfila que tan atractivo es para nuevos emprendimientos y capitales extranjeros, con todo lo que ello genera al crecimiento económico.

Además, el país deberá definir su postura a seguir respecto su compromiso con la OCDE y sus recomendaciones. No siempre buscar ser "el mejor de la clase" puede resultar beneficioso, más cuando los tiempos de respuesta propios no están acoplados con el resto de los países comprometidos. En épocas de cambios fiscales a nivel mundial este desacople nos deja en clara desventaja y perdiendo la fuerte inversión extranjera registrada en los últimos años.

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