29 de mayo 2015 - 10:32hs

Décadas atrás la izquierda latinoamericana daba pasos firmes en la escalera electoral aguijoneando a los gobiernos de centro o de derecha a quienes hacía responsables de actos de corrupción, clientelismo político, y los acusaba de solo tener cerebro para maquinar ajustes fiscales para poder financiar rápidamente a un Estado despilfarrador. Muchos de esos ataques resultaron casi axiomáticos –no todos, claro– y partidos socialistas de la región atraparon votos con la misma facilidad con la que buenos pescadores capturan a miles de sardinas en una red de cerco. Pero hoy la izquierda está bebiendo una cucharada de su propia medicina.

Un buen ejemplo de ello es el ascenso del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva, en 2002.

Fernando Collor de Mello fue electo presidente entre el 15 de marzo de 1990 y el 29 de diciembre de 1992, cuando aún no había cumplido 41 años de edad. El joven presidente llegó al gobierno con una estricta agenda liberal, inspirada en el Consenso de Washington: disciplina macroeconómica, apertura de la economía, menos barreras arancelarias, reducción del gasto público, privatización de empresas públicas. La ciudadanía estaba encantada con Collor de Mello y su programa de gobierno. Pero en poco tiempo todo se derrumbó. Collor de Mello cayó en setiembre de 1992 acusado de corrupción política, tráfico de influencias y de sobornos o intento de soborno a empresarios y altos funcionarios públicos.

Durante la administración de Collor de Mello, Lula emprendió una dura ofensiva contra las políticas neoliberales. En oposición, el PT planteaba aumento de salarios, mejor edistribución de la riqueza, una reforma agraria... Y por supuesto, Lula fue un activo participante en las movilizaciones contra Collor de Mello.

Luego vinieron los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, que en términos generales mantuvo el plan liberal de su antecesor, aunque con una actitud proba en el ejercicio del poder. Cardoso tuvo un éxito relativo con su famoso Plan Real para atacar los problemas inflacionarios y cambiarios. Pero no pudo resolver las dificultades en el frente fiscal y comercial. Al año 2002, el Plan Real había derrotado la inflación, pero la tasa de crecimiento había disminuido como consecuencia del estancamiento, el país acumulaba una abultada deuda... y el salario real era bajo.

En ese marco fue que Lula llegó al gobierno. Había perdido varias veces contra Cardoso, pero finalmente, le pudo ganar, tras consolidar una coalición de izquierda contra el "neoliberalismo" y la "globalización", y asumir el compromiso de no hacer locuras radicales de izquierda. El electorado, cansado de ajustes y crisis económica, lo recibió con los brazos abiertos y hasta le renovó el mandato. Su gestión contribuyó a que su delfín y sucesora, Dilma Rousseff, también repitiera dos períodos de gobierno.

Pero hoy el gobernante PT enfrenta críticas muy fuertes por hechos de corrupción, algunas comparables con las que recibió entonces Collor de Mello, y también por un duro paquete fiscal para enderezar la economía que impulsa el gobierno, comparable con las medidas que se aprobaron durante el ciclo de los gobiernos "neoliberales".

El miércoles 27, un grupo de jóvenes opositores al gobierno entregó al Congreso un pedido de impeachment contra la presidenta Rousseff por el escándalo de corrupción en Petrobras. Ya había habido multitudinarias protestas, el domingo 15 de marzo, cuando miles de manifestantes salieron a las calles en todo Brasil para protestar contra el gobierno y algunos de ellos exigiendo la destitución de la presidenta. Si el PT hubiese estado en la oposición, ¿no hubiese participado de las movilizaciones como lo hizo en su momento contra Collor de Mello?

También esta semana, el Senado dio sanción definitiva –39 votos contra 32– a una parte de un controvertido paquete de ajuste fiscal con el que busca encauzar las cuentas públicas. El paquete fiscal endurece los requisitos para acceder al seguro de desempleo y otros beneficios de los trabajadores en el marco de un programa económico de austeridad. Hace 13 años, el ahora gobernante PT ¿no hubiese rechazado las medidas económicas de Rousseff por "neoliberales"?

Al PT en Brasil, y a otros partidos de izquierda en posición de gobierno en la región, le está ocurriendo lo que el expresidente José Mujica le dijo a la BBC el 3 de diciembre de 2014: para el socialismo, "el problema es la realidad, porque no hacemos lo que queremos, hacemos lo que podemos dentro del margen de la realidad"

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