En medio del dolor generalizado provocado por los feroces sismos que golpearon a Venezuela que ya llevan más de 2.500 muertos, una conmovedora historia entrelazó la tragedia humanitaria con la solidaridad del deporte de élite. Andrés Mieles, un niño venezolano que sobrevivió milagrosamente tras quedar atrapado bajo las estructuras colapsadas, recibió un inesperado mensaje de aliento de su máximo ídolo: el astro portugués Cristiano Ronaldo.
El histórico delantero grabó un video exclusivo para invitarlo formalmente a presenciar uno de sus encuentros oficiales una vez que su cuadro de salud se estabilice.
Cómo fue el caso de Andrés en Venezuela
El caso de Andrés conmovió profundamente a los internautas en las plataformas digitales en los últimos días.
El pequeño fue rescatado de entre los escombros con gravísimas heridas en sus miembros inferiores, lo que derivó en la inevitable amputación de una de sus piernas.
Además del enorme sufrimiento físico, el menor atraviesa un devastador drama familiar, ya que perdió a todos sus seres queridos en el colapso del inmueble. En medio de su internación, se viralizó un tierno pedido de Andrés, quien expresó que su único anhelo hospitalario era conseguir la figurita de Cristiano Ronaldo para poder completar el álbum del Mundial 2026.
La petición no tardó en llegar a oídos del futbolista de Al Nassr y que viene de ganarle agónicamente con Portugal 2-1 a Croacia para clasificar a cuartos de final en los que enfrentará a España y este le envió un mensaje por video.
"Hola, Andrés, ¿qué tal? Hago este video para mandarte un abrazo. Sé que eres súper fan. Cuando te pongas bien, te quiero invitar a ver un partido mío para disfrutar. Me encantaría conocerte. Un abrazo, amigo", manifestó afectuosamente el astro portugués.
Las imágenes del niño sonriendo desde la camilla clínica al observar la pantalla del teléfono celular que le mostraban los médicos -que terminaron aplaudiendo- dieron la vuelta al mundo.
Mientras Venezuela asimila las consecuencias de la catástrofe climática, la generosidad de la estrella lusitana funcionó como una caricia indispensable para reconstruir la ilusión del pequeño Andrés.