Décadas atrás la izquierda latinoamericana daba pasos firmes en la escalera electoral aguijoneando a los gobiernos de centro o de derecha a quienes hacía responsables de actos de corrupción, clientelismo político, y los acusaba de solo tener cerebro para maquinar ajustes fiscales para poder financiar rápidamente a un Estado despilfarrador. Muchos de esos ataques resultaron casi axiomáticos –no todos, claro– y partidos socialistas de la región atraparon votos con la misma facilidad con la que buenos pescadores capturan a miles de sardinas en una red de cerco. Pero hoy la izquierda está bebiendo una cucharada de su propia medicina.
"El problema es la realidad"
Hoy la izquierda está bebiendo una cucharada de su propia medicina sobre la corrupción