12 de junio de 2021 5:01 hs

¿Uruguay es un país caro? La consultora CPA Ferrere presentó el  jueves un estudio sobre formación de precios al consumo en Uruguay a pedido de la cadena de supermercado Ta-Ta. Entre los resultados, se encontró que en Uruguay los precios de algunos artículos básicos, esencialmente productos importados, son significativamente más caros que en Argentina, Brasil y Chile.

¿Cuáles son las razones? El trabajo da cuenta que ciertas prácticas y regulaciones podrían favorecer la concentración en la importación y distribución, limitando la competencia y afectando precios. Además, recomienda revisar prácticas de registración de productos importados y evaluar acciones para promover la competencia en ciertos mercados, de modo que su funcionamiento sea más transparente.

El estudio y sus resultados

El informe realizó un comparativo de precios entre supermercados de la región para artículos de la canasta de consumo: tocador, higiene personal, productos de limpieza, ropa, alimentos y bebidas. Para el relevamiento se tomó como base información de precios de julio de 2020 en los sitios web de las cadenas Ta-Ta y Disco (Uruguay),  Carrefour (Argentina), Zmart y Mambo (Brasil) y Líder (Chile).

Durante un webinar organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), el economista y socio de CPA Ferrere, Gabriel Oddone, explicó que para el caso de los artículos de tocador, higiene personal y limpieza de ropa (shampoo y acondicionador, pasta de dientes y enjuague bucal, jabón de manos, desodorante, papel higiénico y jabón líquido y en polvo), se encontraron diferencias de precios significativas con Brasil y Argentina, y algo menores con Chile.

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En alimentos y bebidas importadas  (mayonesa, café, galletas, sal, lentejas y enlatados como arvejas y choclo) el trabajo indicó que los precios en Uruguay “parecen ser más caros” en al menos dos de los tres país, salvo en la comparación con Chile.

Y en el caso de alimentos de industria nacional (harina, arroz, azúcar, salsa de tomate, aceite de girasol y fideos) los precios varían, pero en Uruguay serían menos caros que en al menos dos de los tres países, según el trabajo.  Esto indicaría que los productos de fabricación nacional no estarían siendo afectados diferencialmente (con respecto a la región) por las prácticas comerciales o que los costos asociados en la cadena de producción y distribución no impactarían negativamente de forma diferencial en la formación de precios.

¿Por qué son más caros?

El estudio sugiere algunas posibles explicaciones para la diferencia de precios existente en algunos de los productos relevados. Entre ellas, menciona los acuerdos de distribución exclusiva, donde el productor en origen le da a un distribuidor la exclusividad de la representación de la marca y de una gama de productos en Uruguay.

En ese sentido, Oddone señaló que en productos con diferencia de precios significativas como alimentos y bienes de consumo personal, predomina un solo importador por marca.  Y añadió que si bien el marco legal vigente no impide que haya múltiples distribuidores, la práctica así lo indica. 

Desde su punto de vista, eso puede estar asociado al tamaño del mercado y a las prácticas comerciales que quieren imponer los productores en origen. Eso hace que generalmente los importadores uruguayos tengan algún tipo de integración con esos productores, y contratos que muchas veces son firmados bajo marcos legales externos.

Una segunda explicación podría vincularse con el origen de los productos y la cuantía de los aranceles. Sin embargo, el trabajo no encontró que sea un factor relevante para explicar diferencias de costos.

Y una tercera explicación es  que la presencia de un distribuidor exclusivo en la mayoría de los productos importados analizados “limita” en la práctica una mayor competencia intramarca. Eso podría favorecer niveles de precios más elevados.

Diego Battiste Supermercado en Uruguay. (Foto archivo)

Posibles soluciones

Entre las posibles soluciones que se podrían arbitrar entre privados para resolver estos problemas, Oddone señaló a la competencia entre marcas.

El supermercado local podría sustituir el producto de la distribución exclusiva por la importación de otro similar de otro productor y de menor precio (competencia intermarca).

Pero en este caso no sería una alternativa viable, ya que en los productos importados que se analizaron existen preferencias importantes  de los consumidores por determinadas marcas, con relativa independencia de su precio y de la existencia de sustitutos.

La segunda solución sería la importación directa por parte del supermercado.

En los rubros analizados  no se encontró que exista este tipo de vínculo. Según dijo Oddone, posiblemente el tamaño del mercado haga que el productor quiera concentrarse en negociar con un único agente.

Otra alternativa podría ser la importación paralela, es decir que un supermercado importara productos desde otro supermercado del mundo. Pero esto solo funciona cuando la diferencia de precios es grande, y además presenta otras dificultades prácticas.

Acciones para promover mayor competencia

El economista sugirió dos recomendaciones respecto a lo que se podría hacer del lado de las políticas públicas. Una son cambios en la regulación sanitaria para habilitar las importaciones. Hoy el importador debe presentar un dosier con información técnica que posee exclusivamente el fabricante de origen.  En ese sentido, Oddone explicó que las prácticas de relacionamiento entre el productor y el distribuidor local, más la regulación que establece la legislación, en los hechos termina limitando la multiplicidad de registros. Y eso puede terminar siendo una barrera a la entrada para los importadores que no tienen vínculo con el fabricante.
También reconoció que en ese punto existe un dilema entre la política de protección de los derechos de propiedad intelectual del fabricante y el bienestar de los consumidores. Desde su punto de vista, una solución podría ser la instrumentación de algún tipo de flexibilización, donde el primer importador registre el producto y luego cualquier otro agente puede importarlo sin presentar dosier. Eso ameritaría también algún incentivo para el primer importador, como períodos de exclusividad o  exoneración de pago.
Además, consideró que la Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia del MEF podría evaluar “con más profundidad” estos temas. Oddone recordó que en 2015 hubo una investigación del proceso de formación de precios en algunos de los mercados analizados en esta oportunidad por el estudio de CPA Ferrere, que no encontró evidencia sobre acuerdos colusorios por precios.
Sin embargo, dijo que esa vez la Comisión no analizó la existencia de prácticas o efectos de importación exclusiva. Tomando en cuenta que se trata de productos sensibles para la canasta de consumo y que en principio afectarían el nivel de precios, Oddone sugirió que la comisión podría evaluar la posibilidad de implementar medidas que “desestimularan prácticas y acuerdos que limitan la competencia”, por ejemplo, fomentando la competencia intramarca e inter-marca.

 

Los impactos en la medición del IPC

El estudio de CPA Ferrere también encontró que si los precios relevados para Argentina, Brasil o Chile se aplicaran a los productos elegidos y se ponderaran en la canasta de consumo de Uruguay -representan el 5,5% de la canasta total del Índice de Precios del Consumo (IPC)-, se producirían rebajas por una vez en el IPC de 1%. Eso tendría un efecto positivo desde el punto de vista del bienestar del consumidor. 

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