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28 de abril de 2012 16:07 hs

“Sufrir” parece ser un verbo a la medida de los hinchas de Peñarol de los últimos tiempos. Es lo que sucede desde hace varios años a esta parte, no necesariamente con este plantel, que sigue en el debe.

El hincha, el jugador, el dirigente de Peñarol sufre cuando pierde, cuando le empatan en la hora –como sucedió la fecha pasada ante Fénix– e incluso cuando gana, como el sábado ante Cerro.

Si a cualquiera que no vio el partido le explican que los aurinegros tuvieron 14 situaciones de gol contra solo tres del rival, y que recién pudieron ganar el encuentro a falta de 5 minutos para el final, seguramente no lo puedan creer.

Pero la realidad muestra eso. Que el equipo ganó, que se mantiene vivo, con enormes expectativas a futuro, pero que la conjugación del verbo sufrir no falla nunca.

Son varios los motivos por los que el equipo deja esa sensación de seguir sin encontrarse en la cancha. El esfuerzo del Polilla Da Silva por tratar de cambiar este momento futbolístico que sigue siendo malo, todavía no es suficiente. Habrá que continuar trabajando, afiatando un sistema que no termina de cuajar.

Uno de los importantes puntos débiles del equipo radica en la defensa. Cada vez que una pelota cruza el área, hay una sensación de peligro, de inseguridad, que no es normal en los grandes.

La zona media perdió mucho de un tiempo a esta parte. Cristóforo no es el mismo de anteriores encuentros; Aguiar tiene graves intermitencias y vive peleándose con compañeros, rivales, jueces y quien se le cruce por el camino. Así se desentiende del partido. Y Da Silva lo sabe. Tanto lo sabe que lo habló con el jugador.

Como contrapartida, de mitad de cancha hacia arriba, el equipo recuperó a Marcelo Zalayeta, quien aunque no convierta, ayuda a que se hagan goles. El sábado participó de los tres.

En la primera parte, al delantero le anularon mal un gol por un supuesto offside que no existió. Fernando Cabrera, el árbitro, no pitó un claro penal de Danilo Asconeguy, quien tomó la pelota con una mano, y en el complemento, sí cobró uno que no fue. Un invento del juez por una supuesta falta de Óscar Javier Morales a Aguiar terminó en el 1-0 fundamental para llevar tranquilidad a Da Silva y los suyos.

Pero ni así se puede quedar tranquilo Peñarol. Ni con los 10 pulmones que mostró el sábado Marcel Novick como para querer ganarse el puesto en la mitad de la cancha.

Los errores defensivos le siguen pasando factura y, una vez más de pelota quieta, le anotaron para el 1-1 cuando Cerro había mejorado.

Pero esa igualdad transitoria sacó del partido a los jugadores cerrenses. Mucho más que el penal mal cobrado que hace enojar a cualquiera. Es que Cerro se desdibujó, quiso ir en busca del segundo enseguida, cuando en realidad no estaban dadas las mejores condiciones y dejaba claros huecos atrás.

Entonces apareció la experiencia de Zalayeta y un gol increíble de Marcelo Silva de taco a los 85 minutos, segundos antes de que la parcialidad mirasol comenzara a silbar a Da Silva, los jugadores, los dirigentes y el mundo entero.

El tercero de Maxi Pérez fue una anécdota tras notable habilitación de Zalayeta para la corrida de Estoyanoff y el pase mortífero al medio.

Por situaciones de gol, Peñarol mereció ganarlo antes. Estrictamente por juego, no. Hay que mejorar más, pero, entretanto, respira y se mantiene vivo.

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