12 de febrero de 2013 8:52 hs

Este lunes hizo dos años que el hombre fuerte del régimen de Hosni Mubarak, Omar Suleiman, pronunció la frase que hizo estallar de júbilo a Egipto. Dos años después, el contraste con el ambiente que se respiraba en este mismo país no puede ser más agudo.

La plaza Tahrir de El Cairo, el lugar que entonces concentró los anhelos de millones de egipcios que deseaban libertad y dignidad, reunió a miles de personas en una nueva protesta, en esta ocasión contra el presidente del país, Mohamed Morsi, y los Hermanos Musulmanes.

En una atmósfera derrotista y reivindicativa, los egipcios que se acercaron en varias marchas a este lugar y al Palacio Presidencial (muchos menos que en reciente convocatorias) aseguraron defender la llama de la revolución frente al poderoso grupo islamista, al que acusan de pretender aferrarse al poder.

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La desesperanza, azuzada por la galopante crisis económica que sufre el país, se reflejaba en la mayoría de rostros y en los discursos de los manifestantes.

"Pensamos que los Hermanos Musulmanes impondrían justicia, pero no lo hicieron. Al rico lo han hecho más rico y al pobre lo han pisado. ¿Es esta la justicia social? Si Hosni (Mubarak) nos sumió en la desgracia (durante) 30 años, un año de gobierno de Morsi equivaldrá a 50 años de desgracia", dijo a Efe el joven Gamal Gafar.

Pese a que Morsi aún goza de un amplio respaldo, sobre todo entre las capas más populares y en el Egipto rural, la erosión sufrida desde que fue elegido como el primer presidente en democracia del país, el pasado mes de junio, es evidente.

El Centro Al Baseera para la investigación de la opinión pública difundió este lunes una encuesta en la que el 44% de los consultados aseguraban que no reelegirían al presidente.

Pese a todo, la misma encuesta muestra que más de la mitad de los sondeados (53%) aprueba todavía la gestión del presidente, 10 puntos menos que hace un mes.

Como se ha convertido en costumbre desde hace unas semanas, la violencia no faltó a las protestas, con los grupos más radicales enfrentados a la policía en los alrededores del Palacio Presidencial de Itihadiya.

Según fuentes policiales, decenas de personas resultaron heridas por la intervención de los antidisturbios, que se precipitó al comenzar a llegar de modo masivo cientos de manifestantes hasta las inmediaciones de la sede presidencial.

Vehículos policiales dispararon cañones de agua y gases lacrimógenos contra los jóvenes, que se retiraron a la carrera por las calles aledañas, presumiblemente a la espera de retomar los choques.

De acuerdo al Ministerio del Interior, las marchas eran en un principio pacíficas, aunque una minoría comenzó a retirar las alambradas instaladas en las entradas del palacio y a lanzar piedras hacia el edificio.

Pero los egipcios han comenzado a acostumbrarse a las largas noches de caos y destrucción.

Desde que el pasado 25 de enero -con motivo del aniversario del inicio de la revolución- se registraron las primeras escaramuzas, han muerto más de 60 personas y raro es el día en el que una manifestación no acaba en disturbios.

Más decepción: "Esperábamos que con Morsi hubiera un nuevo amanecer, pero, desgraciadamente, eso no ha sucedido y ahora estamos a la espera, que llegará gracias a Dios", dice Kamel Said, otro joven de Tahrir.

Pese a los ánimos sombríos, cada día se producen noticias que recuerdan que Egipto no es el mismo que bajo Mubarak.

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