El presidente argentino, Alberto Fernández, sigue imperturbable en su prédica frente a la pandemia, cuando su país ocupa ya el décimo lugar mundial en número de contagios y superó la cifra de 10 mil muertes.
"Tenemos que dejar para más adelante los contactos para divertirnos, para relajarnos, para pasarla bien, porque es un momento muy difícil para hacer eso", dijo al hablar este martes en una fábrica de la localidad de Campana, situada en las orillas del río Paraná de las Palmas, al nordeste de la provincia de Buenos Aires.
"Todos queremos que la economía se mueva, pero lo que más queremos es preservar la salud, que los argentinos no se enfermen", añadió Fernández, en el seguimiento de un guión que ha mantenido a lo largo de la pandemia, aunque hay casi medio millón de enfermos por el virus.
Al referirse a los protocolos de seguridad y prevención para la vuelta al trabajo en la fábrica que visitó con Kicillof, Fernández insistió: "Entiendo que la vida cotidiana nos exige animarnos a volver al contacto con el otro para poder trabajar y es una necesidad de muchos de nosotros...lo entiendo, pero tratemos de que esos contactos tengan que ver con esto".
Y agregó que venía muy bien poner protocolos y 100 argentinos nuevos a trabajar "porque necesitan el sueldo y la Argentina necesita producir", pero —reiteró una vez más— "dejemos el tiempo del encuentro y del esparcimiento social para otro momento, no es este el tiempo".
El presidente argentino celebró el movimiento industrial porque hay que reconstruir "el país que nos merecemos", el cual, dijo, "encontramos en un estado muy difícil".
Kicillof también evitó referirse a la protesta policial que obligó a la administración provincial a anunciar un aumento salarial para la fuerza de seguridad, señaló Infobae.
Sin embargo, el reclamo de los agentes policiales, sobre todo los efectivos rasos, continúa. La salud laboral también apremia.