17 de marzo 2019 - 5:04hs

Con la Unión de Naciones Suramericana (Unasur) en coma y un cambio de signo político en la mayoría de los países de la región, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, y el colombiano Iván Duque lanzaron una iniciativa regional que tiene como propósito firmar el acta de defunción de la Unasur y abrir un nuevo espacio de interrelación política entre los países sudamericanos.

Para eso convocaron a una cumbre de jefes de Estado –bautizada como cumbre presidencial para la integración de América del Sur- que tendrá lugar en Santiago de Chile el 22 de marzo. El presidente Tabaré Vázquez fue invitado formalmente a participar del primer encuentro de mandatarios de este nuevo foro y animado a concurrir por parte de su par argentino Mauricio Macri, durante la última reunión bilateral que mantuvieron en Anchorena en febrero. Sin embargo, el gobierno uruguayo ya notificó al chileno que Vázquez no asistirá al encuentro alegando motivos de agenda, dijeron a El Observador fuentes del Ejecutivo.

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Además de Piñera, Duque y Macri, participarán de la cumbre el brasilero Jair Bolsonaro, el paraguayo Mario Abdo Benítez, el peruano Martín Vizcarra y el ecuatoriano Lenin Moreno.

Estos siete países abandonaron la Unasur en el último año. El último en hacerlo fue el gobierno ecuatoriano que anunció esta semana la decisión de retirar a su país del bloque y pedir la devolución del edificio, una catedral en el desierto que alberga la secretaría general del organismo en las afueras de Quito. Con la salida de Ecuador, la Unasur quedó reducido a un grupo de cinco: Bolivia, Guyana, Suriname, Uruguay y Venezuela.

En abril de 2018, tras conocer que seis países se iban de la Unasur, el canciller Rodolfo Nin Novoa afirmó que Uruguay no pensaba abandonar el bloque sudamericano. En su momento dijo que la situación era "inestable" y "muy preocupante". Además, señaló que haría todos los esfuerzos para que se revea la decisión de quienes se iban para mantener una "organización sudamericana propia". Pero reconoció que había que "rever algunas cosas" y tomar algunas "decisiones importantes" en ese bloque.

Muerte y vida

El Prosur se edifica sobre la base del edificio derruido del populismo latinoamericano.  La Unasur nació al calor de la ideología bolivariana de la integración y sus petrodólares y fue rápidamente aceptada por el matrimonio Kirchner y su nostalgia de la “patria grande”. Luiz Inacio Lula da Silva, que no siempre coincidió con Chávez, aplicó la lógica de que más valía tenerlo controlado y adentro que afuera y suelto.

Funcionó el Consejo de Defensa, en el intento de buscar una política común. Se continuaron discutiendo los viejos proyectos de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana. Funcionó como mediador en algún conflicto que hubo en la región. Pero poco más.

Todo ocurrió en medio de un frágil equilibrio entre el Alba y la Alianza del Pacífico en el que el Mercosur –y sobre todo Brasil- a veces jugaba de moderador. La deriva venezolana complicó las cosas cada vez más y la Unasur –sin secretario general por falta de consensos- demostró que era incapaz de actuar políticamente en la situación de conflicto más importante que tuvo América del Sur en las últimas décadas. La grieta latinoamericana entre el Grupo de Lima y el Mecanismo de Montevideo terminó por exhibir las importantes diferencias en la región.

En vista de la nefasta experiencia de la Unasur, los impulsores del Prosur pretenden marcar diferencias. En enero, Duque dijo que “más que una organización burocrática o al servicio de un gobierno particular”, Prosur será “un organismo de coordinación suramericana” en “defensa de la democracia, la separación de poderes y la economía de mercado”.

En tanto, Piñera dijo que el nuevo foro apunta al “desarrollo de América del Sur” y señaló que a diferencia de la Unasur será “libre de ideologías y sin burocracia”. Las invitaciones para asistir al primer encuentro presidencial de la nueva organización regional se enviaron a todas las capitales de América del Sur, salvo Caracas, porque para formar parte de esto foro se requiere “la vigencia plena de la democracia y del Estado de derecho y el respeto pleno a las libertades y derechos humanos”, explicó Piñera.

Para el presidente chileno no pueden volver a pasar cinco años sin que los presidente de la región tengan un espacio de encuentro y trabajo.

Las críticas

La propuesta del presidente chileno le valió severas críticas en su país que vienen de parte de un grupo de 26 personalidades de centroizquierda, que se nuclearon en el Foro Permanente de Política Exterior, integrado por los excancilleres chilenos José Miguel Insulza, Mariano Fernández y Juan Gabriel Valdés.

Este grupo acusó a Piñera de estar “improvisando” con la política exterior y le pidieron mantener “una política independiente” frente a la crisis venezolana.  

“Prosur es una proposición inconsulta, sin trabajo preparatorio, hecha de un día para otro. Es una simple ocurrencia (…) se sabe que en diversos países invitados, existe una seria duda acerca de las finalidades y eficacia de la organización, así como sobre su envergadura y respaldo internacional”, señala la declaración.

Esos argumentos que esgrimen los 26 del Foro Permanente de Política Exterior son las mismas impresiones que hay en la cancillería uruguaya sobre el asunto. El subdirector de Asuntos Políticos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Daniel Castillo, asistió a reuniones técnicas por este tema, informó La Diaria en febrero. A pesar de que Vázquez no concurrirá al encuentro de Santiago, eso no implica que el gobierno haya adoptado la posición definitiva de no integrarse al nuevo bloque, dijeron fuentes del gobierno.

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