Espectáculos y Cultura > Dolor y gloria

Leonardo Sbaraglia y el intenso papel que le cumplió el sueño de actuar para Almodóvar

El actor está presente en Dolor y gloria junto a Antonio Banderas en la última –gran– película del director español, que está en cartel

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17 de junio de 2019 a las 05:03

Con el tiempo, el sueño desapareció. Y para él tenía sentido aquel olvido. Cada vez le salían más canas, cada vez se ponía más viejo, y la oportunidad se hacía más distante. Vivir ocho años en España no alcanzó; tampoco protagonizar algunas películas producidas por su productora y ni siquiera sirvió aquella prueba de casting para La mala educación, en la que no cuajó con las expectativas. Leonardo Sbaraglia –argentino, 48 años– lo dice, cebando un mate y mirando por la ventana a una rambla gris de viernes: “No había nada que me acercara a Pedro Almodóvar. Era imposible llegar”. Y de alguna forma el pendiente se estiraba, porque su carrera ganaba en riqueza, películas y premios, pero el papel no llegaba. Un día, a la salida de una función de la película Julieta (2016) que lo había dejado conmovido, le escribió a la productora del director. Le pidió que le mandara sus felicitaciones a Pedro, nada más. Pero los engranajes ya se habían empezado a mover. Poco tiempo después, abandonó un trabajo en una serie para Telefé antes de que se concretara. Y veinte días más tarde, sin un plan B y entristecido por la falta de actividad, llegó el llamado. “Me dijeron que había posibilidades. Y me mandé”.

Ahora, Sbaraglia repasa el camino como saboreando los momentos en los que parecía que aquello nunca se iba a concretar. Y lo hace con satisfacción porque sabe que hoy la realidad marca que su participación en Dolor y gloria es breve pero intensa, que su personaje propone un punto de inflexión en el de Antonio Banderas, el gran protagonista de la última y excelente ficción del director manchego, y que aún permanece en la memoria una vez fuera del cine. Que Sbaraglia haya buscado tanto tiempo un lugar en la filmografía de Almodóvar y que su recompensa haya sido este personaje en esta gran película no deja de ser, al menos, justo y merecido. Claro que la espera valió la pena.

¿Cómo fue ese primer encuentro con Almodóvar?

No sabía con quién me iba encontrar, porque no lo veía desde la época de Relatos Salvajes (Almodóvar fue productor de esa película). Fue muy cálido, pero lo primero que me dijo fue: “Uy, no tienes tanta barba como en la foto”. Y yo ahí pensé “la puta madre, me tendría que haber dejado la barba” (risas). Empezamos a leer, yo me sabía las escenas de memoria. Después me grabó con una cámara, me dio unas indicaciones y al final me dijo “bueno, yo ya no tengo ninguna duda”. Yo estaba muy feliz. En media hora lo resolvimos.

La película es especialmente importante para el propio Almodóvar. Sin ir más lejos, lo llevó a competir por quinta vez en Cannes, y tiene también algunos tintes autobiográficos.

Me tocó estar en una película maravillosa. Sí se enfoca en lo autobiográfico, pero es más un autorretrato en el que juega permanentemente con aspectos de su vida. Lo más lindo es el hecho de que la película haya salido bien, que haya logrado ser tan rompedora.

¿Cómo vivió Cannes?

Fue como un déjà vu, porque pasaron muchas cosas similares a cuando fuimos con Relatos Salvajes. No pude ver ninguna película, pero en la selección oficial tenía un nivel impresionante. Estaba Tarantino, Ken Loach, Pedro. Quedó pendiente para él la Palma. ¿Por qué no le han dado el premio todavía? Habría que preguntárselo a los jurados.

¿Cómo fue el involucramiento emocional con su personaje? En la película aparece menos de 20 minutos pero son, tal vez, los 20 minutos más intensos.

La verdad es que estaba tan conmovido por todo lo que representaba la película, que lo viví a flor de piel. Tenía la sensación de que podía llegar a todo lo que quería Pedro. Él me apuntaba muy específicamente qué cosas quería lograr, que caras quería que pusiera. Cuando vos tenés un director así y un texto tan bien planteado y escrito, todo sale fácil. Cuando tenés un guion como el de Dolor y gloria estás manejando un Ferrari. Eso también lo sentí en la serie En terapia, por ejemplo.

Su personaje es interesante porque es una especie de figura del pasado del protagonista que aporta luz a una película bastante oscura.

Mi personaje funciona como una bisagra. La película va por lugares oscuros, con humor pero en ese plan, y mi personaje llega como un halo de luz del pasado. Llega para transformar y darle sentido de nuevo a la vida del personaje de Antonio Banderas. Por eso para mí la película funciona en parte como homenaje al cine, a esa capacidad que tiene la ficción de transformar el dolor en poesía. De cerrar y curar heridas. Dolor y gloria tiene referencias a múltiples estadios del dolor, del amor, y hasta de la relación con una madre. Tuve la suerte de ver la película por primera vez con mi vieja en Madrid, y cuando aparecían las escenas con la madre yo pensaba “qué lindo poder compartirlo con ella”. Mientras, la escuchaba llorar al lado mío. Es una lástima que esos momentos no duren toda la vida.

¿Tiene alguna preferencia dentro de la obra de Almodóvar?

Me pasó algo muy loco con eso. Cuando me presentaron el texto de la prueba, lo primero que hice fue ver La ley del deseo (1987), porque me parecía que tenían mucho en común. Y efectivamente, Almodóvar me dijo después que Dolor y Gloria cierra un trilogía que se compone de La ley del deseo, La mala educación y esta. A mí La ley del deseo me gusta mucho, es una de sus pocas películas que tienen a los hombres como protagonistas. Átame (1989) y Volver (2006) también me encantan.

Es cierto que esta película es más “de hombres”, pero el dolor es universal. 

Sí, creo que la carga poética que tiene puede conmover a cualquiera. Creo que es una película para gente más adulta, porque habla de cierto recorrido de la vida, hace una especie de balance. Pero creo que cualquier persona en diferentes estadios emocionales la puede disfrutar a su manera. Cuando vi La ley del deseo la sentí de una manera, y treinta años después la volví a ver y la experimenté de otra forma. Al cine uno lo digiere en base a la subjetividad, y por eso dialoga con diferentes momentos de la vida.

Tenía pendiente a Almodóvar. Si pudiera elegir, ¿qué director seguiría?

Si fuera mejor actor y hablase mejor inglés, Paul Thomas Anderson. Es un genio. Y trabajó con uno de mis actores favoritos que es Daniel Day-Lewis.

Que se retiró el año pasado, teóricamente.

Si, eso parece.

¿Qué piensa sobre eso, sobre el retiro de los actores?

Hoy tengo la sensación de que voy a terminar como China (Zorrilla), arriba del escenario a los 90 años. O como Pepe Soriano.  La energía de la actuación me parece maravillosa, porque además te obliga a algo vital, que es poner el cuerpo siempre. No te queda otra. No quiero decir que el día de mañana no me den ganas de hacer algo más. Escribir, por ejemplo. Tengo la necesidad de hacerlo.

En otros asuntos, va a interpretar a Guillermo Cóppola en la serie de Maradona para Amazon, ¿cómo encaró es desafío?

Es difícil. Es un personaje difícil el de Guillote, porque la gente ya lo conoce. Apunto a que sea funcional para la historia. Me toca interpretarlo durante la época de Nápoles del ascenso de Diego y la fiesta, esa etapa de locura. Leo al personaje como un gran hedonista, que tiene una especie de ansiedad por el disfrute, por el vivir. Lo conozco poco, aunque me dejó las puertas abiertas de su casa para charlar con él. Me di cuenta de que es un tipo que no puede vivir sin disfrutar de la vida, sobre todo ahora. Y no hay que olvidar que es un tipo que ha estado preso. Más allá de eso, tiene una gran simpatía, es tremendamente seductor. En la serie decíamos que la tercera temporada tenía que estar centrada en él (risas). Es un personaje salido de una película italiana de los sesenta. Espero poder llegarle a los talones.

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