Los basquetbolistas, Federico Álvarez y Marcos Cabot, amigos de muchos años y compañeros en Defensor Sporting, salieron el domingo 18 como el día anterior en su kayak mar adentro en Punta Colorada, Maldonado, sin saber y ni siquiera imaginarse, que esa actividad que hicieron por hobbie, pudo transformase en la historia de sus vidas.
“Salimos cerca de las 8:30 de la mañana, nos metimos y frenamos porque vimos que algo andaba mal. Cuando quisimos emprender la vuelta, porque veíamos que nos estábamos yendo lejos, se nos dio vuelta el kayak que estaba pinchado. Logramos ponerlo a flote pero sucedió de nuevo. Vimos que entraba mucha agua al bote y nos dimos cuenta que era imposible que estemos los dos arriba…” expresó Federico Álvarez a El Observador.
Así comenzó el periplo de estos deportistas que pasaron horas difíciles y que tuvieron que tomar una decisión para salvar sus vidas: “Marcos, se quedó en el barco remando y yo nadando desde abajo, pero cuando quisimos acordar estábamos más en lo hondo. Ahí vimos que la única alternativa era que alguien vaya hasta la costa y avisara de la posición del otro. Ninguno de los dos sabemos nadar muy bien, pero Marcos no se animaba a ir, y estaba muy nervioso, por eso decidimos que fuera yo” a lo que agregó: “La decisión la tuvimos que tomar muy rápido porque cada segundo que pasaba estábamos más metidos mar adentro. Iba a ser muy difícil salir de ahí”, indicó el “Gusanito” Álvarez sobre el inicio de la historia que hasta ese momento compartía con su amigo.
Ahora, solo, con el salvavidas como única compañía en la lucha contra el mar, se lanzó a nadar para llegar a tierra firme, para salvar su vida y la de Cabot que quedó junto al bote con su chaleco: “Se me hizo muy difícil, la corriente y nadar de chaleco salvavidas, hicieron que por momentos no avanzara o incluso retrocediera. Me llevó llegar a tierra unas 6 o 7 horas”.
El jugador de Defensor Sporting no sabe cuál fue la distancia que recorrió, debido a que nadó en muchas ocasiones sobre los mismos lugares, pero si que tuvo de cierto modo, un poco de suerte. La “gente que sabe” según sus palabras, le hizo saber que allí hay dos tipos de corrientes: “Una que te lleva hacia mar adentro y otra hacia el este”. En un momento la misma cambió y esta última fue la que le permitió llegar a la orilla. Claro, a un balneario y medio de donde el había salido, en una playa de Punta Negra, cerca de la ex discoteca: Moonlight.
El esfuerzo no solo es físico, al frío del agua, el sol y el cansancio muscular, se le suma la lucha con lo psicológico de varias horas a la deriva pensando en sobrevivir: “Se te pasa toda tu vida por delante. Tu familia, tu novia, y Marcos. Pensaba mucho en como estaba él. Pasé por millones de etapas, pero lo que te lleva a seguir son las ganas de sobrevivir y de salvar la vida de tu amigo” expresó Álvarez sobre ese momento en el que hizo valer su valentía.
El joven de 24 años abordaba a la costa cuando recibió ayuda de personas allí presentes: “Estaba por llegar, y Germán, un muchacho que estaba con su novia vio que algo raro pasaba y se acercó. Él se metió al agua y me ayudó a salir. Le estoy muy agradecido. Me brindó todo, agua, comida y me comunicó con mi familia y la Prefectura”.
Luego de una hora y media de búsqueda intensa, por agua y por aire, y luchando contra el tiempo, ya que de hacerse la noche la misión se vería suspendida, la guardia de la costa fernandina, encontró a Marcos Cabot, su amigo que estuvo aproximadamente 8 horas sobre el bote a la deriva: “Cuando lo vi, nos dimos un abrazo muy emotivo. El es muy amigo y estaba muy mal. Hasta el momento que apareció estuve nervioso. Luego nos hablamos y nos contamos todo, pero me lo guardo. Ambos tenemos mucho por vivir y básicamente hacíamos fuerza el uno por el otro, aforrándonos a nuestras familias, que antes de que yo llegara ya habían avisado a la prefectura de nuestra ausencia”.
La mala suerte que tuvieron los hizo pasar momentos que seguramente nunca olviden. El final fue feliz, y ambos, pese a sufrir problemas físicos, que pasan sobre todo por quemaduras solares, se encuentran bien. De todas maneras Álvarez es conciente de que lo que vivió: “Es como volver a nacer. Se te pasa toda la vida por delante” concluyó el Gusanito.