12 de julio de 2012 21:21 hs

Acostumbrado a su estilo, el kirchnerismo gobernante redobló la apuesta. Ante el desafío presentado por el líder sindical Hugo Moyano, de elevar el piso de un impuesto que se aplica a los salarios, a cambio, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner respondió por la negativa.

Incluso cuando el camionero prometió dar un paso al costado de la secretaría general de la Confederación General del Trabajo (CGT), la principal central obrera del país, a cambio de que se aceptara su propuesta, el gobierno contestó por medio de una ofensiva que apuntaba con destronar a Moyano.

Sin embargo, al advertir que no le alcanzarían los votos para conseguirlo en el congreso –realizado este jueves- que nombraría al secretario general de la CGT para los próximos cuatros años, el gobierno promovió el boicot de los delegados afines y así desencadenó la ruptura de la central.

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De 1.651 congresales convocados, asistieron 1.013 representantes y, excepto cuatro de ellos, todos aprobaron la reelección del camionero.

De esa forma, Moyano quedará al frente de la mayor organización sindical argentina hasta 2016 y prácticamente sin disidentes internos, aunque con una fuerza gremial reducida.

Por su parte, los gremios anti moyanistas nombrarán al líder de su propia CGT en las elecciones previstas para octubre, a las que por ahora asoma el dirigente metalúrgico Antonio Caló.

En su discurso, el reelecto secretario general minimizó las ausencias y disparó contra el gobierno, que “quiso evitar que el Congreso se llevara adelante”. “Hubo funcionarios que presionaron, apretaron e hicieron lo imposible para que no vinieran (los congresales) y no tuviéramos quórum”, sostuvo, según informó la edición digital del diario Clarín.

A su vez, el camionero volvió a cargar duro contra la presidenta y puso en duda su apoyo político para las elecciones legislativas del año que viene. “Y, si no, empecemos a pensar en términos políticos. Si no hay respuesta en 2013, vamos a repensar nuestro voto y vamos a ver si es cierto que, sin el apoyo de los trabajadores en las urnas, ese 54% no se reduce”, afirmó Moyano. El sindicalista añadió: “No vamos a hacer ninguna locura, pero también vamos a conversar con todos los sectores de nuestra sociedad, para hacerle entender a propios y extraños que a este país lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie”.

CGT debilitada
Analistas políticos argentinos consideran que la ruptura sindical debilita al movimiento obrero y ven detrás de la jugada al tradicional manejo político realizado desde el gobierno.

El sociólogo Rosendo Fraga, señaló a El Observador desde Buenos Aires, que “la personalidad política del Kirchnerismo lo lleva siempre a redoblar la apuesta frente a los conflictos y esto se ve confirmado una vez más (con la ruptura sindical)”.

Consideró que “la división de la CGT ha sido casi una constante en la historia sindical argentina. Han sido menores los períodos de unidad total del sindicalismo peronista que los de división”.

Por su parte, el analista Claudio Fantini, explicó a El Observador desde Córdoba que la “ruptura pone de manifiesto una lógica kirchnerista de dejar por el camino a las personas que les dieron utilidad, como Moyano, que es el enemigo de última hora”.

Indicó que el reelecto líder sindical “fue la fuerza de choque del kirchnerismo y movilizó las masas para los actos que permitieron a Néstor y Cristina posar para una postal que el matrimonio no tenía”. Fantini aseguró que a partir del congreso de ayer “hay un Moyano más débil y hay una CGT debilitada. El movimiento quedó dividido con la ruptura de los Gordos (los sectores afines al gobierno), aunque ellos no tienen más fuerza que Moyano”, dijo.

Por su lado, Fraga añadió que “el escenario ideal para el gobierno hubiera sido un Congreso de la CGT en el cual Moyano fuera derrotado por los antimoyanistas. La división es el mal menor con tal de evitar que el dirigente camionero sea reelecto como secretario general por otros cuatro años”.

Scioli
Los expertos consultados ven en el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, a un aliado natural de Moyano aunque dudan que el excorredor de montonáutica se anime a enfrentar a la presidenta.

El gobernador esbozó hace algunas semanas su intención de presentarse a la pelea por la presidencia de la República en las elecciones de 2015, lo que fue interpretado desde filas oficialistas como un acto de disidencia y un desafío a Fernández de Kirchner.

A partir de entonces, las baterías de la Casa Rosada dejaron de apuntar exclusivamente sobre Moyano para sumar a Scioli en el blanco de sus dardos.

El modo que encontró el gobierno para perjudicar al gobernador de Buenos Aires fue recortarle partidas económicas, lo que generó que la gobernación no pudiera hacer frente al pago del medio aguinaldo a sus funcionarios, lo que derivó en protestas de los gremios públicos.

“La estrategia del gobierno nacional es clara: acusar al gobernador y su déficit de gestión por ello”, explicó Fraga. El analista opinó que “la respuesta de Scioli debería ser: no es la gestión sino el castigo estructural a la provincia impuesto desde la Casa Rosada la causa de los problemas. Pero como otras veces, prefiere el silencio, esperando que la situación se torne más favorable, como por lo general le ha sucedido”, afirmó.

Según Fraga, Scioli y Moyano “se necesitan para sobrevivir políticamente. Si uno de ellos es vencido, la situación del otro, en consecuencia, se debilita. Los dos coinciden en la crítica al oficialismo nacional desde una perspectiva peronista y esto genera un eje político de hecho”.

Para Fantini, “el moyanismo no tiene claro con quien aliarse. Podría ser Scioli, pero hay que ver si se va a animar y actuar desde la dignidad”.

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