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Sergio Puglia: "A esta altura de mi vida no tengo por qué rendir cuentas de nada"

El comunicador y cocinero habla sobre sus distintos roles televisivos, sus polémicas recientes y lo que falta en la televisión uruguaya

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05 de septiembre de 2020 a las 05:02

“Acá está mi vida”, dice Sergio Puglia en cuanto entra a uno de los espacios de su casa. Se para en el medio y queda rodeado de premios, pinturas que lo retratan, impresiones de tapas de revistas, y de fotos. Muchas fotos. Algunas de su casamiento con Horacio Correa; otra en la que ambos sonríen a la cámara abrazados a Susana Giménez. Varias son de entrevistas en Puglia Invita: Julio María Sanguinetti, Dahd Sfeir, “Taco” Larreta. Puglia vestido de chef. En algunas tiene bigote, en otras no.

Esa vida ya lleva 70 años, de los cuales 50 ha estado dedicado a la cocina, y 40 al trabajo en los medios, que ahora se reparte entre el ciclo radial Al pan pan (Sarandí) y su trilogía en Canal 10, como jurado del flamante MasterChef celebrity, conductor de Puglia Invita, que está de aniversario, y como uno de los integrantes de la mesa de Polémica en el bar, un programa que en los últimos meses lo ha hecho ocupar titulares y convertirse en un blanco predilecto de las redes sociales al ponerlo en un rol diferente al conocido en la pantalla. Un perfil más confrontativo y osado, en el que se siente cómodo. “Vas cumpliendo años y vas perdiendo miedos”, afirma Puglia.

No siente la necesidad de guardarse opiniones, como tampoco le preocupa demasiado que lo critiquen, aunque reconoce que en algún momento se enojó con las reacciones de las redes, y que aunque no se arrepiente de sus dichos, sí lo hace con el tono empleado.

De todas maneras, aclara que ante todo, Polémica en el bar “es un show”, y allí muestra una faceta acorde, que complementa con su costado más afable en Puglia Invita, y con la veta de docente exigente en MasterChef. Tres versiones que conforman la identidad televisiva de Puglia, que ya no se calla nada.

Esta semana empezó MasterChef Celebrity, ¿qué impacto ha tenido el programa en la televisión uruguaya y en la forma en la que los uruguayos perciben la cocina?

Cuando nosotros vivimos la experiencia de la primera temporada de MasterChef, yo quedé un poco asombrado de lo que significó, la repercusión y la filiación, la empatía que generó con la gente. Indudablemente el formato es mágico, pero lo que es un éxito en el mundo entero en Uruguay puede ser un fracaso, porque nosotros no estamos dentro de las reglas generales de la ley. Sin embargo, Uruguay respondió bien, no solo Montevideo sino el país todo a enamorarse del formato. Y tuvo dos claras incidencias. Por un lado demostró que en Uruguay si vos hacés una apuesta en serio, y una producción de nivel internacional, dentro de los cánones de exigencia de lo que se consume a través del cable o de las aplicaciones, la gente afilia. Porque considera que estás haciendo un gran esfuerzo para dar y entretener. Y por otro lado, en mi caso como cocinero, y habiendo luchado durante tantos años para demostrarle a la gente que la gastronomía no es solo llenarse la panza, sino que es un hecho cultural, veo que a través de este formato, la gastronomía se ve como el vértice, la pasión, la empatía, la discusión, la posibilidad de descubrir maridajes, formas de creación, productos que eran desconocidos para un montón de gente, eso me parece fundamental. Así que creo que MasterChef es la frutilla de la torta, es un punto de inflexión y de felicidad en mi carrera.

¿Cómo le impactó a usted, entonces?

A mí me cambió enormemente. Primero porque me dio la oportunidad de mostrar una faceta mía que nadie conocía, la de docente. Y por otro lado se dio, cuando empezó el programa, que era un momento de inflexión en mi vida, y me permitió darme algunos lujos, demostrar que no solo era un señor exigente y gruñón, sino que también me podía emocionar por las cosas más simples, y que además de eso tenía otros intereses en el conocimiento y la relación con la gente. Y me parece que en ese sentido fue fantástico. En el sentido profesional, si bien ya era una persona conocida y popular, creo que estaba en un nicho de comunicador, de clase media, media alta. Un nicho donde no se veía en mí a un personaje popular. Y MasterChef me dio una visibilidad masiva, porque es un programa que todo el mundo mira, y sigue siendo el catalizador de que la gente se siente a mirar en familia la televisión abierta, que tenía el certificado de defunción cuando aparecieron Netflix y esas cuestiones. En mi vida fue un objeto catalizador importante MasterChef.

Este año le tocó al jurado encargarse también de la conducción.

Es un nuevo formato, como en Estados Unidos, España, Chile, tienen este nuevo formato sin conductor. Nos tuvimos que hacer cargo pero lo pasamos muy bien igual. Se lo extraña a Diego (González), porque tengo una relación afectiva, una amistad. Lo conocí haciendo Malas compañías, después hicimos seis años En su salsa, y después MasterChef. Tenemos una buena relación y se lo extraña, pero las circunstancias son estas y hay que bancarlas.

Este 5 de setiembre Puglia Invita cumple 30 años al aire. ¿Cómo recuerda el inicio? 

Me estoy poniendo viejo. Sí, me parece mentira, no doy crédito que vayan 30 años consecutivos, porque no tuvo nunca un año sabático, ningún avatar. Me fui de Canal 5, enseguida empecé Con mucho gusto en Canal 10, y al mes siguiente siguió Puglia invita. Es un rara avis. Porque yo creo que llegar, uno a veces puede tener suerte cuando golpeás y golpeás primero, pero Puglia invita tenía un montón de cosas a favor y un montón en contra. Cuando lo presentamos, y hablo en plural porque en ese momento la producción la llevábamos mi hermana y yo, enseguida el consejo del Sodre nos dijo que no era una fórmula interesante, que era una copia de Mirtha Legrand, que salía por Canal 12 y todos los días, además, entonces nos dejaron ahí durmiendo. Y un día de julio o agosto nos llaman para decir que lo habían aprobado. Y nos tuvimos que poner a producir de golpe, y si bien la idea estaba en la cabeza, como nos habían dicho que no, y quedó guardada un año, tuve que correr. Y empezó, viendo que pasaba. Pero fue tal el éxito que acá estamos, habiéndose transformado, como dijo el doctor Jorge Batlle cuando era presidente, en "un espacio de libertad", y eso me parece fantástico, porque sin darnos cuenta, o queriendo inconscientemente, siendo fiel a nuestra personalidad pluralista, y multiplicadora, y defendiendo el sistema en el que queremos vivir, yo siempre dije que vengan todos los que puedan venir, para compartir su personalidad, su manera de sentir y vivir la vida a través de estos almuerzos. Estoy muy feliz.

En esos 30 años, ¿cuál fue la entrevista más difícil? 

La primera entrevista en la que me temblaban las piernas, y estaba muy nervioso fue con el doctor Julio María Sanguinetti, que en ese momento era presidente de la República. Te soy sincero, aunque pasaron 30 años, cuando tengo que hacer una entrevista cada sábado tengo mariposas en el estómago, me pongo muy nervioso y me genera adrenalina y nerviosismo al mismo tiempo. Después me voy distendiendo, viendo cómo va reaccionando el invitado. Pero algunas me pusieron muy nervioso, como cuando entrevisté al presidente de la Generalitat de Cataluña, que en realidad entrevisté a dos, al de derecha, Pujol, y después al de izquierda, Margall, o cuando entrevisté al expresidente español Felipe González, o al brasileño Fernando Henrique Cardoso, cuando me senté por primera vez con (el expresidente José) Mujica el estómago me daba vuelta, pensando "estoy sentado frente a una persona que para un sector de la población es un asesino y para otros es un referente. ¿Cómo lo trato? ¿Lo trato bien? ¿Lo trato seco? ¿Soy amable? Porque después me critican a mi". Y al final termino haciendo lo que siento, y respetando las cosas tal cual se dan, y es una experiencia fantástica. 

Con su participación en Polémica en el bar se ha colocado en un papel diferente, más confrontativo, ¿cómo se siente en ese rol?

Me encuentro bien. Cumplí 70 años, y aunque pueda sonar como frase hecha, o una pose, cuando vas cumpliendo años vas perdiendo miedos. Y cuando uno cumple años, tiene una carrera que lo respalda y resiste archivo, y tenés hechos que demuestran quien sos, uno va adquiriendo o tomando posiciones que eran polémicas, y como yo no me considero periodista sino comunicador, puedo darme ciertos lujos. A esta altura de mi vida no tengo por qué rendir cuentas de nada. Me invitaron al primer programa de Polémica y fui a un programa al que conozco. El programa se llama Polémica en el bar, no voy a jugar a las monjas carmelitas descalzas, voy a un programa de polémica. Y en ese programa se dan un montón de conversaciones. Cuando era chico iba con mi padre al bar, él iba todos los santos días a jugar a las cartas y a tomarse su medio y medio de vermouth y amaro. Jugaban al truco, hablaban de fútbol (mi padre era periodista deportivo), de política, golpeaban la mesa, gritaban. Me invitan a la mesa y sale un tema polémico, la contratación de artistas para cantar en actos de la campaña electoral, y dije que había que transparentar los dineros con los que han vivido los artistas durante los últimos 15 años de gobierno. Yo no dí ningún nombre ni nada de eso, ¡pero se armó un lío!. No entiendo por qué. Porque de la misma forma que un montón de gente se manifestó políticamente toda la vida, y nadie los crucificó, yo me manifiesto políticamente, a través de la firma de una carta y luego públicamente, y ahora diga lo que diga me matan. Hay gente que se dedica a eso. Son trolls pagos, hay gente que está haciendo campaña. A veces me duele, me caliento, digo un montón de cosas y después digo, ¿para qué? Es como me dijo Mario Delgado Aparaín un día, a esa gente que se esconde en el anonimato, sin fotos, con pocos seguidores, no hay que darle entidad. Por suerte tengo más gente que me quiere de la que me odia, y como uno no es moneda de oro para que todos lo quieran, adelante con los faroles. 

¿Perdió el miedo a opinar de política también, entonces?

Si, totalmente, porque no tengo por qué callarme. Y la prueba más evidente es que toda la vida dije a quién voté. No es que pegué un salto. Hay gente que quiere ver que hice un quiebre en el medio de mi vida porque me gusta estar del lado del poder, y ahora estoy con los blancos y antes estaba con el Frente. Yo milité siendo muy joven en el Partido Nacional, vengo de una familia blanca, milité en la juventud de Por la patria, sigo siendo blanco, voté toda mi vida al partido. Nunca lo dije. Y la gente confunde, porque en este país, lamentablemente, partidizamos todo. Entonces, cómo yo, si fui blanco, voy a apoyar, entre comillas, y sentarme con Mujica, con Tabaré, con Astori. ¿Por qué no? Yo no tengo por qué. Si al gobierno le va bien, a mi me va bien. Si al país le va bien, a mí me va bien. No quiere decir que los votara. Soy un comunicador y tengo un espacio que se lo brindo a absolutamente todos. Nunca me imaginé que fuera tan importante, te soy sincero. Pensé que era un cero a la izquierda, que no era nada del otro mundo, y esa historia de que al que se pronuncia políticamente hay que matarlo, porque no apoyaste, y te casaste por (las leyes que aprobó) el Frente Amplio. Yo reconozco todo lo que han hecho bueno, y malo. Como cualquier persona en el poder, hacen cosas buenas, y malas. Se toman decisiones justas, e injustas. Ahora se destaparon las actas y me parece un horror, es un disparate que no se puede aceptar, son delitos de lesa humanidad y los culpables tienen que pagar. Tiene que ser justo para todos lados. Yo eso lo dije y lo mantuve toda mi vida. La gente confundió que estar en una relación de bonhomía, de respeto por la diferencia del otro, era apoyarlo. ¿Qué es la democracia? El encuentro, la búsqueda del centro, es un sistema perfectible, yo defiendo el sistema en el que elegimos vivir. Entonces, que acepten lo que yo pienso, así como yo acepto lo que ellos piensan. A mí no me interesa cambiar a nadie. Entonces ¿por qué yo tengo que ir al son del tambor de los demás?. Pero bueno, uno tiene que aprender a convivir con esas cosas, y yo estoy aprendiendo. Pensé que eramos un pueblo mucho más civilizado en ese aspecto. Que no estábamos tan divididos, tan partidizados. Somos muy politizados, gracias a Dios, y con eso sabemos por donde queremos ir y podemos defender nuestras ideas, pero creí que éramos más respetuosos de las diferencias del otro. A pesar de que en mi vida personal siempre me di cuenta de que respetuosos con mi elección sexual no fueron nunca, vamos a empezar por ahí. Pero hice caso omiso a un montón y seguí caminando derechito sin importarme lo que dijeran, hasta que un día me cansé y lo dije, pero me llevó 60 años poder decir las cosas como las siento. Pero bueno, cada uno tiene sus tiempos. 

¿Sigue sintiendo discriminación?

Hemos evolucionado positivamente en los últimos años. Pero el problema también es que hemos politizado el tema. Entonces es una lástima. Pero creo que hay un sector, joven, que es mucho más abierto y acepta las elecciones de los otros. Después hay un sector intermedio muy reaccionario, con actitudes muy fascistas, ese grupo de los 40 a los 60. Y después están los de mi edad, que ya están del otro lado y aceptan un montón de cosas y tienen una apertura que te deja asombrado. Cuando yo decidí casarme, uno de los miedos que tenía era como iba a reaccionar la gente. Y mi público, más mayor, pensaba que como me habían crucificado hacía tantos años, me habían señalado con el dedo cuando eran ese sector intermedio, me dejaba preguntándome qué iba a pasar. El día después que lo anuncié en Consentidas, y salí a la calle con Horacio (su esposo), el cuidacoches me levantó el pulgar y me dijo "adelante, Puglia, que sea muy feliz", y después en el supermercado dos señoras grandes, de la edad de mis abuelas, se acercaron a felicitarme. Y ahí dije, fantástico. Pero de ahí en más me tuve que encontrar con esa generación intermedia que le rascas un poquitito y enseguida te gritan el "puto de mierda". Igual estamos mejor. Creo que las leyes y el marco legal, avanzan en el papel, pero si eso no lo trasladás y lo bajás a la gente, por fuera de los que trabajaron para lograr esas leyes, y despolitizás el tema, lo ves como algo natural, porque la sociedad tiene que ser un lugar donde todos son iguales y no son discriminados. No puede ser que esté cuestionado por tener una elección sexual diferente a la que para "el mundo" o vaya a saber quien, es "la correcta". 

¿Polémica en el bar ayuda en el debate público?

Creo que Polémica, antes que nada, es un show. Y Polémica en su versión uruguaya tiene un renglón que es muy importante, que es la presencia de Patricia Madrid y su criterio periodístico, una mujer que maneja muchísima información, que corre riesgos, y que acá es protagonista, cuando en el formato original la mujer es un adorno. Así que creo que Polémica aporta una visión independiente, femenina, inteligente a través de su presencia, que me parece una mujer excepcional, desde todo punto de vista. Después el programa tiene los diferentes personajes del boliche, el que habla de fútbol, otro que habla de economía, los invitados, y alguien como yo, que un día salta y dice un montón de cosas, y otro día marca una postura diferente a la que puede tener (Alberto) Sonsol, Gaspar (Valverde) o quien sea. Una visión de alguien que por más que es un comunicador conocido, es diferente a la media uruguaya, primero porque soy una persona gay, segundo porque soy una persona, entre comillas, culta, porque no soy una persona popular. Y el Piñe (Jorge Piñeyrúa) que está por fuera de las discusiones, pero lleva las conversaciones. Creo que aporta y creo que tenemos, la sociedad uruguaya, trabajar en entender que es un show de televisión. Porque parecería que "la caja" es el templo de la verdad. ¡Y no! Es el templo de la diversidad, es la imagen de lo que sucede en una sociedad, de lo bueno, lo malo y lo regular. Gente que grita, gente que insulta, gente culta, gente que se ríe. Es todo. La gente entonces no puede pensar que lo que diga cualquiera en televisión es verdad, no, es una opinión, que forma parte de la verdad universal, la de todos. Porque cada uno tiene una según su vida. No hay verdad única como no hay pensamientos únicos. 

¿Se arrepiente de algo que haya dicho?

No me arrepiento de lo que digo. Capaz sí del tono que usé. El que grita, pierde. Y para un montón de gente que no tiene los grados de sensibilidad, te transformás en un agresivo, en un violento. Hoy, que estamos en una sociedad con una sensibilidad que va y que viene, que se acomoda de acuerdo a un montón de cosas, enseguida te pueden señalar. Yo las cosas que dije las siento, punto. No voy para atrás. Pero capaz tendría que haber usado un tono más amable, más de cínico. Y capaz ahí se quedaban pensando. Pero son reacciones tan auténticas y naturales. En los últimos programas estoy en un tono más "Puglia invita" y la gente dice que no grito. Qué raro, cuando grito, porque grito, cuando no porque no. Depende de muchas cosas. Pero uno tiene que saber que si se expone en los medios, no te puede asombrar nada de lo que te suceda. Y no me asombra. 

Sus dichos sobre los artistas y los fondos públicos provocaron que desde el sello Montevideo Music Group prohibieran a sus artistas ir a sus programas. ¿Cómo vivió esa situación?

Resolvió el manager y los artistas lo aceptaron y apoyaron. Él tiene todo el derecho del mundo. Lo que me parece que no es correcto es la poca tolerancia. Todos esos artistas fueron a mis programas, les di pantalla durante 30 años, y los favorecí en la boletería durante 30 años, entonces no tienen derecho a cuestionar mi forma de pensar, y a poner en mí actitudes que nunca tuve. Porque si en 30 años de programa nunca nadie se levantó de la mesa ni se ofendió, no le hice un boicot a nadie, ahora lo hacen porque están ofendidos, cuando yo no nombré a nadie. Dije que hubo artistas que vivieron durante años de los dineros públicos. ¿Por qué se levantan y dicen que los ofendió?. Entonces quiere decir que me están dando la razón. ¿Fueron ellos los que vivieron de los dineros públicos? Yo no los nombré. Tampoco cuestioné su posición. Ellos tienen derecho y yo tengo derecho a expresar como siento. Es una lástima que esos artistas, que tienen pocas oportunidades de participar en los medios de comunicación, hayan cerrado una puerta. Que se atengan a las consecuencias. 

¿Lo vivió como una situación de censura?

Si. Pero tienen su derecho. Al principio me dolió, pero si se cierran las puertas de la vidriera, tanto en radio como en televisión, que se atengan a las consecuencias. El día que me necesiten quisiera saber que van a hacer. El día que necesiten llenar una sala, ya saben que sus artistas no van a tener la frase "los conmino a que llenen la sala". Es una lástima. Pero cada uno asume las consecuencias de sus acciones. 

¿Qué falta hoy en la televisión uruguaya?

Falta el humor. Los shows, en el sentido musical. Nosotros somos protagonistas de un hecho cultural muy importante, como el tango. Y la música en general, que construye identidad. Y no puede ser que no haya un show musical en televisión donde la gente pueda ver a los artistas de tango. Además del compromiso de la divulgación del tango como patrimonio. También entiendo las reglas del juego, que los canales buscan la rentabilidad de todos los proyectos. Igual creo que habría que correr ese riesgo, hace años tengo ganas de hacer un show de televisión, capaz que ni siquiera lo conduzco yo. Algún día capaz me doy el gusto. Sé que puede ser un programa de élite, pero me parece interesante que en la paleta de colores de la televisión esté. El humor, desde Decalegrón y Telecataplum o Plop no hay programas de humor. Yo entiendo que el canal 10, apostó a la ficción, invirtió millones de dólares, trayendo artistas argentinos, poniendo a otros uruguayos, y el público le dio la espalda. Cuando te quemás con leche, ves la vaca y llorás, entonces tampoco podés exigir. Y lo mismo les pasó a los otros canales. Las pocas apuestas tampoco tuvieron suerte, así que es rarísimo. Y después hay un sector intermedio, que nosotros no hemos sabido explotar, que es el lado de la comunicación afable, hablar de temas pero no con bustos parlantes, sino más como un encuentro. Que se hable de temas importantes, como la sexualidad, los problemas económicos, sociales, la violencia de género, que todo se hace de forma acartonada, seria. Es el informativo el que te va a hablar de la violencia doméstica. Pero, ¿por qué no te sentás con dos mujeres o tres, a hablar del tema, con una psicóloga, una asistente social, alguien de la comisaría de la mujer, y jugar? Puglia invita fue el primer programa que sentó a una mujer golpeada, sentamos una prostituta cuando las trabajadoras sexuales se agremiaron, todos esos temas, ese abanico de temas, no se hace en los ámbitos que yo creo que faltan, como el prime time. O hacés un show o un informativo, que somos el único país donde duran tres horas, y no media hora como en cualquier otro lugar del mundo. Pero es una cosa de ida y vuelta, si el público dice que no, es complicado. La gente sigue creyendo que la televisión es un lugar donde la plata fluye como el agua. Entonces todo parecería tener la obligación de darles las cosas, y no miden lo que hay que invertir para hacer un programa de televisión. Y lo otro que tenemos que hacer en la televisión es despolitizar las cosas, no puede ser esto que pasa ahora que te dicen "tenes que ver este programa" por una actitud militante. Yo veo el programa si quiero verlo y si el tema me interesa, me importan tres pepinos a quien votan los que están enfrente. Pero esas cosas siguen pasando, somos un país militante. 

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