El desembarco de unas 190.000 dosis de la vacuna de Sinovac abre un nuevo período en la vida de este país, no solo en lo que tiene que ver con la pandemia, sino también con la o las formas de hacer política.
En los últimos dos meses e incluso desde antes, buena parte del Frente Amplio apuntó todas sus baterías contra el gobierno de coalición basando sus críticas en dos pilares, ambos relacionados a la pandemia: la demora en negociar las vacunas y comenzar a vacunar, y lo que consideran la insuficiencia de medidas para hacer frente a los problemas económicos que derivan de un 2020 que tomó por sorpresa a mucho más que un nuevo gobierno uruguayo, al mundo entero.
Con las vacunas en proceso de solución -aún faltan llegar muchas dosis y confirmar en la práctica que el sistema de vacunación planeado sea eficiente- el Frente Amplio (FA) deberá encontrar una manera más inteligente y también más constructiva de hacer oposición. No solo porque el país y el sistema democrático necesitan de una oposición bien organizada y sólida, que proponga, sino porque el FA ya comenzó a jugarse la próxima elección. Se la está jugando desde el mismo día en que Luis Lacalle Pou fue electo.
Hay varios elementos bien diferentes a los de cualquier otro gobierno, a los que debe enfrentarse la coalición de izquierda si quiere sumar voluntades para el futuro. A diferencia de la última gran crisis uruguaya, esta vez no hay bancos ni banqueros ni un Jorge Batlle para culpar por la crisis. En 2002-2003 el Frente Amplio fue implacable y lo fue bajo el liderazgo de Tabaré Vázquez. La memoria es corta, pero creo que casi todos recordamos que Vázquez se opuso a que Uruguay pidiera un salvataje que Batlle y su equipo negociaron directamente con Estados Unidos con el objetivo de evitar que Uruguay entrara, como Argentina, en cesación de pagos.
Entonces, como ahora, en el FA había posiciones no solo diferentes sino encontradas. El partido de Vázquez se estaba preparando para una muy probable victoria en las siguientes elecciones y se calculaba que un arreglo por la deuda comprometiera la economía que iban a heredar. Por eso, algunos dirigentes eran partidarios del default y de negociar con los acreedores con quitas, como sí hizo Argentina a fines de 2001, con el presidente de los siete días al frente, Adolfo Rodríguez Saá.
Reinaldo Gargano era uno de los grandes defensores de esta salida y Vázquez lo secundaba con más ambigüedad, aunque en diciembre de 2003, dijo: “Uruguay no está en condiciones de enfrentar la deuda externa”, además de considerar que “ya estamos viviendo un default”.
Del otro lado estaba Danilo Astori, casi solitario en su apoyo a la decisión del gobierno, apoyo por el cual fue acusado de traidor en su propio partido. Astori ya disentía con buena parte de su partido desde el año anterior, cuando se discutía la ley de “estabilización del sector financiero”. Como recuerda Miguel Arregui en su muy buena historia de la economía uruguaya que fue publicando en el blog Milongas y Obsesiones, en agosto, “en una reunión con la bancada parlamentaria de la coalición, Tabaré Vázquez preguntó: “¿Soy el presidente del Frente Amplio o el hijo de la pavota?”. Y luego advirtió: “O se hace silencio, o se tienen que ir”. Vázquez se refería al sector de Astori, pero también al general Líber Seregni, líder histórico de la coalición, que había cuestionado alguna de sus afirmaciones. Al día siguiente, Astori le dijo que siempre expresaría lo que pensaba. Poco años después fue el ministro de Economía de Váquez, para muchos analistas su carta ganadora, que le daba armas al FA para enfrentarse a la oposición de la época, que acusaba al partido de irresponsabilidad económica.
Todo este cuento viene a cuento porque ahora el FA no tiene “malos” tan claros como antes. Era más fácil darle palo a un Batlle golpeado por una crisis económica, pero no tanto a un Lacalle Pou que viene surfeando una pandemia que hasta ahora ni el más poderoso de los líderes del mundo ha logrado solucionar.
El FA tampoco tiene ya ese halo de inocencia que antes le confería el nunca haber sido gobierno. Tiene 15 años de gobiernos nacionales de experiencia y 30 de la capital. Ahora necesita, o al menos debería, unificar sus propuestas, críticas y movidas para que sean más sólidas y poderosas. Y, sobre todo, necesita con urgencia un liderazgo más claro que el que nunca logró su presidente, Javier Miranda, y el que solo ejerce en lo anecdótico el expresidente José Mujica.
En los últimos tiempos son varios los dirigentes de peso del FA que han elegido hacer una oposición responsable, que no por eso debe ser blanda o consentidora. Carolina Cosse hizo una campaña dura, pero luego de asumir el gobierno municipal se ha mostrado dispuesta a llegar a acuerdos en los temas que indefectiblemente tocan al gobierno nacional con el de la ciudad. El gran lío de la UAM, que en buena parte empezó con una chicana del Ministerio de Ganadería, logró ser resuelto con diplomacia política y diálogo entre Lacalle Pou y Cosse.
Desde otro lugar, el intendente de Canelones Yamandú Orsi también ha sabido dialogar con los nuevos jerarcas de gobierno y, aunque firmó contra la LUC, en los hechos se manifestó poco entusiasmado y anunció que no haría campaña porque no tenía tiempo.
Pablo Ferreri también ha llevado adelante una oposición “lógica” y en buena parte constructiva. En estos días habló de la inversión en ciencia y recordó la de los gobiernos del FA cuando se anunció el recorte para la ANII. Para el exsubsecretario de Economía la inversión en ciencia debe ser una política de Estado. Ciertamente es un buen punto de partida para debatir.
Esto no ha impedido que sea extremadamente duro: “Mientras el equipo económico de este gobierno de coalición festeja el cumplimiento de la meta de déficit fiscal, habrá 140.000 pobres más y hay más personas durmiendo en la calle comparado con un año atrás”, escribió en Twitter, un día después de reconocer como “excelente noticia” la llegada de las vacunas.
Mientras tanto la coalición, que ya ha manifestado claramente sus “dolores de crecimiento”, deberá encontrar alguna fórmula más efectiva para enfrentar una oposición que será cada vez más intensa y que pronto olvidará la pandemia y la jugada que ésta le hizo a un nobel presidente, para arremeter con fuerza por el tema económico y social, como ya lo está haciendo.
Como dijo Jorge Gandini esta semana entrevistado en En Perspectiva: “Si el FA puede ayudar a que se fracture en un tema puntual la coalición y que se genere una votación mayoritaria de un lado que no es el lógico, lo va a hacer”. Prontos, listos y ya. Llegaron las vacunas y es hora de comenzar a discutir los temas de fondo.