Fútbol > EL TAPADO

Boggio, el 10 formado al estilo del Profe Santos

El volante que se enojaba con el Profe porque nunca le decía las cosas que hacía bien sino que remarcaba los errores y un día lo hizo expulsar

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14 de mayo de 2019 a las 05:02

Luciano era la figura del Maeso. En la canchita pegada al Franzini se gritaban seguidos sus goles. El último año del baby fútbol le comenzó a llegar el dato que un exjugador de Defensor Sporting llevaba a su hijo a jugar en el club. Era Fernando Fadeuille, el coordinador de las divisiones formativas de los violetas. 

Estaba claro que Fernando, en silencio, miró y tomó nota de aquel chiquilín que jugaba de delantero y era el goleador del Maeso. Cuando llegó al club pasó el dato.

Y fue así que, un año antes de terminar el baby, Luciano fue invitado a participar en la escuelita de Defensor Sporting. 

Llegó al Comando Militar, frente a Canal 5 y se topó con un histórico del club: el profesor César Santos.

“Señores, los celulares quedan acá. No se puede traer camisetas de otros equipos. Cuando el técnico habla hay que escuchar”. Las instrucciones iban a contrapelo de todo lo vivido anteriormente. En el baby los niños gozan de determinadas libertades.

Y así comenzó la aventura de Luciano Boggio que, tres veces a la semana, viajaba de Pocitos al complejo para entrenar en la escuelita.

“Pah, encontrarme con el Profe Santos fue tremendo. Fue el que me dejó más enseñanzas. Pero lo empezás a comprender con el paso del tiempo porque al principio te da bronca. Cuesta mucho el cambio del baby fútbol. Fijate que yo salía del baby como un fenómeno y con el Profe jugaba poco. Llegué a Defensor como enganche y el Profe me puso a jugar de doble 5. Entonces se podrán imaginar que yo no lo miraba muy bien”, dijo Boggio en diálogo con Referí.

No fue lo único. Los primeros meses fueron intensos porque Santos quería que Boggio adquiriera el hábito de la marca. “Yo era relativamente chico de altura y me puso a jugar de 5. Le agarré la mano y empecé a tomar más minutos en el Clausura de mi primer año de competición. No me gustaba mucho pero yo tenía que marcar mucho más”.

Boggio agregó que “La enseñanza que te dejaba el profe es que era un loco que no te decía mucho las cosas cuando salían bien, sino que te marcaba los errores y eso te viene bien. En ese entonces costaba por la edad de uno que no entiende, pero hay que prestar atención a eso”.

El volante reconoció haberse ido masticando bronca en más de una práctica. “Te ibas de cada practica recaliente porque nunca hacías nada bien. Con el tiempo lo entendés”, dijo Boggio a Referí. Agregó que las enseñanzas del profe le hicieron más sencillo el desembarco en Pichincha.

“Claro, el paso a Pichincha (complejo donde entrenan las divisiones juveniles) fue más fácil. Y si bien tuve algún que otro choque, el profe es el primero en empujarte para agarrar confianza. El primer filtro, te moldea y te deja medio prontito para las juveniles”, expresó.

La roja por el profe

Boggio vivió con Santos una anécdota memorable que contó a Referí de cuando el profe era su entrenador en las divisiones formativas de los violetas.

“El Profe tenía la particularidad de que no entraba a la cancha, se quedaba en la tribuna en los partidos. Era el técnico pero no entraba, le daba indicaciones a sus colaboradores. Me acuerdo una vez contra Peñarol en Pichincha un partido que íbamos ganando 2-1 y un compañero hace una falta de roja directa porque se iba solo el rival a definir. Quedaban dos minutos, lo expulsan bien pero en la anterior tenía que haber expulsado a uno de ellos y yo justo estaba por la zona donde el Profe miraba el partido en la tribuna. En eso me grita que le proteste al juez. Y yo fui y lo insulté todo, al juez y a línea. Un nabo fui. Con lo caliente que estaba el partido me dijeron m’hijo vayase. El profe se agarró la cabeza y yo pensé, no juego nunca más. Desde la tribuna me decía: ‘¿Qué hacés Luly? No te podés hacer expulsar así’. Yo no lo quería ver más. Al otro día no quería ni ir al complejo a entrenar, pero al final quedó todo bien”, contó entre risas el volante juvenil de los violetas en diálogo con Referí.

Seleccionado

Las condiciones de Luciano Boggio lo llevaron a la selección juvenil de Uruguay. Jugó los Juegos Odesur, donde marcó un gol en la hora para ganarle a Argentina. Aquella selección perdió la final con Chile.

Luego de aquel torneo perdió pie en la selección juvenil y terminó siendo desafectado.

“Al volver de los Juegos Odesur nos dieron unos meses libres en la selección y luego se retomaba la actividad. Ahí empezaban a hacer un filtro. La mayoría de mis compañeros ya jugaban en Primera división en sus equipos. Yo entrenaba pero no jugaba, y quedé afuera. Recuerdo que quedé afuera junto con Santi Rodríguez de Nacional que en ese entonces no jugaba en Primera”, rememoró.

Luciano agregó que sintió el impacto de ser excluido de la celeste. Fue un golpe duro que tuvo que asimilar. Una herida que comenzó a cicatrizar con el paso del tiempo.

“Fue duro. Porque todos queremos estar en la selección pero dije, claro, medio obvio porque todos jugaban en Primera y yo necesitaba hacerlo para estar en la selección. Era entendible. El técnico era Fabián Coito y entendía que se necesitaba ritmo de Primera para formar parte del plantel que concurrió al Sudamericano. En ese entonces yo jugaba como media punta, me ponía en esa posición. Me pedía recepcionar en un toque, presionar tras perderla, ahora no soy lo que era antes. Ahora adquirí esos hábitos y juego más de enganche”.

Boggio comenzó a subir al primer equipo de la mano de Eduardo Acevedo en 2017. El ascenso lo sorprendió. “Había muchos jugadores que estaban más maduros y antes que yo y me sorprendió muchos porque fue una elección enorme. Fue una alegría cuando me dijeron que me quedaba entrenando con el primero. De ahí en adelante fue un envión tremendo.

Boggio hace sus primeras armas en Primera división. Ya debutó con la viola en el pecho y siente que está en edad de crecimiento futbolístico.  Mirando y aprendiendo de los mayores.
Pasado el tiempo reconoce que aquellos viejos consejos que le decía el Profesor César Santos en la Escuelita de los violetas, y las rabietas que se agarraba cuando no lo ponían o lo pasó de 5 pidiéndole que  tenía que marcar y cambiar de ritmo para adaptarse a las exigencias del fútbol, fueron necesarias. 

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