Pero además de la lista extendida y de un vistazo más detallado de los primeros cinco puestos, se ahonda también en las predilecciones en cuanto a género literario —no es spoiler adelantar que, por lejos, lo más votado es la narrativa—, el origen de los autores, la división entre el tipo de editorial y más. A continuación, los resultados.
Los diez mejores libros uruguayos del siglo XXI
La lista extendida
#13 - El zambullidor (2017), de Luis Do Santos
#13 - Irse yendo (2021), de Leonor Courtoisie
#13 - Obra poética (2007), de Circe Maia
#13 - Si las cosas fuesen como son(2022), de Gabriela Escobar
#17 - Mordida (2019), de Mercedes Estramil
#17 - Papeles suizos (2019), de José Arenas
#17 - Prontos, listos, ya (2006), de Inés Bortagaray
#20 - La azotea (2001), de Fernanda Trías
#20 - La mejor de las fieras humanas. Vida de Julio Herrera y Reissig (2010), de Aldo Mazzucchelli
#20 - Ojos de caballo (2003), de Henry Trujillo
Un vistazo en profundidad a los cinco primeros puestos
Aquí comienzo este «Diario de la beca». Hace meses que intento hacer algo por el estilo, pero me he evadido sistemáticamente. El objetivo es poner en marcha la escritura, no importa con qué asunto, y mantener una continuidad hasta crearme el hábito. Aquí comienzo este «Diario de la beca». Hace meses que intento hacer algo por el estilo, pero me he evadido sistemáticamente. El objetivo es poner en marcha la escritura, no importa con qué asunto, y mantener una continuidad hasta crearme el hábito.
En la construcción del mito literario, la gran novela póstuma que compendia las ideas y el sentir de un autor en un último aliento postmortem ocupa siempre un lugar de preponderancia en cualquier canon, y más aún: en la mente y el corazón de sus lectores. Si el siglo XXI en la literatura en español se abre definitivamente con la publicación de 2666 de Roberto Bolaño, en Uruguay el título homólogo tranquilamente podría ser La novela luminosa, incluso en su oposición. Este proyecto sobre el fracaso, la circularidad de la escritura, el hastío y el placer, la culpa y la pereza, los sueños, la lectura, el deseo, la carne, la enfermedad y el conocimiento dejó una brasa encendida en la narrativa vernácula y una ristra de cultores irredentos. Mario Levrero se drenó persiguiendo su novela definitiva y dejó constancia de ello en el mítico Diario de la beca, ese mamotreto que abre y eleva una de las novelas más grandes y expansivas que dio este país en las últimas décadas.
La primera vez que me declaré a mi madre, tenía tres años (según los biólogos, los primeros años de nuestra vida son los más inteligentes. El resto es cultura, información, adiestramiento). Yo tenía propósitos serios: pretendía casarme con ella. La primera vez que me declaré a mi madre, tenía tres años (según los biólogos, los primeros años de nuestra vida son los más inteligentes. El resto es cultura, información, adiestramiento). Yo tenía propósitos serios: pretendía casarme con ella.
Para Cristina Peri Rossi, las últimas décadas de su vida han estado marcadas por un re-enamoramiento de los lectores uruguayos para con su obra y la consolidación, a partir de más y más lecturas, de su lugar dentro del panteón nacional. Mucho tuvo que ver con esto el premio Cervantes que ganó en 2021 y también la simbiosis que entabló con la editorial HUM por estos lares, que la proyectó en librerías de todo el país y la región, y que está representada en su faceta más exitosa por una novela inolvidable: La insumisa. En ella, la escritora de 83 años radicada en Barcelona abre sus memorias de la infancia y primera juventud para darle forma a una historia que conmueve, que corrió como pólvora tras su publicación y que se convirtió en uno de sus títulos más leídos y referenciados, y con justicia.
Su muerte va a caer un 9 de febrero, para siempre dos días antes de mi cumpleaños. Alejandro tendrá 31 la madrugada de esa fecha cuya luz jamás verá y en la que de cuatro hermanos pasaremos a ser tres. Su muerte va a caer un 9 de febrero, para siempre dos días antes de mi cumpleaños. Alejandro tendrá 31 la madrugada de esa fecha cuya luz jamás verá y en la que de cuatro hermanos pasaremos a ser tres.
En ocasiones, el silencio puede ser deseable y hasta impulsar la explosión venidera, una que resignifique toda una carrera y dé un nuevo impulso para seguir. De hecho, si quedan dudas, no hay más que preguntarle a Daniel Mella, que pasó más de una década en un exilio literario autoimpuesto y que cuando su nombre empezaba a quedar asociado a una rebeldía juvenil de principios de siglo, volvió con dos libros brutales bajo el brazo: Lava y El hermano mayor. Fue el segundo, sobre todo, el que encadenó elogio tras elogio, que puso a la autoficción en el centro de la conversación y que consagró a Mella como uno de los grandes autores uruguayos contemporáneos. Este libro es la obra maestra de un escritor que esperó paciente, tomó aire y se tiró al agua como pocas veces alguien se atrevió.
Aquella noche la cara no era gris, como en la foto de Ramón Lago. Era verde botella. Aquella noche la cara no era gris, como en la foto de Ramón Lago. Era verde botella.
Es posible que una de las mejores "advertencias" que pueda recibir el lector neófito de Gustavo Espinosa es que, ante la apertura de cualquiera de sus libros, esté preparado para entrar a una tierra alucinada donde los universos colisionan y las explosiones tragicómicas y poéticas están a la orden del día. Eso es lo que sucede, elevado a la enésima potencia, en Las arañas de Marte, una novela donde el paisaje olimareño de Treinta y Tres abre la década de los setenta con un hachazo de glam rock, payadas, activismo adolescente, amores voluptuosos, resistencia sanguinolenta y las fauces del fascismo tragándose la luz. Si Espinosa se convirtió en un nombre imprescindible de la literatura uruguaya de hoy, en buena medida se lo debe a este título.
Sucede. Hay días en los que Werner amanece borracho de inspiración. Puede ser cualquier día. Despierta entre las once y las doce y una sucesión de escenas perfectamente ensambladas desfila por el ojo inquieto de su mente, que no solo ve, también escucha y absorbe colores, texturas, sabores. Sucede. Hay días en los que Werner amanece borracho de inspiración. Puede ser cualquier día. Despierta entre las once y las doce y una sucesión de escenas perfectamente ensambladas desfila por el ojo inquieto de su mente, que no solo ve, también escucha y absorbe colores, texturas, sabores.
Un meteorito. Esa puede ser la definición que mejor se ajusta a la aparición de Mil de fiebre en el mapa de las letras uruguayas. En 2018, cuando se publicó, el nombre de Juan Andrés Ferreira estaba vinculado casi en en exclusiva al periodismo cultural, pero a partir de allí pasó a ser, casi de forma indivisible, la firma detrás de esta novela inclasificable, gigantesca, maximalista, desmesurada, grotesca y genial. Como una especie de Broma infinita vernácula, las andanzas de sus dos personas principales, el delirante Werner y el melancólico Luis, quedaron incrustadas en la corteza prefrontal de cada uno de los lectores que llegaron a ella. Un tour de force inolvidable y paradigmático.
Los días de niebla el puerto se convertía en un pantano. Una sombra cruzaba la plaza, vadeando entre los árboles, y al tocar cualquier cosa iba dejando las marcas alargadas de sus dedos. Bajo la superficie intacta, un moho silencioso hendía la madera; la herrumbre perforaba los metales. Todo se pudría, también nosotros. Los días de niebla el puerto se convertía en un pantano. Una sombra cruzaba la plaza, vadeando entre los árboles, y al tocar cualquier cosa iba dejando las marcas alargadas de sus dedos. Bajo la superficie intacta, un moho silencioso hendía la madera; la herrumbre perforaba los metales. Todo se pudría, también nosotros.
Pocos títulos uruguayos tuvieron una explosión internacional como el que tuvo Mugre rosa en los últimos años. Esta novela distópica y paradojalmente homóloga a la pandemia —profética, si se quiere, al ser escrita antes de la masificación global del Covid— le dio alas a Fernanda Trías para convertirse en la firma uruguaya con mayor proyección actual y uno de los nombres que están poniendo a la literatura latinoamericana en el centro de la conversación mundial. El entusiasmo —que incluye múltiples traducciones y la distinción de haber ganado premios como el Sor Juana Inés de la Cruz en México y ser finalista del National Book Award en EEUU— no fue casualidad: esta historia hipnótica evidencia a una escritora en su momento de mayor madurez creativa.
Los autores más votados
Las lista de los diez autores más votados está encabezada, como era previsible, por el olimareño Gustavo Espinosa. Su presencia al frente se adelantaba por tener dos libros dentro del top 10 —Las arañas de marte y Carlota podrida—, pero además por estar consolidado como uno de los narradores más leídos y venerados del medio.
El resto de la lista sigue, a grandes rasgos, la tendencia de la lista de los libros más votados: una presencia fuerte de Levrero, Trías, Estramil y Peri Rossi, con la excepción de la aparición de la poeta Circe Maia entre los diez, que muestra la preferencia que también tienen sus obras.
El panorama en la lista de autores con mayor cantidad de libros votados es totalmente diferente.
En este ranking el liderazgo lo tienen aquellos nombres con más cantidad de obra publicada, entre los que se destacan de nuevo Mercedes Estramil, pero también dos nombres que no aparecen en el resto de las listas, y que tampoco tuvieron libros entre los títulos más votados: Felipe Polleri y Roberto Echavarren.
Espinosa vuelve a mostrar una presencia importante en esta categoría con cinco libros votados —todas las novelas que publicó durante su carrera tuvieron por lo menos un voto—, y encuentra una paridad con su amigo Amir Hamed y Roberto Appratto.
Detrás de ellos, varios de los que ya aparecieron antes y forman parte del ranking principal, pero también nombres nuevos: Dani Umpi, Pablo Casacuberta, Ramiro Sanchiz.
Paridad de género en los autores
Si bien la lista de electores fue prácticamente paritaria —votaron 65 mujeres y 62 hombres—, y a pesar de que en los últimos años la literatura escrita por autoras ha tenido una inyección de nombres, ediciones, traducciones y espacio en librerías, la distancia entre los votos recibidos por los libros firmados por hombres y los firmados por mujeres fue amplia.
La división en géneros literarios
Fue también considerable la distancia que sacó la narrativa frente a los otros géneros literarios, que representó el 63% de los libros votados (172 títulos de un total de 274).
De todos modos, hubo una buena representación de ensayos y de textos poéticos, dos de ellos incluidos dentro del top 20: La mejor de las fieras humanas. Vida de Julio Herrera y Reissig, de Aldo Mazzucchelli yObra poética, de Circe Maia.
Hubo un único texto dramático votado: Tebas Land, del dramaturgo Sergio Blanco.
La representación geográfica y editorial
Si los votos se dividen entre los títulos escritos por autores nacidos en el interior del país y los nacidos en Montevideo, las preferencias se inclinan por la literatura hecha desde la capital.
Una aclaración: a los efectos de la simplificación, para elaborar esta gráfica se tomó a los autores extranjeros radicados en Montevideo como montevideanos —como los casos de los argentinos Carlos María Domínguez, Manuel Soriano o Elvio Gandolfo, entre otros—.
Hay, además, una predominancia clara de libros publicados por editoriales independientes sobre aquellos publicados por grupos multinacionales, lo que tiene sentido dada la configuración del mercado editorial uruguayo.
Entre los 22 títulos más votados, solo 6 fueron publicados originalmente por un grupo editorial. De los 16 de edición independiente, 9 fueron publicados originalmente por Hum/Estuario, 2 por Criatura y 1 por Fin de Siglo, Trilce, Artefato, Pez en el Hielo y Rebeca Linke Editoras.
Los 274 libros que recibieron al menos un voto