10 de febrero 2015 - 23:19hs

Durante tres días el Consejo de la Unión de Naciones Suramericana (Unasur) estuvo reunido para discutir sobre la problemática de las drogas en la región, pero la ocasión fue propicia para que una comisión de cancilleres del continente se reuniera para tratar el conflicto entre Venezuela y EEUU.

Los secretarios de Estado, junto al secretario general de la Unasur, el expresidente de Colombia Ernesto Samper, resolvieron el apoyo unánime del bloque hacia Venezuela al considerar que EEUU ha incurrido en una intromisión al afirmar que la democracia de ese país “está en riesgo”.

El conflicto político existente entre ambos países es motivo de preocupación para la Unasur, por lo que solicitó hacer un llamado a reunión extraordinaria de cancilleres para tratar el asunto.
En diálogo con El Observador, Samper aseguró que el asunto es bien importante para el continente, pero también se refirió a otros problemas del bloque.

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¿Cómo se articula la defensa de la Unasur a Venezuela en un conflicto en el que también existen hostilidades desde el país sudamericano hacia EEUU?

Hay unos ruidos evidentes en las relaciones de Venezuela y EEUU, sin entrar a hacer juicios de responsabilidad, que no es mi papel. Creo que esos ruidos aún son corregibles si hay una actitud sincera de conversaciones, comunicaciones, diálogo entre las dos regiones y, aunque parezca un poco retórico, si EEUU entiende claramente que tiene que respetar el proceso democrático de un gobierno elegido democráticamente. En ese sentido, el camino que señalaron los cancilleres para buscar unas vías de cohesión a través de acercamientos discretos, me parece que es el camino adecuado.

¿Cómo pesa la historia de agravios de ambos gobiernos, incluso entre presidentes anteriores de Venezuela y EEUU?

Frente a esa historia complicada aparece el hecho reciente del presidente (de EEUU) Barack Obama buscando restablecer las relaciones con Cuba. Sería una pena, por no decir una paradoja, (que esto suceda) mientras el restablecimiento de las relaciones con Cuba, que estaban congeladas hace 50 años, crean expectativas favorables en la región para un replanteamiento de las relaciones no solo con Venezuela, sino con todo el hemisferio. Ahora, esta actitud de tomar medidas unilaterales contra Venezuela genera el efecto contrario de devolver el reloj a donde estábamos cuando había un enfrentamiento de guerra fría con Cuba.

¿Cree que si estos temas con Venezuela no se solucionan puedan generar algún obstáculo respecto al apoyo de América del Sur a la apertura estadounidense con la isla?

Como se manifieste la apertura no alcanzo a visualizarlo, pero esta no es una situación que le sea indiferente a Cuba ni a los cubanos. Supongo que existe preocupación en Cuba por estas nuevas circunstancias, y entiendo que debe ser así, ya que Venezuela ha sido de una solidaridad total con Cuba en cuanto a su situación económica y a la posibilidad de salir adelante en medio del embargo.
La integración en Sudamérica ha sido un proceso lento y a veces escabroso, pese a los diversos organismos existentes para eso.

¿Cómo cree que tiene que ser el papel de la Unasur con los demás sistemas, como el Mercosur?

En la última cumbre de jefes de Estado celebrada en Quito, los presidentes aprobaron un mandato por el cual la Secretaría General debe conseguir el común acuerdo con la presidencia temporal de Unasur –que este año tiene Uruguay– y buscar una competencia en los procesos subregionales. Concretamente con el Mercosur, la Comunidad Andina, el Alba, la Alianza del Pacífico y la Aladi. Nosotros estamos como voceros políticos de la región. El papel de la Unasur no es negociar aranceles, sino defender el marco de la integración. Hablando en términos futbolísticos, nosotros defendemos el estadio, pero no estamos en la cancha, pero sí podemos conseguir organizar la liga. Esto lo estamos comenzando a hacer a través de unos acercamientos muy puntuales con los organismos de integración, precisamente para que si hay multiplicidades se eliminen, si hay zonas comunes se sumen, y si hay áreas de especialidades de cada uno de los procesos, que se reconozcan para desarrollar sus fortalezas.

Colombia es otro país sudamericano que atraviesa momentos cruciales en el marco de las negociaciones de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). ¿Qué opina del proceso que se está llevando a cabo en La Habana?

Quizá soy el único expresidente de Colombia que está apoyando activamente el proceso de paz. Lo he hecho desde el principio y lo voy a hacer hasta el final. Todos los que hemos sido presidentes de Colombia hemos tratado de encontrar una salida política al conflicto armado.

El presidente (Juan Manuel) Santos lo está consiguiendo, y lo está haciendo por varias razones. Una es que el equilibrio de fuerzas es distinto que hace 10 o 15 años. Otra es que, claramente, el presidente Álvaro Uribe (antecesor de Santos) logró, de alguna manera, reducir el impacto que estaban produciendo los sectores paramilitares. Un tercer punto importante en este proceso es que el referente del mismo no son los victimarios, sino las víctimas. No estamos pensando solamente en qué hacer con los guerrilleros, sino en cómo resarcir a las víctimas y eso le da una gran legitimidad al proceso. Además de todo esto, hubo aciertos como pactar una agenda o establecer que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Esto se está viendo recompensado en este proceso, que llegó más lejos que nunca.

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