7 de noviembre de 2013 16:42 hs

¿Cómo sintetizaría la evolución de la tecnología de Agricultura por Ambientes en Uruguay?
La agricultura de precisión, la ingeniería en sistemas e ingeniería mecánica, y me refiero a las herramientas como fertilizadoras y sembradoras variables, vinieron mucho antes que la investigación agronómica nacional. Hubo un mundo de oferta tecnológica en herramientas, en procesamiento de información, en sistemas GIS y la Facultad de Agronomía y el INIA no estaban validando cómo utilizar esa tecnología. El ingeniero agrónomo egresa de facultad sabiendo que ante una deficiencia de potasio o de fósforo hay que agregarlo, pero no sabe las cualidades de la agricultura por ambientes por lo que no siente la necesidad de implementarlo. En estos últimos años ADP comenzó a interactuar con la facultad y el INIA, que empezaron a validar la tecnología e implementar líneas de investigación aplicadas a sensores remotos y fertilizaciones variables, entre otros. Para variar la dosis, se debe tener un estudio previo de los diferentes ambientes, definiendo sus virtudes y sus limitantes. Para esto ADP seleccionó las herramientas que a nivel mundial se utilizan para inferir la variabilidad de potencial y rendimiento. Los monitores de rendimiento, los planos altímetros, las imágenes satelitales y las obtenidas por los sensores montados en UAV son herramientas que se usan hace muchos años. Sin embargo, faltaba reunir esa información para ver cómo detectar distintas zonas que lógicamente tenemos que trabajar de diferente manera.

¿El productor recoge beneficios de forma inmediata?
Sí. Debemos tener en cuenta que ahora se trabaja con más información sobre la variación que hay dentro de un potrero. Estos tienen partes buenas y malas, por lo que si se trata de inmediato cada parte de la forma adecuada los beneficios se ven rápidamente. En muchos casos encontramos campos donde no hay que agregar insumos, entonces hay un ahorro inmediato. Y hay otros donde se pensaba que no se debía agregar insumos basados en datos promedio, pero en realidad se encontró situaciones o ambientes de respuestas a esos insumos y esto permite un incremento de rendimientos en esos ambientes.

Cada vez hay más información para administrar.
Eso es muy bueno, siempre y cuando esa información se utilice bien, dentro de una buena estrategia de trabajo. Con la utilización de un potente sistema GIS podemos organizar y analizar de una mejor manera el gran volumen de información y de esta manera identificar de forma más eficiente las limitantes más importantes. En ADP usamos la “ley del mínimo”, identificamos cuál es la variable por la cual se está yendo el rendimiento y trabajamos sobre eso. Muchas veces el productor logra un mejor resultado en forma inmediata, pero depende del campo y de la variable que analicemos. Por ejemplo, hay limitantes corregibles mediante esta tecnología, como la compactación. Si se identifica que el ambiente presenta una resistencia a la penetración mayor al umbral tolerable por los cultivos, puede estar identificando una zona que necesita ser descompactada con una herramienta de labranza vertical y automáticamente se consigue un aumento en el rendimiento.

Más noticias
Dada la utilidad de la tecnología, ¿qué puede decir sobre el costo de implementarla?
No es costosa. Para analizar los costos, hay que medir los resultados. Una dosis de potasio normal son 100 kilos, U$S 60 por hectárea. Si detectamos que una hectárea no necesita potasio, ese ahorro puede llegar a ser mayor que la inversión en el uso de la tecnología. Lo mismo pasa para decidir qué tipo de cultivo voy a sembrar en cada ambiente. Por ejemplo, para un cultivo de alto costo como el maíz, no es de extrañar que encontremos situaciones donde los rindes para maíz son inferiores al rendimiento equilibrio. Si tenemos las zonas georeferenciadas, podemos utilizar esos sitios para cultivos que puedan dar márgenes positivos, dejando entonces el maíz para ambientes de mayor potencial.

¿Cómo se vincula la agricultura por ambientes con el plan de uso y manejo de los suelos?
La agricultura por ambientes y el plan de uso de suelos son disciplinas sumamente sinérgicas. Lo que rige el plan de uso de suelo es la ecuación de la pérdida universal de suelo. Y el tolerable para el MGAP de pérdida de suelo es siete toneladas de suelos por año, este es el tolerable para la mayoría de los suelos, aunque hay algunos que pueden ser más o menos tolerables. Por lo tanto, hay que presentar un plan en el que la ecuación dé un resultado inferior al tolerable. Para llegar a esto hay diferentes formas, modificando distintas variables. Pero hay variables que no permiten que se actúe sobre ellas: las precipitaciones o el tipo de suelo. Sí se puede actuar sobre el largo de pendiente, usando un mapa altimétrico. Estos nos permiten encontrar el largo de pendiente óptimo para que la ecuación cierre. También se puede actuar sobre el manejo, y cuando uno arma una rotación dentro de las gramíneas de verano está sorgo-maíz, y el maíz es un cultivo que capitaliza la calidad del ambiente. La diferencia en un ambiente de alta o baja calidad puede significar 5.000 kilos de maíz. Sin embargo, en sorgo no hay tanta diferencia entre un buen y mal ambiente, por lo que en el plan de uso y manejo de suelos se puede decir que en los mejores suelos conviene sembrar maíz y dejar el sorgo para ambientes de menor potencial. Lo mismo para los ambientes que van para soja de primera o segunda. Si uno tiene identificado dónde están las partes del campo con mayor capacidad de almacenaje de agua, está infiriendo qué partes del campo podrán soportar más el doble cultivo, o cuáles van a estar más sujetas a la dependencia climática ya que la reserva de agua es menor.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos