2 de junio de 2026 5:00 hs

El inmediatismo es un mal generalizado y creciente de las sociedades que impide en buena medida que pensemos autónomamente y en profundidad. Entre otras cuestiones fundamentales, nos “exime” de la responsabilidad de imaginar el porvenir de las nuevas generaciones. Lamentablemente el inmediatismo se transforma y hasta se naturaliza como moneda corriente en nuestras vidas.

Nos gana la haraganería intelectual o bien preferimos delegar e inclusive abandonar el desarrollo de las capacidades cognitivas que cimentan ser libres. Ya sea por la comodidad y funcionalidad de recurrir acríticamente a Google, o más recientemente a las herramientas de la inteligencia artificial generativa, o por no tomarse el trabajo de verificar las fuentes y validar la información que por la vía de las redes sociales nos abruma, el pensamiento autónomo pierde relevancia.

Asimismo, el inmediatismo de tener respuestas a mano y hasta si se quiere de manual, nos lleva a enfrascamos en discusiones circulares y suma cero sobre si es más conveniente ajustar, flexibilizar, reformar o transformar, y hacemos caso omiso a que nos enfrentamos a la perentoriedad de repensar la educación para forjar un mundo viable y un planeta sostenible. La zona de confort que tanto “seduce” nos indicaría que es políticamente más aceptable discutir sobre aceptar o rechazar enfoques educativos, curriculares y pedagógicos, desde la defensa celosa de nuestras trincheras, que tener la generosidad y determinación de pensar sobre los futuros colectivos e individuales, y de construir en sociedad asumiendo las diferencias como oportunidades para afinar el pensamiento y tejer entre diferentes.

La destacada educadora argentina y referente latinoamericana del pensamiento con vocación hacedora, Melina Furman, nos advertía sobre quedarnos empantanados en los dilemas en torno a si reinventamos la rueda o limamos los bordes. Enmarcada en una mirada propositiva, Furman nos recuerda que es posible congeniar cambios estructurales que afectan a los sistemas educativos en su globalidad, con potenciar y mejorar lo que se realiza desde los centros educativos siempre y cuando se identifique “con claridad hacia dónde queremos ir, dónde estamos y qué necesitamos cambiar” (libro “Enseñar distinto. Guía para innovar sin perderse en el camino”, Melina Furman, Siglo XXI Editores, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2024). Es decir, tomarnos un tiempo reflexivo para hurgar en el para qué, qué y cómo de educar y aprender para que efectivamente se pueda avanzar en cambios desde múltiples enfoques, estrategias y espacios sin contraponerlos.

Más noticias

Lastimosamente las discusiones suma cero que suelen predominar, sumidas en el inmediatismo y en atrincherarse, dejan a un costado discutir en profundidad sobre como la educación puede contribuir a formar las nuevas generaciones para futuros más sostenibles, democráticos y justos. Por ejemplo, no se tiende a profundizar en temas candentes de escala global como ser el fortalecimiento de la democracia como modus de vida entre las generaciones más jóvenes. Precisamente, según el documento “Juventudes: asignatura pendiente - informe regional”, realizado por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung (2025), se constata, entre la población de 15 a 35 años, “un progresivo debilitamiento de la democracia y desafección institucional que se viene expresando desde fines de la década de 1990” y que tiene “su origen tanto en las necesidades no satisfechas y condiciones de vida de la juventud, así como en el desempeño del sistema político” (referencia al documento mencionado, Sección 2, p. 57, elaborado por Oscar Aguilera).

Desde diversos ángulos ideológicos, políticos y corporativos, ya sean de denominación progresista o conservadora, derecha o izquierda, se termina por adscribir a una educación en “piloto automático” que prioriza evangelizar respectivamente en sus dogmas y verdades movido por el inmediatismo. A veces se tiene la sensación de que la educación más que abrir cabezas nos vuelve más obsecuentes, encasillados, dóciles y también menos audaces e imaginativos.

Este panorama es aun más desolador en América Latina y el Caribe donde se registra un analfabetismo extendido en lectura, escritura, ciencias y matemáticas. Según los resultados de la evaluación del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes del 2022 (PISA, por sus siglas en inglés), que comprendió 14 países de América Latina y el Caribe, la mayoría absoluta de los alumnos no logran niveles mínimos de suficiencia en lectura (55%), matemáticas (75%) y ciencia (57%), mientras que en el conjunto de los países de la OCDE siete de cada diez estudiantes alcanzan niveles de suficiencia (informe “El estado de la educación en América Latina 2023”, BID, Arias et al.). Este estado lamentable de situación contribuye a que las y los estudiantes sean vulnerables e indefensos frente a la manipulación, la desinformación y la mentira, y crucialmente, no estén mentalizados ni preparados para un ejercicio ciudadano democrático proactivo y a conciencia.

A la luz de este cuadro crítico de situación, compartimos tres puntos que nos permitirían ayudar a sortear el inmediatismo evangelizador y combativo que se alimenta desde tribus políticas, sociales y educativas.

En primer lugar, evitar la trampa del inmediatismo es consustancial a la jerarquización de la política como instrumento insoslayable para que las sociedades progresen y se apropien la democracia como un modus de vida. Más aun cuando los autoritarismos consolidados y emergentes parecerían predominar sobre la democracia. El historiador y analista político Timothy Garton Ash asevera “que, a finales de 2020, por primera vez en este siglo había en el mundo menos democracias que regímenes no democráticos” (considerando los países con más de un millón de habitantes; mencionado en el libro “Educación Universal. Por qué el proyecto más exitoso de la historia genera malestar y nuevas desigualdades”, Debate, Juan Manuel Moreno y Lucas Gortazar, Penguin Random House, Barcelona, 2024, p. 172). No hay propuesta educativa que pueda sostenerse sin una elaboración política de alto vuelo que convoque, incluya, teja y se anime a forjar futuros democráticos. La política siempre debe estar presente, y mejor que sea así.

En segundo lugar, la construcción de un para qué robusto nos abre a la posibilidad de pensar los futuros como arguye la Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación coordinada por la Unesco (libro “Reimaginar juntos nuestros futuros. Un nuevo contrato social para la educación”, UNESCO, Paris, 2021). Es cuestión de formar integralmente a las y los estudiantes como personas con base en los valores de cooperación, colaboración y solidaridad. Poner la mirada en los futuros que se puedan forjar para que las nuevas generaciones sean protagonistas de sus propias vidas, interpela las visiones adulto-céntricas predominantes. Discutir y acordar los grandes trazados de los imaginarios societales y educativos no es un asunto retórico sino un fiel reflejo de calidad democrática, de animarse a que el porvenir nos haga pensar más allá de las coyunturas y a superar los miedos a cambiar.

En tercer lugar, es cuestión de impulsar un acuerdo social de amplia base que implique renovadas formas de conversar y acordar en educación alternativa a la sola idea de generar instancias de participación y consulta que muchas veces se reducen a pujas corporativas y de poder. Un acuerdo social implica cultivar el habla argumentada, la deliberación plural y la atenta escucha sustentado en por lo menos cinco enfoques que van de la mano – intergeneracional, interinstitucional, intersectorial, comunitario glocal e interseccional, y con base en el rol insoslayable del estado en liderar los procesos de cambio educativo en partenariado con diversidad de instituciones y actores.

Se trata de ambicionar una educación sin umbrales ni fronteras que sea el sostén de una nueva generación de actores y políticas públicas. Tal cual argumenta Jürgen Habermas, la esfera pública es el espacio por excelencia de construcción colectiva racional en democracia a través de los cuales los diversos actores y grupos de interés de dentro y fuera del sistema educativo pueden escucharse uno al otro, argumentar, compartir y aprender, entenderse e identificar coincidencias (libro “Jürgen Habermas: Un nuevo cambio estructural de la esfera pública y la política deliberativa, epílogo y traducción de Juan Carlos Velasco”, Trotta, Madrid, 2025).

En síntesis la continuidad de derroteros donde se privilegia el inmediatismo, desde visiones educativas ortodoxas y sin capacidad de escucha y de entendimiento hacia quienes piensan y obran distinto, constituye una manera aparentemente no “deseada” de rifar el porvenir de las nuevas generaciones. Alternativamente a seguir enfrascados en luchas de trincheras, y a solo “dialogar” con los iguales o parecidos, se requiere jerarquizar el vuelo reflexivo de la política, representativa de la ciudadanía, como base insoslayable de progreso y democracia que coadyuve a forjar acuerdos sociales de amplia base y robustez programática sobre los para qué, qué, cómo, dónde y cuándo de educar y aprender.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos