Una mancha más al tigre, otra herida de guerra del pac-man bohemio, que arranca aplausos por su entrega y despliegue en un equipo que siempre privilegió el buen juego.
Hasta ahí es una historia normal. Hijo de un matrimonio de laburantes que corre detrás del sueño de todo niño uruguayo: ser futbolista.
Pero hay una particularidad que rompe los ojos: "Viví cerca de Los Céspedes, siempre anduve por el barrio y todos mis amigos iban a probarse pero yo nunca fui, nunca me tiró el corazón para el lado de Nacional. Hice séptima y sexta en Rentistas y a mitad del año de Quinta hablé con Eduardo Millán y me vine a Wanderers". A partir de ahí comenzó una historia de amor con el bohemio, que pudo cristalizar cuando Salvador Capitano lo subió a Primera división en 2009.
"A los 16 años llegue a Wanderers gracias a Eduardo Millán y a Ángel Varela, que era el entrenador. A partir de esa edad me enrolé a este equipo tan hermoso que me dio la posibilidad de vivir cosas muy lindas y alguna de las otras también, pero siempre saco lo positivo", agrega Martínez.
Apenas llegó al club, un compañero le abrió las puertas de par en par. Crecieron juntos, debutaron en Primera y hoy son rivales en una zona del campo donde se choca más de lo que se juega: "Ni bien llegué a Wanderers, Guzmán Pereira fue el primero en abrirme los brazos, nos hicimos amigos y tenemos una relación muy buena. Actualmente no tenemos tanto contacto porque estamos en equipos distintos y cada uno anda en sus cosas pero me pone muy contento ver hasta donde llegó y todo lo que logró. Eso también me motiva a mí a seguir metiéndole para encontrarnos en algún otro equipo más adelante".
De Capitano aprendió cosas, pero recién pudo debutar en 2010, con Daniel Carreño al mando del primer equipo de Wanderers.
Luego fue dirigido por Alfredo Arias y por Gastón Machado, tres entrenadores que se aferran como pocos el ADN del club, con un paladar fino y que respetan la identidad de un equipo que siempre apuesta a ser protagonista: "Me tocó trabajar con tres entrenadores que intentan jugar en todas las canchas, a ser protagonistas y a jugar la pelota a ras del suelo. Con la llegada de Jorge Giordano intentamos no cambiar mucho, él dijo que lo que estaba bien no lo quería tocar, pero por ahí tomamos otros recaudos defensivos a la hora de la intensidad de la presión".
En el medio estuvo algunos meses en Argentina, donde viajó para reforzar a un equipo de Primera división: "Tuve la posibilidad de irme a jugar a Quilmes y tener la opción de conocer otro fútbol y otro país, por más que es cerca, te abre la cabeza y es muy positivo. Hay una diferencia grande entre el fútbol local y los otros mercados. Por dinámicas, entrenamientos y cuidado personal aprendí mucho de esa experiencia".
Como ocurre en todo plantel joven, los referentes no se hacen por trayectoria sino por experiencia y él asume ese rol: "Tal vez me toca ser referente por mi experiencia en el club. Con Adrián (Colombino) y Matías (Santos) nos toca hacer el equilibrio adentro y afuera de la cancha".
Padre de un niño de un año y dos meses, Martínez sabe que a sus 25 años tiene mucha carrera por delante pero su meta está a la vuelta de la esquina: "Tengo un sueño solo que es salir campeón uruguayo con Wanderers. Es mi meta a corto plazo y después todo lo que venga será positivo".