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11 de abril de 2011 19:05 hs

En la Gran Depresión de la década de 1930, el Gobierno de Estados Unidos tuvo un montón de problemas para mantener sus promesas de estímulo económico. Se habló de inversiones gubernamentales con carácter de estímulo y se lo probó, pero no de manera coherente. La Depresión se podría haber prevenido en su mayor parte, pero no ocurrió. En última instancia, la razón para este defecto político fue una inadecuada comprensión de la teoría económica pertinente.

Ante una psicología similar de la era de la Depresión, necesitamos un estímulo gigantesco nuevamente. Parecemos estar en una situación mucho mejor, debido a los mayores esfuerzos hasta la fecha. Aun así, existe el peligro de que debido a una combinación de teoría económica deficiente y una comprensión inadecuada de la psicología humana, como también al profundo enojo público, no continuemos con tal estímulo en un nivel suficientemente alto.

Necesitamos desesperadamente ser persistentes, manteniendo adecuada nuestra respuesta gubernamental para el problema que encaramos en una escala suficiente y por el tiempo suficiente.

George Akerlof y yo explicamos la teoría económica que necesita cambiarse en “Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy, and Why It Matters for Global Capitalism” (“Espíritus animales: Cómo la psicología humana impulsa la economía, y por qué importa para el capitalismo global”, publicado en 2009). Muestra que los interrogantes más básicos solo pueden contestarse si tomamos en cuenta cómo la psicología afecta factores fundamentales como nuestro sentido de justicia o corrupción en nuestras transacciones económicas, lo cual ayuda a determinar cuán confiados o recelosos estamos en determinado momento.

Siguiendo a John Maynard Keynes, llamamos tales motivaciones espíritus animales.

La confianza es clave

Nuestra teoría de espíritus animales se centra en la confianza y el ciclo vicioso descendente de la pérdida de confianza. Este ciclo se alimenta de la proliferación de historias de fracaso que se propagan como un virus de boca a boca por meses y años. Más aun, nuestra teoría destaca que puede perjudicarse la impresión de que nuestra sociedad es básicamente justa, y si ello ocurre no se recuperará por muchos años.

En nuestro análisis de la actual crisis económica, concluimos que el Gobierno debería tener dos metas. Una sería una meta de política fiscal-monetaria conjunta. La misma clase de política expansiva encarnada en los gastos de estímulo y recortes de impuestos que ya se están probando tiene que hacerse en una escala suficientemente grande y por un tiempo prolongado en el futuro.

Midiendo el éxito

Siguiendo este objetivo, la demanda agregada debería ser suficientemente alta como para que las firmas que producen artículos buenos a un precio que el público quiera pagar puedan venderlos. Y si se cumple esta meta, la mano de obra calificada dispuesta a trabajar a un salario que hace rentable vender tales productos podrá conseguir trabajo.

El Gobierno también debería tener una meta de crédito. Una vez más, estamos exhortando a la misma clase de política, pero debería haber una medida explícita de su éxito y hasta que eso se alcance, la escala y el plazo de tal política se tiene que extender.

La Reserva Federal tiene que ser el prestamista de último recurso y suministrar crédito en circunstancias como la de hoy. Las empresas y los consumidores, quienes en tiempos normales serían calificados como buenos en cuanto a riesgo crediticio, con necesidades legítimas, deberían encontrar crédito disponible en condiciones razonables. Lograr esto requiere de nuevos enfoques, como los anunciados por la Fed de Bernanke y el Gobierno de Obama, pero en una escala continua y aun mayor.

El enojo crea peligros

Pero hemos vivido por años en un sistema que toleró que obraran las grandes desigualdades del actual sistema financiero, sin protesta. ¿Dónde estaba la indignación entonces? ¿Por qué no debería estar enfocada a un grupo mucho mayor? Tuvimos dos grandes deducciones impositivas en el nivel federal que dieron ventajas tributarias desproporcionadas para las personas que están en la cima. Incluso dio una cláusula especial para tasas impositivas extremadamente bajas, mucho menos de lo que usted o yo pagamos sobre nuestra remuneración regular, a gestores de fondos de cobertura.

En esta crisis, la aceptación de estas medidas está siendo reemplazada con la ira. Está aumentando la presión arterial del público y eso no puede continuar sin un daño a nuestro sistema. Las prácticas de remuneración en Estados Unidos necesitan ser más justas. Vastas ganancias no deberían quedar prácticamente desgravadas, mientras la clase media está pagando una proporción enorme de cada dólar adicional de impuestos. Solo entonces el Gobierno tendrá el mandato de restaurar nuestras instituciones bancarias y bursátiles para restablecer un apropiado papel fuerte en nuestra economía.

Cerrar asentamientos precarios

Ahora es tiempo de estimular la demanda. También es tiempo de reparar el sistema de crédito. Esas son las dos metas que deben cumplirse para sacarnos de nuestra actual contracción económica, y para restaurar la confianza. Será costoso cumplir con ambos objetivos, y ello requerirá de nuevas leyes para dar poderes reglamentarios realzados para lidiar con un sistema financiero enormemente cambiado, ahora en un bajón sistémico.

Es tiempo de enfrentar lo que se necesita hacer. La conmoción por el precio será grande, pero los costos en términos de producción perdida, si no se cumple la meta de crédito o de la demanda agregada, serán mayores.

Sería una pena si estuviéramos tan abrumados por la ira por la injusticia de todo esto que no tomemos las medidas positivas para restaurar el empleo pleno. Eso no solo sería injusto para el contribuyente estadounidense. Ello sería injusto para quienes viven en asentamientos precarios en Sacramento y Fresno, California, y otras partes; sería injusto para quienes están siendo desalojados de sus casas, y no pueden encontrar nuevas porque no pueden conseguir empleos. Ello sería injusto para quienes tienen que abandonar la educación porque ellos, o sus padres, no pueden encontrar trabajo.

Ahora es tiempo de mantenernos concentrados en el objetivo y establecer metas claras para reparar un sistema que se rompió cuando nuestros espíritus animales se salieron de sus límites.

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