7 de junio 2021 - 5:00hs

En un campo ubicado en Sarandí del Río Negro, en Tacuarembó, mujeres de tres generaciones están unidas por la sangre y la ganadería, una actividad productiva que lleva en la familia más de 100 años.

Olivia Guedes dirige el establecimiento María Albertina –de cría de vacunos y ovinos– y la cabaña Don Dinarte –de ovinos– junto a su madre María Albertina y a su abuela Suely.

El emprendimiento tacuaremboense en el que trabajan con las razas Braford, Corriedale y Corriedale Pro tiene muchas historias acumuladas, en el viejo casco de piedra de la casa y en los grandes espacios de campo natural.

“El campo hace varias generaciones que viene con nosotras”, comentó Olivia a El Observador y recordó que la dueña del predio donde hoy trabajan fue la madre de su bisabuelo, doña María Albertina, de quien se tomó el nombre para el establecimiento.

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De Brasil a Tacuarembó

Olivia es brasilera, vivió siempre en la ciudad de Pelotas y siendo estudiante de veterinaria le pidió varias veces a su abuela Suely, uruguaya radicada en Tacuarembó, que continuara con la ganadería en el campo familiar y la esperara para trabajar juntas.

“La abuela me decía que no podía más trabajar sola y yo le pedía que me esperara. Ella mantuvo el campo, lo fue arreglando, fue una cosa que fue haciendo desde abajo”, relató.

Y así lo hizo Suely, continuó con la cría de ganado y esperó a su nieta, que una vez recibida de veterinaria se unió al proyecto que hoy llevan adelante juntas, siempre consultándose las decisiones y disfrutando la vida en el campo, que para Olivia “es mucho más tranquila que la de la ciudad”.

Suely se crío en el campo junto a su padre, un productor ganadero que le pasó el gusto por el rubro que hoy comparte casi toda la familia.

Actualmente, con 87 años, continúa trabajando en el medio rural, combinando sus días de productora ganadera con los de madre, abuela y bisabuela.

María Albertina, la madre de Olivia, es abogada y siempre trabajó en el bullicio de la ciudad, en Brasil. Hoy, debido a la pandemia de covid-19, se encuentra en el campo con su hija y su madre, a quienes acompaña y aconseja en la toma de decisiones.

Su lugar en el mundo

Hace 16 años desde que Olivia llegó a Tacuarembó y varias cosas han cambiado desde entonces. Hoy tiene un hijo de tres años llamado Bernardo, al que cría como madre soltera y a quien quiere dejarle “un mejor campo”.

Lo que no ha cambiado es su amor por la campaña. La vida rural le atrae desde chica, siempre le gustaron los animales y una de las cosas que más disfruta de vivir y trabajar en el campo es el ritmo de vida que se lleva.

Según detalló, viajar a otros lugares le encanta, pero el campo no lo cambia por nada.

“Mi lugar en el mundo es en campaña, me encanta salir para poder volver”, resaltó con su inconfundible acento brasilero, que no se le ha ido, según contó porque en la casa hablan en portugués.

“Al vivir en campaña se pueden hacer las tareas con los niños, es lindo convivir con los animales, ver los nacimientos y poder tener a mi hijo acompañándome en las recorridas y en el trabajo. Es otra manera de vivir, la semana es redonda, pero se puede hacer un domingo en un miércoles y el domingo trabajar más que en toda la semana, la rutina y los horarios los pone uno, se vive tranquilo, es otra cosa”, indicó.

Uno de sus deseos es pasarle el gusto por el campo a Bernardo, quien según contó, con tan poca edad ya es amante del entorno y de los animales; cada vez que viaja a la ciudad y vuelve a campaña, corretea atrás de los perros, gatos, ovejas y gallinas, dijo.

El pequeño Bernardo junto a su madre, abuela y bisabuela.

El campo para el futuro

Pensar en Bernardo y en las nuevas generaciones llevó a Olivia a tratar de buscar “algo para el futuro, algo sostenible en el tiempo”. En ese marco, decidió unirse al proyecto impulsado por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) “Ganadería y Clima”, que busca mejorar las condiciones de producción ganadera con formas de trabajo amigables para el medio ambiente.

El proyecto le pareció muy interesante, destacó. Después de consultar con su abuela, con quien conversa sobre todas las decisiones del establecimiento, se animó a participar, “buscando a través de la producción agropecuaria una opción de vida sana y tranquila, que fuera rentable y respetara al medio ambiente, pensando en las futuras generaciones”.

La experiencia como herencia

La abuela tiene muchos años de experiencia y tiene una idea tradicional del campo. Son casi 50 años de diferencia los que hay entre nosotras, pero siempre hablamos y llegamos a un acuerdo. Vamos estudiando las decisiones y nos llevamos muy bien”, sostuvo Olivia.

La experiencia que han vivido como participantes de “Ganadería y Clima” ha sido muy positiva, sostuvo y en el intercambio con los técnicos han adquirido “información muy valiosa, para una mejor producción y para el cuidado del campo natural”.

Olivia sabe que los resultados del proyecto se verán más claros en el futuro, pero el equipo de trabajo del establecimiento tiene muchas expectativas para las próximas producciones.

Una manera de vivir

El amor por el campo y el trabajo en familia se unen en el establecimiento María Albertina y para Olivia la producción ganadera “es más una manera de vivir que un negocio”.

Como todo en la vida, la producción ganadera tiene sus días buenos y de los otros.

El delito de abigeato y el ataque de los perros a las majadas son un problema al que no han podido escapar, como algunos de sus vecinos.
Pero, pese a algún disgusto, Olivia tiene esperanza en que “todo se supera”, y reconoce que la zona sigue siendo tranquila.

“Todos los trabajos tienen cosas buenas y malas, hemos pasado problemas de sequía, falta de personal y otras cosas, pero todo se va solucionando y hasta el momento eso no ha interferido, seguimos trabajando y las cosas no se han complicado mucho”, finalizó la productora.

Recuperación del campo y del ganado 

Actualmente, María Albertina es uno de los 15 establecimientos ganaderos del noreste del país que forman parte del programa “Ganadería y Clima”, llevado adelante por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) junto a la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República (Udelar), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y el Ministerio de Ambiente (MA).

Según contó a El Observador Olivia Guedes, una de las encargadas del establecimiento, son varias las orientaciones técnicas que han seguido, por ejemplo la baja en la carga del campo, tras la que han podido ver “una importante recuperación del campo y del estado de los animales”.

 

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