Puede que haya sido porque la atención estaba puesta en el brote de sarampión en una pequeña comunidad no vacunada de Río Negro. Puede que haya sido porque en Uruguay ya se había decretado la bajada, esa especie de letargo estival que empieza en diciembre y se extiende hasta marzo. Puede que haya sido por el hastío que a algunos les trae el hablar de inmunización tras la pandemia de Covid-19. Pero en esta bisagra de año pasó casi desapercibida una máxima: los virus —que no conocen de pasaporte— mutan y a la par lo deben hacer las políticas sanitarias.
El Ministerio de Salud Pública de Uruguay prefirió la cautela mientras estudiaba si el brote de sarampión importado desde Bolivia hasta San Javier ponía fin, tras 26 años, al título de “país libre de transmisión endémica” de uno de los virus más contagiosos. Cada enfermo infecta, en promedio, a entre 12 y 18 personas no vacunadas. Más que triplica al Sars-Cov-2.
¿Sars-Cov-2? El nombre de este virus ya no ocupa las principales noticias. Pero en una reunión que la comisión asesora de vacunas mantuvo en diciembre se dejó en claro: este patógeno “continúa representando un problema de salud pública”.
Desde junio de 2025 se ha observado que predominan algunas variantes, casi todas ellas mutaciones de la ya conocida Ómicron que había frustrado las vacaciones de muchos veraneantes en aquel recordado enero de 2022.
Las variantes Nimbus y Stratus o Frankenstein han sido detectadas en pacientes en Uruguay. En julio, algunas de las nuevas variantes fueron encontradas en las aguas residuales. Y aunque las hospitalizaciones no han abarrotado las unidades de cuidados intensivos, se reportó la muerte de un menor de un año con covid-19 y otras tantas en adultos mayores (grupos prioritarios).
Por eso, por unanimidad, la comisión con la anuencia del Ministerio de Salud Pública pidió un cambio en la vacunación contra el covid-19 con una vacuna adaptada a la subvariante Omicron LP.8.1 (que daría mejor inmunidad para Nimbus y Frankestein, entre otras).
En el final de esta nota se explica quiénes deben vacunarse según la recomendación oficial. Pero antes otro cambio: la vacuna de la gripe.
El periódico estadounidense The New York Times, no acostumbrado a las adjetivaciones, tituló a mitad de diciembre: “Los investigadores se están preparando para una temporada brutal” de gripe, a raíz de una mutación en la rama genética de un virus que no solía mutar: la “variante K” (que es la nueva) de la influenza A (H3N2).
Los virus de la influenza (gripe) suelen cambiar, por eso las vacunas se actualizan cada año. De hecho, la influenza A, pero en su tipo H1N1, venía mutando con cierta asiduidad. No así la H3N2. Pero el cambio —esta aparición del subclado K— dejó a muchos hospitales en Reino Unido al borde del colapso y, sobre todo, adelantó la epidemia de gripe antes de los fríos más intensos del invierno.
Uruguay, aprovechando que está en el hemisferio sur y en época en que los virus de la gripe no circulan en su máxima expresión, le pidió a la Organización Panamericana de la Salud que traiga para la temporada 2026 las vacunas lo más actualizadas y con mejor cobertura que las actuales con la H3N2. Eso no evitaría necesariamente el contagio, pero sí la gravedad de la enfermedad.
Y dentro del pedido se solicitó la entrega de las dosis, que se compran con el Fondo Rotatorio, en febrero (suelen llegar en marzo). De esta manera la intención de la cartera es dar inicio a la campaña contra la gripe en marzo y con las vacunas actualizadas.
La relevancia de la comunicación de las campañas vacunatorias, y sobre todo la adhesión poblacional, también volvieron a poner sobre la mesa si, para algunas vacunas, sería deseable volver a vacunar en los centros educativos. Eso tiene la ventaja, previa autorización de los padres, de alcanzar mejores coberturas. Y la desventaja de una logística que se fue desarmando en la pandemia cuando se evitaban las aglomeraciones.
A los 11 años, por ejemplo, se vacuna con la Triple bacteriana acelular (dpaT), el Virus del papiloma humano (VPH) y Meningococo. Una edad en que los niños antes se vacunaban en la escuela (de hecho la campaña “Chau Sarampión” de 1998 fue efectiva gracias a la llegada universal en los centros educativos).
A continuación las recomendaciones sobre la vacuna contra el Sars-Cov-2 (Covid-19):