21 de agosto 2024 - 5:00hs

Conectarse a internet es como encender una enorme red global. Estos cables conectan diferentes países, permitiendo que los datos se muevan de un continente a otro. Todo esto pasa en cuestión de segundos gracias a esos cables que son como autopistas bajo el agua, enlazando servidores y redes para que, desde tu casa, puedas acceder a todo lo que está en internet.

Los cables submarinos son claves para que hoy tengas internet en tu casa. Cuando abrís una página web o mandás un mensaje, la información viaja a través de estos grandes conductos interoceánicos que funcionan como grandes autopistas bajo el agua. Enlazan servidores y redes para que puedas ingresar todo el tiempo a internet.

El tema de los cables submarinos es una industria enorme que, por supuesto, los gigantes tecnológicos no la han dejado escapar.

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Hay un uruguayo que está hace más de 20 años en esta industria. Es el abogado Andrés Fígoli, quien trabajó en una empresa internacional en Montevideo y en Madrid dedicada a los cables submarinos. Luego, fundó su propia firma consultora, proporcionando asesoramiento legal y regulatorio a empresas a nivel mundial en el sector. Además, colabora con organismos internacionales y entidades académicas, habiendo publicado recientemente su libro “Legal and regulatory aspects of telecommunication submarines cables” (Amazon, 2024).

Su labor está enfocada en defender las posiciones de las empresas cableras y asesorarlas en temas de conectividad, soberanía digital y regulación en el mercado de los cables submarinos.

Así está el panorama de los cables submarinos a nivel global

Desde hace cinco años, ha habido una fuerte irrupción de los gigantes tecnológicos como Google o Amazon en este mercado. Empezaron a adquirir sistemas de cables submarinos en todos los océanos y a asociarse con las empresas tradicionales de telecomunicaciones como Antel, en Uruguay, o Telefónica en Europa.

Como fueron construyendo data centers en todo el mundo, necesitaban más conectividad internacional para conectarlos. "Irrumpieron de una forma muy agresiva al mercado", indicó Fígoli.

A tal punto que en algunas rutas transoceánicas el 90% de la capacidad en los cables submarinos más nuevos que están conectados desde Europa a Estados Unidos son de estos gigantes tecnológicos. Los más viejos, propiedad de las empresas locales de telecomunicación, tienen más de 25 años de vida y no transmiten tanta capacidad.

"La soberanía digital de un país está dependiendo más de las grandes empresas tecnológicas que de las empresas de telecomunicaciones nacionales", indicó Fígoli.

¿Qué impacto tiene esto en el usuario final?

A largo plazo, considera el experto, se reduciría peligrosamente la oferta a la de los gigantes tecnológicos.

Esto podría desencadenar, según Fígoli, en la tarifa de fibra óptica que pagás mes a mes. "Si analizamos lo que pasó con los monopolios estatales hace 25 años", señaló.

Los cables submarinos transportan el 99.3% de todos los datos internacionales, incluyendo voz, datos móviles y tráfico de internet, siendo la columna vertebral de la red mundial.

Uruguay tiene cuatro sistemas de cables submarinos que aterrizan en una misma estación en Maldonado. De estos, algunos son antiguos, como el Unisur 2.0, mientras que otros son más nuevos, como el Bicentenario y el Tannat. Dos de ellos se dieron tras una alianza con Google.

Si bien para Fígoli nuestro país cuenta con una "excelente" conectividad a través de los cables submarinos, detecta una sola "vulnerabilidad": existe una sola estación donde están todos esos cables.

El caso de la merluza negra y los cables submarinos

La merluza negra, uno de los pescados más codiciados a nivel mundial, ha sido objeto de controversia en Uruguay debido a los daños que su pesca en forma negligente ha causado en cables submarinos, vitales para la conectividad del país.

La merluza negra, uno de los pescados más codiciados a nivel mundial, ha sido objeto de controversia en Uruguay debido a los daños que su pesca ha causado en cables submarinos, vitales para la conectividad del país.

Este pescado, conocido por su alto valor, se vende en prestigiosos restaurantes de ciudades como Nueva York y Madrid, donde su precio refleja su rareza y calidad. Sin embargo, la actividad pesquera por inescrupulosos en las profundidades del Atlántico ha generado costosos daños a la infraestructura de telecomunicaciones subacuática de Uruguay.

Durante años, las empresas pesqueras que operaban en las costas uruguayas lanzaban sus nasas de pesca a profundidades de entre 2 mil y 3 mil metros de profundidad, en zonas donde era sabido que se encontraban instalados los cables submarinos de telecomunicaciones vitales para el Uruguay y la región.

A pesar de conocer los riesgos, la lucrativa captura de merluza negra justificaba, para los pesqueros, el peligro de enfrentar juicios por los daños ocasionados.

Esta situación era frecuente hasta que el gobierno implementó una nueva normativa en 2011. Desde allí se comenzó a penalizar a los pesqueros por su solo ingreso a la zona que estaba prohibida con multas hasta casi los US$ 500 mil.

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