El Observador | Daniel Supervielle

Por  Daniel Supervielle

Periodista, analista, director de comunicación estratégica y política de CERES
17 de febrero 2024 - 5:00hs

El Partido Colorado fue el partido del gobierno en Uruguay hasta el 2004, cuando el Frente Amplio (FA) ganó con Tabaré Vázquez las elecciones en la primera vuelta. Desde entonces, producto de diversos motivos tal vez nunca debidamente laudados -la crisis del 2002 no es la única responsable- el Partido Colorado fue cayendo entre las preferencias electorales de la ciudadanía sin lograr conectar con ella como lo hizo con claridad durante todo el siglo XX.

En Uruguay, quien maneja el Estado tiene mucho más que el poder. No solo porque el Estado es el primer y principal empleador del país, sino porque está metido en todos lados. Cuando no lo está se nota y se siente. Salvo en el departamento de Rivera, hoy el Partido Colorado está lejos de la toma de decisiones y del poder, lo que, para los colorados, acostumbrados a gobernar, es un problema.

La crisis del Partido Colorado puede explicarse en parte: a) porque el actual gobierno nacionalista ocupó el centro político del país -tanto en las intendencias como en el gobierno nacional- utilizando al Estado como motor de la economía -las tijeras mochas del cortar cintas por el shock de infraestructura en el interior del país lo demuestran. También las medidas tomadas a partir del Fondo Coronavirus durante la pandemia; b) porque el FA había adoptado y reivindicado las banderas y el discurso social que a comienzos del siglo XX levantó el colorado más importante de la historia, José Batlle y Ordoñez, hasta apropiarse de las mismas y c) porque el actual sistema electoral beneficia inevitablemente la existencia de dos bloques, lo que favorece las alianzas donde hoy en uno lidera el Partido Nacional.

Puede haber otras explicaciones más detalladas y tantas como el lector quiera, pero seguro esos tres argumentos aparecerán entre las primeras. También hay que admitir que tras la última presidencia colorada del liberal Jorge Batlle ningún líder logró aglutinar al resto del partido detrás de sí.

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Fotos: Leonardo Carreño.

En lo que va del siglo XXI hubo dos que lo intentaron. Hoy ambos están fuera de la política: Pedro Bordaberry y Ernesto Talvi. Uno está en el fútbol al frente del Montevideo City Torque, club ligado al Manchester City y el otro vive en España y trabaja para el centro de estudios más prestigioso de Madrid. Los dos son reconocidos por su solvencia técnica y por haber liderado cada uno a su manera y con su impronta patriadas para renovar el viejo Partido Colorado.

Hasta ahora no lo lograron.

El que permanece de pie y vigente a los ochenta y tantos años es su secretario general, el dos veces presidente de la República Julio María Sanguinetti. Con un papel de enorme importancia para la estabilidad de la actual coalición gobernante. Nadie puede objetar que se trata de uno de los políticos más influyentes de la historia reciente. Con su apoyo al actual gobierno, Sanguinetti logró mantener a los colorados cerca del poder.

Fotos: Leonardo Carreño. Julio María Sanguinetti planea dejar la Secretaría general de partido

Los otrora enemigos en el campo de batalla en los tiempos de las guerras civiles, hoy se complementan y se necesitan. Mucho más para ganar las próximas elecciones y vencer al Frente Amplio.

Con toda la picardía que lo caracteriza el abogado colorado Andrés Ojeda, hoy uno de los candidatos a presidente de los colorados dijo que el manejo de la pandemia llevado adelante por el gobierno nacionalista de Luis Lacalle Pou fue “bien batllista”. Para ello argumentó que el papel que jugó durante la crisis sanitaria el Estado uruguayo fue clave para el éxito de la “libertad responsable”, concepto manejado por el gobierno para atravesar la pandemia del covid-19. En cierta forma, si así lo ve, me está dando la razón.

Hoy blancos y colorados se complementan y necesitan. Ambos partidos no titubean en condenar la dictadura de Nicolás Maduro, algo que los une y los diferencia sustancialmente del ADN de este Frente Amplio. Juntos empujaron las necesarias reformas de la educación y la seguridad social, y con Cabildo Abierto y el Partido Independiente defendieron los artículos de la Ley de Urgente Consideración tras el embate contrario del FA en alianza con el PIT CNT.

Blancos y colorados hicieron lo que tenían que hacer: dejar de lado las diferencias históricas e inaugurar un nuevo tiempo de relacionamiento político que a todas luces benefició al país. Ahora en tiempos de elecciones vale la pena preguntarse: ¿Y ahora qué?

El secretario general del Partido Colorado es lo único que hoy no tiene discusión. El anuncio que se retira definitivamente de la secretaría solo al mencionarlo genera un vacío profundo. No aparecen figuras de su talla para reemplazarlo ni hay consensos para encontrarla. Es un grave problema que todo apunta, se laudará con los votos luego de las elecciones internas.

Es un dato que de las primarias surgirá un nuevo Partido Colorado. ¿Será mejor? ¿Logrará detener la caída en votos? Por el bien del país es de desear que sí. Es bueno que un partido pilar de la República logre fortalecer su votación y presencia en la vida política del país. Hoy tiene varios precandidatos. Su oferta para las internas es muy interesante. Repasemos: el ingeniero Gabriel Gurméndez, con una impronta liberal heredera de Jorge Batlle; el abogado Andrés Ojeda, un pragmático con toda la fuerza de la renovación y la juventud; Robert Silva, hombre del interior y de la educación que puso a andar la reforma educativa; Tabaré Viera, representante del clásico dirigente colorado, exintendente de Rivera y con experiencia en el manejo del Estado; el exfiscal Gustavo Zubía, con un discurso de mano dura contra la delincuencia; y Guzmán Acosta y Lara. También manifestó que está evaluando participar de la carrera la abogada Carolina Ache que renunció a la subsecretaría del ministerio de relaciones exteriores salpicada por el polémico Caso Marset.

Existe una frase muy conocida por su viralización en redes sociales que dice: “No hay que buscar resultados diferentes si se hace siempre lo mismo” y tal vez eso debería aplicarse en el arranque de esta campaña electoral para los colorados. El menú de precandidatos es variado y con perfiles diferentes y marcados. Algo que a priori debería resultar atractivo para el votante en las internas.

Más sabiendo que de esa oferta salen las nuevas autoridades partidarias y que para que la coalición vuelva a ganar el partido de Rivera tiene que presentar un candidato sólido y con apoyos. Una señal de unidad con todos los precandidatos colorados arriba del escenario en la sede de la calle Martínez Trueba dando puntapié oficial a la campaña parece hoy algo difícil de concretar, pero debería ser una aspiración.

Sin duda, sería una poderosa señal para marcar el resurgimiento de una de las colectividades políticas más antiguas del mundo y un justo homenaje en vida a Julio María Sanguinetti.

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