El embajador uruguayo en Brasil, Carlos Amorín, tiene sobre sus espaldas la tarea de representar a Uruguay ante quien es –para la estrategia del presidente José Mujica– el principal socio político y comercial del país. A eso se suma el desafío de encarar un acuerdo ratificado el jueves en Río de Janeiro para cambiar “el paradigma” del relacionamiento en la región. En entrevista con El Observador, luego de la Cumbre Río+20, Amorín dijo que el acuerdo Uruguay-Brasil busca ser el “ejemplo” de cómo debe funcionar el Mercosur.
¿Cómo llegó Uruguay a construir esta relación con Brasil?
Por un lado es la geografía. Está acá y no hay forma de escaparse. En los últimos años creo que ha habido, si uno piensa, muchos menos problemas prácticos con Brasil que con otros vecinos, para ser claros. Porque además, va más allá del comercio, digamos, porque lo de Botnia (UPM) fue gravísimo. Uno lo ve en perspectiva, pero fue tremendamente grave. O sea, no hay un equivalente con Brasil, y no se cortó nunca el buen diálogo.
Pero si se mira la relación de forma objetiva, desde afuera, se pregunta ¿por qué a un gigante como Brasil le importa relacionarse con Uruguay?
Ellos ven importante la relación con toda la región. El tema de los límites ellos siempre lo tienen pendiente, de cómo funciona la frontera, qué cooperación hay en la frontera y qué problemas se pueden generar allí. Y el Mercosur fue, desde su nacimiento, una opción política para Brasil, más que económica.
¿Y qué tan lejos está del acta de defunción del Mercosur el tratado comercial bilateral entre Uruguay y Brasil que acordaron Mujica y Rousseff el jueves?
Lo ideal es que a partir de ese acuerdo se pueda avanzar con los otros países del Mercosur, que sea un ejemplo de cómo se puede trabajar, y cómo se puede eliminar barreras sin problemas.
Pero esta idea parece querer dejar atrás el Mercosur para armar una cosa nueva.
No, es el Mercosur, es tratar de cumplir el Mercosur. Lo que nunca fue cumplido del Mercosur, que haya un mercado único, ampliado, que haya libre circulación de bienes y de personas, es el objetivo central de este acuerdo. Eso nunca se logró. Bueno, intentemos avanzar acá y de alguna manera, si este modelo sirve como para destrabar al Mercosur, bueno, intentemos sumar a los otros.
¿Cómo pesa lo ideológico?
Es necesario, pero a veces no es suficiente. El buen relacionamiento personal entre los presidentes ayuda, facilita el diálogo, y cuando hay diferencias creo que es más fácil hablar con alguien que tiene orientaciones comunes que con alguien que no las tiene.
Y eso no compromete lo que se pueda lograr si mañana cambia la orientación ideológica en alguna de las dos partes.
No. Creo que no cambia, porque no se asumen nuevas obligaciones, distintas de las que se pretendieron llevar adelante en el Mercosur, así que no hay un nuevo conjunto de obligaciones.
“Lo ideal es que a partir de ese acuerdo se pueda avanzar con los otros países del Mercosur, que sea un ejemplo de cómo se puede trabajar”