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31 de marzo 2012 - 9:12hs

Dentro de todos los estilos que se pueden encontrar en el tenis de hoy día, el del español Rafal Nadal, actual número dos del mundo, es el que más se puede catalogar de “físico”. Porque el despliegue que hace para cada punto es al máximo de sus posibilidades. Es el que nunca se guarda nada. Y así como su condición atlética (acompañado de la técnica, claro está) le ha dado los mejores dividendos, también le ha pasado factura.

En el segundo Masters 1.000 del año, en el que la derrota temprana del número 3, el suizo Roger Federer, le había despejado el camino hacia la final, otra vez es la rodilla que le juega una mala pasada y lo deja sin posibilidades de jugar la semifinal ante el escocés Andy Murray, quien aprovechará el envión para cambiar la pobre imagen que viene dejando en la presente temporada.

Y para Nadal no se trata de echarle la culpa a su rodilla, pues bastante la exigió en sus años de número uno del mundo –y también de dos– casi sin tregua, corriendo, frenando, arrancando otra vez, afirmando el paso, girando en todas las superficies.

Pero lo cierto es que, desde que perdió la cima del ranking a manos del serbio Novak Djokovic –quien no se baja desde que llegó–, cada vez que tuvo la intención de amenazar con recuperar el cetro, la rodilla lo dejó fuera de la cancha.

También el extenuante y exigente calendario es parte responsable de los males de Nadal y de otros tantos. Basta con recordar que el español ha hablado varias veces en contra de lo sacrificada que es la temporada para el tenista.

En la temporada 2012, Miami era apenas el cuarto torneo que jugaba Nadal, pues el jugador selecciona cuidadosamente los torneos a los que asiste. El primero fue en Doha, donde cayó en semifinales, luego perdió en la final del Abierto de Australia ante Djokovic y la semana pasada quedó en semifinales de Indian Wells tras caer ante Federer. A Miami llegaba con un registro de 17 triunfos y tres derrotas en 2012. El último trofeo obtenido por Nadal fue en Roland Garros pasado, en mayo de 2011.

Según anunció el tenista, el calendario 2012 “seguirá siendo el mismo” y estará para jugar Montecarlo y Barcelona.

El antecedente
La articulación por la que hoy sufre el español lo tiene a maltraer desde hace tiempo. Antes del Abierto de Australia, en enero pasado, sintió un fuerte dolor y temió quedar fuera del primer grande del año, en el que lució la rodilla vendada y terminó jugando la final de Grand Slam más larga de la historia (casi seis horas) y sucumbiendo de manera épica ante Djokovic.

Pero esta vez no hubo suerte ni riesgo que correr, ya que se viene la temporada de polvo de ladrillo en la que Nadal defiende el grueso de los puntos que lo mantienen como segundo mejor de la ATP.

El español no quiso cometer los mismos errores del pasado, cuando en el US Open de 2009 se exigió y jugó con dolores en el abdomen que terminó pagando con 45 días afuera de las canchas.

Pero el de ayer es el segundo abandono de Nadal en un torneo. Antes había sido en Estoril, en 2004, pero esa vez por un problema en un pie.

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