Lito Vitale: Son años de amistad, de complicidad y de compañerismo y compartir cosas que nos gusta. (Lo de bodas de coral) es un chiste, pero nosotros creemos que nuestra relación sí es amorosa. No de pareja, pero es de mucho amor por supuesto.
Juan Carlos Baglietto: Aunque alguna gente piensa que somos pareja.
LV: Pero tiene que ver con eso, con reafirmar este tiempo compartido, con contarle a la gente que la pasamos muy bien, que esto es de verdad, que cada proyecto que hacemos lo vivimos con mucha alegría y compromiso.
Bodas de coral es el disco que sacaron hace un tiempo, y ahora un show...
JCB: Dijiste disco y es verdad. Venimos diciendo álbumes porque los discos habían desaparecido. En este caso hay un vinilo, entonces sí hay disco, como antaño.
Tiene una carga importante la idea de la materialidad de la música, ¿no?
LV: Sí, el concepto de poder escuchar un disco completo, por lo menos tener la curiosidad de por qué los músicos, los artistas del álbum, pusieron tal tema después de tal tema y qué sentido tiene. Y lo mismo en el show. Nosotros le damos mucha bola al orden. El show obviamente tiene estas canciones y muchas más también que hicimos juntos, como los tangos, canciones de Juan que reversionamos.
¿Qué tiene que tener una pareja musical para mantenerse 35 años a flote y no terminar a las trompadas en el camino?
JCB: En principio debe existir el respeto. En nuestro caso, creo que, además de que existe ese respeto somos amigos y compartimos cosas que no tienen que ver solo con subirse al escenario, sino que tienen que ver con coincidencias abajo del escenario. Por otro lado, tiene que haber un cierto grado de admiración hacia el laburo del otro, entender que el otro te completa. Por eso somos un dúo, somos un equipo. No somos un pianista que acompaña a un cantante o un cantante que se le mete por la ventana al pianista, ¿viste? Y en nuestro caso eso se verifica, nosotros la pasamos muy bien juntos y seguimos eligiéndonos. Hacemos otros proyectos, compartimos cosas con otros artistas, y siempre volvemos al dúo.
LV: Muchas veces que nos proponen cosas por separado, o sea, si me proponen un evento con un cantante pienso "me gustaría que esté Juan", y si él tiene alguna apuesta o así, por lo general trata de que yo sea el productor musical, a veces lo logramos y a veces no, pero nos gusta así, la disfrutamos mucho. Hay una gran admiración y sentirnos cómodos con lo humano y lo artístico.
¿Qué imágenes tienen de 1991, el año en que este proyecto empezó a transitar su camino?
LV: De todo. Hay mucho de compartir con nuestras parejas. De hecho, él me casó en mi segundo matrimonio.
JCB: Casi prendo fuego todo.
¿Cómo?
JCB: Sí, porque se me ocurrió hacer una ceremonia de la transmisión del fuego, que tiene que ver con un texto de Eduardo Galeano. Y no tomé en cuenta dos o tres detalles. Por ejemplo, que el salón tenía el techo estaba a dos metros y medio, era un cielo raso blanco que quedó negro del humo de las antorchas que armé con gasoil. Después no sabía ni cómo apagarlas, nos superó, digamos. Pero la intención era buena. Y salió todo bien.
LV: Toda la gente emperifollada quedó con los agujeros de la nariz negros. Eso fue en el 92.
JCB: Eso fue en el 92. En el 91 nació Juliancito (Baglietto, su hijo). Y es coincidente con la presentación del disco. Así que yo iba de la maternidad al teatro. Y nada, estuvo buenísimo. A la última función que hicimos vino ya la mamá de mi hijo mayor.
Fueron dos nacimientos en simultáneo, ¿no?
LV: Exacto. Compartimos mucho. Y además somos amigos desde mucho antes.
JCB: En el 78 nos conocimos.
LV: Juan se vino a vivir a Buenos Aires en el 78.
La simbiosis musical era casi inevitable, entonces.
LV: Sigue funcionando para nosotros. La pasamos muy bien. Sabemos qué uno puede tomar del otro, cómo puede rendir más, qué canciones elegimos para que Juan pueda comunicar como lo hace. Es mágico y es bestial. Y así andamos y nos va muy bien. Por suerte, más que como dice Juan, siempre tenemos la herencia de nuestro público que nos sigue eligiendo y en Uruguay especialmente. Nos encanta tocar aquí en Montevideo, así que será un buen encuentro.
El disco y el show anuncia que cantan "canciones de amor". Pero han dicho que al principio tenían algunos prejuicios en torno a ese tipo de canciones. ¿Es así?
JCB: Absolutamente. Hemos sido muy prejuiciosos, yo por lo menos lo he sido. Y desde el lugar que uno creía tener en el rock, mirábamos de costado a algunas canciones y a ciertos artistas, porque a las canciones de amor en algún momento las considerábamos un género menor. Después con el paso del tiempo uno termina entendiendo que hay obras maravillosas y que si no abre la cabeza se pierde infinidad de cosas. Pero además es casi un proceso natural. También los hijos, por lo menos en mi caso, me agrandaron un poco la visión haciéndome escuchar cosas que yo naturalmente no he escuchado.
¿Y qué tiene que tener una buena canción de amor?
LV: Profundidad en la música y las letras, en las melodías, en la dinámica de las canciones. Cartas amarillas, Penumbras, varias tienen estribillos que van arriba con todo, y eso Juan lo vive y lo transita de una manera impresionante. Palabras profundas que tienen que ver, en muchos casos, con los desengaños amorosos, que son puñales que empezamos a vivir a partir de los 25 y demás, que es cuando vas entendiendo mejor lo que sucede con el sufrimiento de un amor que se va, o en cambio con un amor que te marcó, que te quedó travesado en el corazón. Buscamos que sean canciones buenas y que tengan que ver con nuestra línea. Nosotros no nos sentimos cómodos en la música más de la joda, más superficial. Siempre estuvimos en esta cosa más de escuchar, no solo en línea con lo popular sino también con cierta profundidad.
¿Cómo se llevan con los artistas nuevos que están dominando la escena de la música argentina? ¿Los escuchan? ¿Los siguen?
LV: Yo la paso bomba y los adoro a todos.
JCB: Supongo que será generacional. Hay cosas que me pasan más lejos. Son códigos de comunicación distintos. No se puede pensar que los códigos de comunicación, valga la redundancia, sean siempre los mismos y que se verifiquen a través de los años. Yo creo que hay edades para cada forma de comunicarse. Después hay cosas que son universales y que atraviesan todo eso, pero respeto y admiro a muchos de los artistas nuevos, a muchos de los artistas más jóvenes, que tienen además un nivel de penetración y de llegada que nosotros no tuvimos ni siquiera en nuestro momento de mayor auge. Las redes colaboran con eso. No todos me gustan, pero hay muchos que sí me gustan. Pero no hay grieta en la música, la música no sirve para dividir, sino para unir.
Si tuvieran que subir a algunos de ellos a este show con ustedes, ¿quiénes sienten que están más en sintonía?
LV: Penumbras con Nicky Nicole lo podría hacer él perfectamente, un dueto espectacular. O María Becerra también podría cantar el dueto con Juan y Lucía perfectamente. Tiago PZK podría cantar Amándote con Nicky.
JCB: Tiago canta bien, canta muy bien.
LV: Trueno podría hacer algún rapeo en algún momento de alguno de los temas. Todos son muy profundos y muy amplios. Yo me vi los Tiny Desk de todos, completos. Me encantaron todos. Me encantaron el de Trueno, el de Milo J, ni hablar de Paco y Catriel. Me parece que son grandes artistas. El de Nicki Nicole es precioso. Yo creo que muchos están mucho más cerca de lo que en general el público piensa. Lo que pasa es que, como decía Juan, se manejan en lógicas muy enormes.
JCB: Sí, es tremendo. Yo participé como representante de uno de los extremos de la cultura rosarina en un show conjunto con Nicky Nicole. Nosotros tocamos antes de ella y había 250 mil personas. Era tremendo ver con esta diferencia animal que hay de edades, que el público pudiera disfrutar y cantar y participar activamente de algunas de las canciones que cuando las grabamos esas personas no estaban ni siquiera en ser proyectos de seres humanos. Y fue maravilloso, un gran gesto de confraternidad, de amplitud, de entender esto que la música solamente puede servir para unir.