17 de agosto de 2012 20:40 hs

La exsenadora colombiana Piedad Córdoba ganó notoriedad en los últimos años por haber colaborado en la liberación de rehenes en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Su participación derivó en acusaciones de connivencia con la guerrilla, que terminaron con su destitución del parlamento. La semana pasada, Córdoba estuvo en Uruguay y conversó con El Observador sobre su situación particular y del drama que representa el conflicto colombiano.

Usted va a denunciar al gobierno colombiano por persecución política ante la OEA y la Unasur ¿Cuáles son los motivos que la llevaron a esa desición?
La situación ha llegado a límites insospechados. El hecho de opinar, de estar en contra de las políticas públicas o de querer favorecer a las comunidades más pobres no da lugar a que una la traten como terrorista, de miembro de las FARC. Que sea vocera de la Marcha Patriótica, de Colombianos por la Paz, de la Izquierda Liberal en Marcha, no quiere decir que conformemos una especie de recipiente donde caben todos los movimientos sociales y populares.

¿En qué se fundamentan las acusaciones que la vinculan a los grupos guerrilleros?
No existen pruebas de que pertenzcamos a las FARC o de que estamos financiados por ellos. En un país que han matado cualquier cantidad de dirigentes populares, donde han matado candidatos presidenciales...
Lo que hay es un hostigamiento permanente, todos los días y sin pruebas, de tres o cuatro opinadores que escriben que yo soy esto o que soy aquello. Creo que es hora de parar esto, de construir un instrumento que sirva para probar la acusación.

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¿Ustede mantiene contacto con las FARC? Porque al momento de concretar las liberaciones de rehenes los tuvo...
Pero ya no. Cuando hay liberaciones son ellos los que avisan. Pero ahora no hay ninguna persona que esté en camino de liberación. Mis contactos se limitaron a esas situaciones.
¿Por qué en Colombia es tan difícil discutir cualquier tema que tenga que ver con las FARC?
Porque es una política del poder, de estigmatizar todo lo que vaya en contra de lo establecido, contra el statu quo. No se te olvide que en Colombia hubo un supuesto proceso de paz, que generó la posibilidad de crear un movimiento como lo fue la Unión Patriótica y a todos los mataron. Eso está documentado y el Estado ya fue condenado por genocidio. (Ver apunte)

¿Usted sugiere que detrás de la lucha contra las FARC hay un interés por mantener la estructura económica y social del país?
Eso se muestra en la situación que vive la gente: 18 millones de pobres, 8 millones de indigentes, 5 millones de refugiados internos, 100.000 desaparecidos, 3.000 ejecuciones extrajudiciales. Aparte de eso, es la capacidad de la política. Nosotros estamos diciendo en Marcha Patriotica que no somos terroristas, no somos guerrilleros. Estamos pidiendo ese espacio para el debate, que fue lo que le dijimos al presidente José Mujica. Le dijimos lo que está pasando, que no hay garantías para la oposición, para poder avanzar.

Hoy existe un duro enfrentamiento entre el presidente Santos y el expresidente Uribe ¿Percibe detrás de ese cruce un cambio en la política de este gobierno?
No. (Juan Manuel) Santos fue el ministro de Defensa de (Álvaro) Uribe, fue el que ordenó que se ingresara en territorio ecuatoriano para matar a (el guerrillero Raúl) Reyes. Como presidente permitió que se matara a (los también guerrilleros) Mono Jojoy y (Alfonso) Cano. Es la misma política de aniquilamiento de la guerrilla. Igualmente es un continuador, no hay cambios. Los cambios se dan más a partir de la cara, del discurso. Uribe era ramplón, peleaba con todo el mundo, se levantaba e insultaba a medio mundo. Santos no pelea pero sigue la misma política.

La guerrilla en Colombia tiene más de medio siglo y desde entonces se la combate pero sin poder acabar con ella ¿En qué radica su fortaleza?
En que se nutre de la profunda pobreza y de la ausencia del Estado. Eso hace que para la gente (la guerrilla) se convierta en su guardián, que les proporcione ayuda, que les arregle una carretera. Y también el escándalo que significa que el paramilitarismo haya elegido al 60% de los integrantes del congreso. Que sea un poder político y económico fundamentado en la violación de las leyes, basado en el enriquecimiento fácil, en las alianzas que no importan de donde vengan.

¿Ve posible el fin del conflicto colombiano?
Tiene que ser posible. A pesar que es cierto que la política de seguridad es una política que arrasa con todo, que mataron a los que no creen en esa política, que el gasto en defensa se lleva el 11% del presupuesto público... Creo que todos los movimientos populares tienen que fructificar. Es así que se están movilizando en la calle miles de estudiantes para denunciar las reformas educativas. También están las movilizaciones de los cortadores de caña, la marcha cafetera, los negros , los indígenas, los pobres, las 100.000 personas que nos manifestamos el 21 de abril. Desde ahí se da la posibilidad de cambio, de encontrar una salida.

¿Y cuál sería esa salida?
La de terminar en garantías para la política, en garantías procesales y sobre todo en garantías electorales. Creo además que para encontrar una solución necesitamos de la ayuda de Ecuador, Brasil, Bolivia, Nicaragua... Colombia no está sola en la región, no puede decir yo arreglo la paz como me de le gana, porque el conflicto tiene un millón de colombianos en Ecuador, cuatro millones en Venezuela, 400.000 en Brasil, son cifras escandalosas.

¿Qué resultados espera de la gira que la trae por Uruguay y otros países de la región?
A nosotros nos intentaron aislar, de que nadie nos reciba, que nadie se reúna con nosotros... En ese sentido la reunión que mantuvimos el martes con el presidente José Mujica manda una señal muy importante para Colombia. El mensaje es que se pare la guerra sucia contra nosotros, que se pare la intimidación y la persecución, que nos den garantías.



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El trágico suceso de la Unión Patriótica

La Unión Patriótica fue un partido surgido en 1985 en el marco de un proceso que apostaba por reencauzar el conflicto armado a través del sistema político legal. A partir de entonces, miles de sus integrantes –incluidos alcaldes, senadores y candidatos presidenciales– fueron asesinados por los paramilitares. La Comisión Interamericana de DDHH caratuló el hecho como “exterminio planificado de un grupo opositor”

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Perfil

Piedad Córdoba ocupó una banca en el senado de Colombia desde 1994 a 2010, cuando fue destituida e inhabilitaada para el cargo por los próximos 18 años. En 1999 fue secuestrada por los paramilitares. También sufrió dos atentados de los que salió ilesa. En 2007 se involucró en los acuerdos humanitarios que permitieron la liberación de rehenes en poder la guerrilla, por lo que fue nominada al Premio Nobel de la Paz

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