20 de mayo de 2012 15:57 hs

Al otro lado del planeta se agitan las aguas del mar de la China Meridional. China y Filipinas subieron el tono de una disputa que enfrenta a ambos países por la posesión de una pequeña y casi desconocida isla.

El diminuto arrecife Scarborough o isla de Huangyan, según los chinos, está ubicado a 230 kilómetros de Luzón, la principal isla del archipiélago de Filipinas, y duermen en sus profundidades cuantiosas reservas de hidrocarburos, equivalentes a 30% de las reservas que mantiene el gigante asiático.

Sin embargo, detrás del conflicto bilateral más que intereses económicos entre ambos países subyace una puja geopolítica entre las dos mayores potencias del planeta: Estados Unidos y China.

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El diferendo entre Pekín y Manila se profundizó el mes pasado cuando buques de la armada filipina detectaron barcos pesqueros chinos en las inmediaciones del arrecife. Los navíos filipinos intentaron abordar los pesqueros pero fueron bloqueados por buques militares chinos, que llegaron rápidamente a la zona.

A mediados del año pasado, los dos países iniciaron maniobras para hacer valer su soberanía en la isla por medio del envío de barcos no militares para que anclen en la costa.

Para los chinos el área en disputa pertenece a su dominio histórico, mientras que los filipinos argumentan que el arrecife se ubica dentro de su territorio marítimo.

En abril, circuló en las redes sociales chinas que Pekín había elevado al nivel dos de preparación bélica –en una escala de cuatro niveles– a sus unidades militares del sur del país y a la flota del mar Meridional, rumor que fue desmentido por las autoridades.

La semana pasada la tensión volvió a aumentar cuando las autoridades chinas impusieron un veto “rutinario” durante los próximos dos meses a la pesca en el área norte del mar Meridional, incluidas las aguas de la isla Huangyan.

Los temores de una escalada bélica entre ambos países adelantaron el retorno de cientos de turistas chinos que vacacionaban en playas filipinas la semana pasada y las aerolíneas que unen ambos países decidieron recortar el número de vuelos.

En ambos países los sentimientos nacionalistas emergieron a medida que el conflicto diplomático fue cobrando voltaje. Se denunciaron despidos de ciudadanos filipinos que trabajan en empresas chinas y el llamado de consumidores chinos a boicotear a una empresa cuyo presidente es un filipino-estadounidense.


Estados Unidos

Además de Filipinas, Vietnam también enfrenta una disputa con China por la posesión de una isla situada a pocos kilómetros de la costa vietnamita, lo que contribuyó a enfriar aún más las escasas relaciones entre los países fronterizos.

Pero el apetito expansionista chino encuentra hoy mayor resistencia que en el pasado. Tanto Filipinas como Vietnam se animan a elevar el tono frente al gigante vecino, respaldadas por la creciente presencia estadounidense en la zona.

Washington se ha mostrado decidido a contrarrestar la hegemonía china en Asia y para ello busca formar una nueva alianza con Filipinas, Vietnam, Japón, Corea del Sur y Australia.

En noviembre del año pasado, el presidente Barack Obama afirmó ante el parlamento australiano que el sudeste asiático será una zona prioritaria para la política exterior de Estados Unidos.

Las palabras del mandatario de la primera potencia mundial fueron seguidas de un acuerdo bilateral para la instalación en el norteño puerto australiano de Darwin de una base militar estadounidense con la presencia permanente de 2.500 marines.

Por el momento, el camino seguido por el gobierno de Hu Jintao en su disputa con su par filipino pasa por instar a esfuerzos diplomáticos, al tiempo que envía barcos de vigilancia a la zona.

China no quiere ni admite la internacionalización del problema y nunca reconocerá la intervención de terceros, sostiene un documento del Observatorio de la Política China divulgado la semana pasada en la ciudad de Pekín.

China “no acostumbra a mostrar titubeos respecto a cuestiones relacionadas con la soberanía y el territorio. Este es un tema muy sensible en el liderazgo chino. Las más graves humillaciones sufridas por el país están relacionadas con los gravámenes territoriales. El recurso a la fuerza será la última opción, pero cabe tomarla en serio”, señala el documento.


Sin marcha atrás

Por su parte, el presidente filipino Benigno Aquino II continuará mostrándose como víctima de la confrontación y buscará el apoyo de Estados Unidos y otros países del área que mantienen disputas territoriales con China, se sostiene.

“Por razones internas, a ambos países puede interesarle mantener el pulso en niveles controlables. Es poco probable que den marcha atrás a corto plazo”, concluye ese mismo análisis.

Los dirigentes chinos son conscientes de que una escalada bélica en la zona, aun contra un oponente menor como puede ser Filipinas, representa un riesgo mayor para sus intereses globales. También saben que su creciente influencia internacional se ha afianzado a base de la diplomacia y el comercio, sus dos cartas ganadoras hasta el momento.

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