Periodista de cultura y espectáculos en El Observador desde 2014. Para este medio produjo, guionó y condujo los podcasts Jaime: historia de un pionero y La herida. Desde 2017 coconduce y coproduce el podcast de cine Santas Listas.
Los pantalones de cuero negro de Chayanne parecen estar bastante ajustados, pero la perspectiva seguramente engaña: porque da la impresión de que tienen unos bolsillos tan grandes que caben las 35 mil personas que este 19 de febrero lo fueron a ver al Estadio Centenario, y a las que se metió ahí dentro en apenas unos pocos instantes.
Para lograr esa proeza, Chayanne (o como avisan las pantallas gigantes sobre el escenario, Chayanne™) lo da todo. O para ser más acorde con uno de sus hits, lo deja todo. Canta con su voz de tenor, intacta a los 57 años, baila sin parar, corre y recorre el escenario, sube escaleras, habla, arenga (Un “come on!” que suena como un latigazo), suda y suda.
Cada tanto se pasa la mano como un limpiaparabrisas y con un gesto cuidadísimo, sacude el dedo —un gesto casi como de saludo de cowboy— y el agua vuela. Pero Chayanne parece que, más allá de la lógica transpiración que lo baña, no se cansa. Todo es parte del show, su show, y de lo que asegura que es su trabajo, entregarse al máximo para la audiencia que en esta noche de febrero agotó entradas.
Una audiencia que, a ojo, parece tener una proporción 80-20 de mujeres sobre hombres. En un momento del espectáculo, Chayanne —Elmer Figueroa— pregunta cuántas madres y cuántas abuelas hay en el recinto. La mayoría caen en esa primera categoría, aunque también hay unas cuantas asistentes que ya cuidan nietos. Hay grupos de amigas con vestimentas coordinadas, hay remeras desde donde brillan la sonrisa blanquísima y el pelo negrísimo del puertorriqueño, hay mujeres grandes con vinchitas de flores y luces, como si por una noche volvieran a ser quinceañeras.
También hay familias enteras, hay madres con hijas e hijos, de los que seguro unos cuantos (a juzgar por el rango etario) crecieron escuchando las canciones que sonaron anoche mientras sus madres limpiaban sus casas las mañanas de sábado, como era bastante habitual a fines de los 90 o principios de los 2000, y como pasaba también con los repertorios de Ricky Martin, Enrique Iglesias y Ricardo Montaner. Una tradición que, con la consolidación de las redes sociales, le valió a Chayanne el mote/meme de “papá de Latinoamérica”, por esa cualidad hereditaria que terminó teniendo su música.
I ♥ Chayanne
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Gentileza de AM
Chayanne salió a escena 15 minutos después de las 21 horas, precedido por un show de la banda melense The la planta (que abrió con el Himno uruguayo y tuvo un agite impresionante, con el público siguiendo la letra de sus canciones, bailando y celebrando como pocas veces se ve con un número de apertura), y apretó el gatillo de una metralleta de hits impresionante.
Literalmente sin respiro largó Salomé, Boom boom, Provócame, Caprichosa y Baila baila, los primeros picos de un repertorio de 27 temas, aunque siendo justos, hay varios que en el primer tramo del espectáculo aparecen en una suerte de enganchados.
Y casi sin respiro se desarrolló el show, que no maneja el concepto de silencio. Una canción termina y empieza otra. Incluso cuando Chayanne se dirige al público de forma extensa, lo acompaña una melodía lacrimógena de piano de fondo.
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Pero el público uruguayo, al contrario de su fama de “frío”, no tuvo problemas en seguirle el ritmo al puertorriqueño, con baile, canto, videos mostrándose con él de fondo, “gritos de desesperación” (Omar Gutiérrez dixit) cada vez que se sacaba el saco, meneaba o agradecía al público; levantando banderas uruguayas o venezolanas, pancartas pidiéndole casamiento, otras anunciando un fanatismo descontrolado. Había una, incluso, de tela roja brillante, que emulaba ser una bombacha gigante y tenía la leyenda “Para ♥ ti papi”.
“Hace diez años que no nos veíamos las caritas”, recordó Chayanne promediando el espectáculo, y recordando el show frustrado por la pandemia de 2020 que generó una ausencia tan larga. Agradece el cariño local mientras se palmea el corazón y los ojos parece que se le humedecen.
Entertainer de primera línea, Chayanne™ tiene todos los gestos necesarios para ganarse al público: tira besos y corazoncitos al modo surcoreano, quiebra las caderas, lee las pancartas y se pone como nervioso, como si le diera vergüenza, se ríe, guiña el ojo, baja a la platea y estrecha manos, besa otras, abraza. En Bailando bachata sube a una integrante del público al escenario, se saca un par de selfis con ella, bailan, la abraza y la manda “a su camarino”. La gente se vuelve loca. Chayanne bromea con que le va a dar todo lo que quiera, y recita una lista de bebidas. Risas.
“Ustedes mandan que yo obedezco”, se somete al comienzo del show, mientras recuerda sus comienzos a los 10 años como integrante de una banda juvenil, y da la impresión de que esa máxima de showman es su guía implacable, el rol que juega para esa multitud que porta las remeras que dicen I ♥ Chayanne y que le gritan que lo quieren llevar a su casa, entre otros comentarios menos decorosos.
Bailando baladas
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Gentileza de AM
Yendo a lo estrictamente musical, las dos horas de show de Chayanne son un contrapunto entre su faceta de artista pop de canciones bailables y su faceta de baladista. Las dos ramas del repertorio se alternaron a veces incluso de una forma algo abrupta, con saltos y bajones repentinos en el clima (de la emotividad de Te amo y punto al bailoteo de Humanos a Marte, por ejemplo), como si el mayor pecado fuera el de bajar la energía por un período de tiempo demasiado extenso.
Las dos versiones de Chayanne conviven sin demasiados problemas, de todas formas, y las dos fueron igual de celebradas y eficaces. Hasta el clima lo ayudó un poquito cuando una tenue llovizna cayó durante el pico romántico de Lo dejaría todo, antes de los bises.
Acompañado por un cuerpo de baile y una banda impecable, en este show incluso se ven algunas versiones algo distintas de canciones como Torero, más cercanas incluso al rock, con guitarras chillantes y potencia al máximo (quizás el hecho de que antes de salir al escenario suene la canción de The Who Baba O’Riley sea una pista de esta cara inesperadamente “rockera” que ofrece el cantante).
Pero lo que comanda siempre es la fiesta. Eso es lo que la audiencia fue a buscar y tuvo. Lo que Chayanne les ofreció, les dio, y con lo que se puso a todo el Centenario en el bolsillo.