Por estos días vuelven a resonar aquellas palabras que presagiaban una futura desintegración de Irak, un país constituido en 1920 a partir de tres etnias distintas y con características tan diversas que desde un primer momento amenazaban con estallar como misiles. La estabilidad tuvo su precio y resistió durante años, pero ahora se resquebraja a toda velocidad.
Ayer The Daily Beast recordó que en 2006 el entonces senador (y hoy vicepresidente) Joe Biden escribió un artículo editorial en el que recomendó un sistema federal para Irak similar al que se aplicó para la disolución de Yugoslavia, con amplia autonomía para cada una de las partes. Su idea no tuvo ninguna trascendencia pero el tiempo permite hoy ver que no hubiera sido una mala opción, pues por estos días se constata el fracaso de lo que los presidentes George Bush y Barack Obama intentaron hacer en Irak: sostener a un gobierno central firme que procurara la unidad a toda costa.
El esquema de unidad a presión funcionó mientras hubo una dictadura e incluso durante algunos años más. Pero ya no es aplicable y en eso coinciden varios analistas y expertos en Medio Oriente por estas horas, cuando los extremistas del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL, principalmente sunitas) avanzan por el país ante un ejército nacional que se rinde con inédita facilidad. Las grietas entre los tres grupos étnicos del país se hacen cada vez más profundas.
De un lado están los chiitas, que cuentan con el apoyo del gobierno, pues a este bloque pertenece el primer ministro Nuri al Maliki. El principal apoyo que tiene el mandatario iraquí es de Irán, donde la chiita es la confesión musulmana de la mayoría. El gobierno de aquel país se plantea enviar ayuda militar a Irak y hay rumores de que podría integrar una alianza de ayuda nada menos que con Estados Unidos (ver nota aparte).
Otro grupo es el de los sunitas, principales integrantes del grupo terrorista EIIL. Muchos de ellos eran partidarios del derrocado Saddam Hussein y están cansados de lo que denuncian como favoritismo del gobierno hacia los chiitas. Su revolución es contra el gobierno central de Bagdad y tiene el apoyo de Arabia Saudita, donde gobierna una monarquía saudita que acusa a Al Maliki de “fomentar políticas sectarias”.
Al margen de los chiitas y sunitas están los kurdos, que viven en la región autónoma iraquí del Kurdistán y que desde hace años mantienen una suerte de paz armada con el gobierno de Bagdad. En las últimas horas hicieron movimientos en distintos sentidos, pues la semana pasada asumieron el control militar de la ciudad disputada de Kirkuk (lo que se podría interpretar como una agresión al gobierno), pero ayer se pusieron a disposición de Bagdad para colaborar en la lucha contra los extremistas.
Con aires de independencia
La actitud de los kurdos es prácticamente la de quienes se consideran una nación aparte, algo que los expertos pronostican que acabará consolidándose. Ejemplo de esto son las declaraciones que hizo a la prensa de EEUU Qubad Talabani, recientemente designado como viceprimer ministro kurdo e hijo del presidente iraquí Jalal Talabani. “Irak, en cierto sentido, se separó de nosotros. Geográficamente, casi que tenemos que cruzar un país para llegar a Bagdad”, comentó, en referencia a la zona dominada por los sunitas. “Tenemos que atravesar un territorio que está gobernado y asegurado por fuerzas que no son leales al gobierno federal de Bagdad”, agregó.
Espiral de odio
A las diferencias entre las partes se le suman ahora el odio y la radicalidad destapados en un primer momento por los yihadistas del EIIL. El grupo difundió fotografías de una supuesta matanza de 1.700 personas que sería la mayor de las cometidas en los últimos años en la región, incluso peor que la perpetrada con armas químicas en Siria en agosto, cuando fallecieron 1.400 personas. Pese a que las fotos parecen reales, no se han encontrado los cuerpos y por eso no se puede asegurar que no sea una propaganda intimidatoria.
En todo caso, vale destacar que las mentadas fotografías están acompañadas de descripciones que incitan al odio de los sunitas contra los chiitas. “Este es el destino que aguarda a los chiitas que Nuri al Maliki ha traído para luchar contra los sunitas”, dice uno de esos textos. “Así liquidamos a los chiitas que huyen” o “matamos a los cerdos chiitas de a cientos”, dicen otros.
Un ataque sectario sí confirmado es el perpetrado el sábado por el EIIL contra 12 imanes en frente de la mezquita de Al Israe, en la ciudad de Mosul. Según trascendió, los religiosos fueron ejecutados después de haberse negado a jurar lealtad a los extremistas.
Cuesta pensar que después de tanto odio las facciones vuelvan a funcionar unidas. Aunque ahora es imposible afirmarlo, no es una locura pensar que a la larga el senador Biden y su propuesta de regiones autónomas podían haber sido la solución.