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Riesgo de marginación comercial

La oposición política de Estados Unidos le ha dado una lección de sensatez económica a los sectores del Frente Amplio y del sindicalismo que se oponen ciegamente a que Uruguay se incorpore a otros bloques

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01 de junio de 2015 a las 13:53

La oposición política de Estados Unidos le ha dado una lección de sensatez económica a los sectores del Frente Amplio y del sindicalismo que se oponen ciegamente a que Uruguay se incorpore a otros bloques, única garantía de que el país no quede cada vez más marginado del comercio mundial. El presidente Barack Obama solicitó al Congreso autorización para restablecer el fast track, que facilita la tramitación rápida de tratados de libre comercio. El sector más liberal de su Partido Demócrata, que en la estructura partidaria de esa potencia representa a la izquierda, bloqueó la iniciativa con el argumento de que esos acuerdos amenazan el empleo.

Pero los senadores del opositor Partido Republicano, que tiene mayoría en ambas cámaras, y el resto de los demócratas, por 65 votos contra 33, revirtieron la situación y habilitaron tratar la propuesta de Obama, cuya aprobación se anticipa en pocos días. El pedido presidencial estuvo centrado en la incorporación de Estados Unidos al Acuerdo de Asociación Transpacífico, tratado de liberación comercial que involucra a 12 países americanos, asiáticos y de Oceanía. Su aprobación por el Congreso conferirá por extensión al gobierno, tanto al actual como al que surgirá de la elección presidencial del año próximo, mayor libertad para negociar otros tratados de libre comercio.

La acción del Ejecutivo y del Senado de Estados Unidos se enmarca en la ineludible realidad de que el mundo se encamina a paso rápido hacia una globalización del intercambio, con eliminación de aranceles en los productos que convengan las partes. Después que la estancada Ronda Doha de la Organización Mundial de Comercio fracasó en esa tarea, el guante está siendo recogido por agrupaciones de países que negocian directamente entre ellos. La Alianza del Pacífico, con la que cuatro países latinoamericanos han liberado de aranceles el 90% de su intercambio, el Acuerdo Transpacífico y el TISA, sobre el área de servicios, son ejemplos de esa nueva tendencia del comercio mundial.

Los intentos del ministro de Economía, Danilo Astori, de incorporar a Uruguay a la Alianza del Pacífico –que integran Chile, México, Perú y Colombia– se desdibujaron por oposición de sectores que viven todavía en la ilusión de que Uruguay puede abrirse camino solo, pese a lastres arancelarios y a las trabas del Mercosur. Los mismos sectores se oponen al TISA, posición incorporada oficialmente a la plataforma del PIT-CNT sin otra base que el voluntarismo ideológico. Lo que no tienen en cuenta estos propulsores de esta postura es que en poco tiempo gran parte del comercio mundial estará exento de aranceles entre los países unidos en grandes acuerdos internacionales, en listas de rubros a ser libremente acordados por los miembros, según le convenga a cada uno.

Quienes no los integren, como puede ocurrirle a Uruguay, encontrarán cada vez más dificultades para colocar sus productos en el exterior porque estarán gravados por aranceles de importación, obstáculo aduanero que no tendrán las decenas de otros países que han cerrado acuerdos de liberación comercial. Ya ni siquiera se trata de revivir el tratado de libre comercio que nos ofreció Estados Unidos en 2006 y que rechazamos por presiones del Mercosur y de sectores retrógrados del Frente Amplio. Se trata de evitar perder y de poder ampliar el ingreso a mercados externos, opción que nos apremia en el ensombrecido panorama exportador actual para el agro, la industria y los servicios.

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