El escenario en el que suceden todos los hechos de Sala 8, la reciente novela de Mauricio Rosencof, está poblado de vivos y muertos. Pero es tal la ensoñación que sus historias producen –por su irracionalidad, su ternura y su humor– que uno no sabe realmente quién está vivo y quién está muerto. En este sentido, la sala de un hospital que es vista a través de la mirada atónita de un desaparecido por la dictadura se parece a Comala, aquel territorio de vivos y muertos que creó Juan Rulfo en Pedro Páramo hace más de medio siglo y que todavía sigue sorprendiéndonos.
Un paraíso fantasmagórico
Mauricio Rosencof presenta mañana en El Galpón su reciente novela, Sala 8, una obra en la que desnuda la tortuosa estadía que significaba recuperarse en el Hospital Militar