Comienza un nuevo año y vale la pena mirar el panorama con las grandes tendencias ganaderas en algunos de los países que más influyen en la genética de carne.
Balanceando tendencias
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Comienza un nuevo año y vale la pena mirar el panorama con las grandes tendencias ganaderas en algunos de los países que más influyen en la genética de carne.
Por un lado tenemos a Estados Unidos, donde la suba de la hacienda durante el año 2014 superó todas las expectativas, aún las más optimistas.
En este contexto, las cabañas que lograron los mejores precios de reproductores fueron aquellas que tienen como prioridad mejorar el marmoleado, el ojo de bife y la performance de peso post-destete.
La comida no es limitante para ellos, de manera que no escatiman ni se fijan demasiado en el tamaño de la hacienda ni en lo que comen, aunque ya empiezan a aparecer indicadores de eficiencia de conversión. De todas maneras, la tendencia apunta a aumentar la grasa intramuscular para los mercados más exigentes y que pagan los mayores precios.
No olvidemos que el gran consumo de los norteamericanos es de hamburguesa. Venden lo caro y consumen lo barato. Suena criterioso, ¿no?
En otro lugar del mundo, en Australia, donde si bien hay algo de feedlots para abastecer los mercados súper exigentes de Japón, tenemos una ganadería mayoritariamente a pasto, también vemos una tendencia similar: todo el mercado mira los reproductores que mejoran el marmoleado. Aquí también hay hacienda de tamaño grande, pero también hay mucho pasto.
En nuestro barrio, Argentina sigue mirándose el ombligo, ausente de la exportación y desperdiciando competitividad. Por lo tanto, llevamos ya un montón de años de atraso genético, ya que impera un criterio netamente fenotípico sin que se valorice la calidad de la carne.