24 de noviembre de 2011 15:53 hs

Disminuir la cantidad de delitos “no depende” de la Policía. Robar no es “socialmente censurado como era antes”, sino que en algunos barrios “muchas veces es festejado”. Son declaraciones que el jefe de Policía de Montevideo, Diego Fernández hizo este jueves al semanario Búsqueda.

Para explicar su teoría, el titular de la Policía de Montevideo señala que la causa del aumento de los delitos “es directamente cultural”, fenómeno que se refleja en la cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan, sino que “optan por delinquir”.

Néstor Ganduglia, psicólogo social, director de Signo Centro Interdisciplinario dijo a El Observador que comparte las declaraciones de Fernández en el sentido de que “es cierto que en el país se ha subestimado la dimensión cultural del problema”, pero no respecto a que la Policía ya no puede hacer nada más al respecto, porque “eso tiene algo de resignación”.

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“La pobreza que tenemos hoy no es la misma que teníamos en los años 60 ó 70. Actualmente tenemos generaciones enteras que nacieron bajo la línea de pobreza y eso termina por configurar necesariamente la cultura de pobreza”, explicó el experto, quien agregó que la misma se caracteriza por “la dependencia del Estado, una cierta aceptación del hecho de que no es buscando trabajo que se va a sobrevivir y en la generaciones más jóvenes, la idea de que delinquir es una señal de prestigio”.

Esta idea es parte de “los recursos de supervivencia que los sectores (más pobres) han generado”. “Delinquir y delinquir en escalas cada vez mayores se transforma en una señal de prestigio, de cierta escala. Y ya no es un problema de estos sectores exclusivamente, es un problema del conjunto de la sociedad”.

En este sentido, Ganduglia manifestó la preocupación de algunas personas que viven en los barrios estigmatizados como el Borro, ya que aducen que a la hora de buscar trabajo, no pueden decir dónde viven porque sino no lo consiguen.

Esta realidad es preocupante, afirmó, porque así como “la pobreza genera estigma, el estigma multiplica la pobreza” y ante esto “los jóvenes salen a buscar salidas más rebeldes como la trasgresión de la ley, bajo la idea de que es el orden legal lo que los condena a sufrir el estigma”, señaló.

El psicólogo social adelantó que la solución del problema no pasa entonces “apostando a la represión”, si no a través del abordaje de los problemas culturales que es esconden detrás de esta realidad.

En este sentido, consideró que lo más importante es comenzar a aplicar políticas sociales que reconozcan que la pobreza “ya no es una cuestión económica”, que se solucione con “aportar recursos para la supervivencia”. El problema así enfocado “genera dependencia y desesperación”, afirmó.

La salida, según Ganduglia, está en la aplicación de políticas sociales que aborden el asunto y “generen un cambio cultural y suba el autoestima” de las personas que se hallan en situación de pobreza. “Que se den cuenta que por sí mismos - con trabajo, estudio y valorando a la persona - son capaces de salir adelante”, explicó.

El experto señaló que esto significa pensar políticas que no parten de las carencias, sino de lo que la sociedad tiene. En el caso de Uruguay, apuntó que los estratos sociales más pobres todavía conservan herencias culturales importantes para el país, como son todas las nociones, costumbres y valores de la vida en el campo.

Esto se debe a la gran migración del campo a la ciudad que durante años vivió el país. “Cuando estas personas llegaban a la ciudad se daban cuenta que todo lo que sabían de campo y sabían aplicarlo, en la ciudad no les servía y debían adquirir nuevos conocimientos para sobrevivir”. Esto genera frustración y falta de autoestima.

Por lo tanto, si se quiere cambiar esta concepción positiva del delito, Ganduglia afirmó que lo primero que se debe hacer es “pensar estrategias que sirvan para fortalecer el autoestima de estas personas porque sin autoestima no hay esperanza”, remarcó.

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