18 de julio 2023 - 5:03hs

Denise Christ está acostumbrada a lidiar con animales heridos en su trabajo como voluntaria en la costa norteamericana de California, pero el número sin precedentes de leones marinos y delfines intoxicados que fallecieron en sus orillas en las últimas semanas la conmocionó.

“Fue desgarrador, por decir lo mínimo”, se desahoga Christ, miembro del Instituto de Vida Silvestre y Marina de las islas del Canal (CIMWI) en el condado de Ventura.

La intoxicación de los animales es producto de un brote de ácido domoico, una neurotoxina presente en algas que los pescados consumen y que a su vez son alimento de leones marinos y delfines.

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Los brotes no son inusuales en verano, pero dos crisis consecutivas registradas en menos de un año encendieron las alarmas y desbordaron al equipo del CIMWI, basado en la comunidad de Gaviota, a unos 190 kilómetros al noroeste de Los Ángeles.

“Tuvimos un brote muy intenso el año pasado, pero este año fue mucho peor que cualquier otra cosa que haya visto en 35 años trabajando con mamíferos marinos”, afirma a la agencia de noticias AFP el doctor Sam Dover, director ejecutivo y cofundador del CIMWI.

“Me dejó atónito la cantidad de animales que estaban en la playa, había unos 300 leones marinos. Fue muy triste”, recuerda Ken Hughes, colega de Christ para el condado de Santa Barbara.

Nueva realidad

No hay explicación aún para el brote de este año. Pero hay varias teorías. “Las algas vienen normalmente de áreas con desechos de agricultura”, explica Sam Dover. “Este año tuvimos muchas lluvias en California, por lo que hay más desechos agrícolas de todo el estado, no sólo de las regiones locales”.

Hughes agrega que la generación de algas también se ve favorecida por el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático.

“Las cosas están cambiando y con ello, los océanos”, dice Denise Christ. “Creo que esta es la nueva realidad”.

Cuando los leones marinos consumen la toxina, sufren efectos neurológicos. “Básicamente, no saben que son un león marino. No saben dónde están o qué están haciendo”, explica Hughes.

Es entonces cuando los animales se dirigen a las orillas en donde vagan de forma aleatoria, llamando la atención de los bañistas.

El brote de ácido domoico de 2022 ocurrió a mediados de agosto. Sin embargo, este año comenzaron a recibir llamados de rescate a finales de mayo, recuerda Dover. “Al principio, traíamos un animal por día. Pero el 8 de junio, se abrieron las compuertas y los animales comenzaron a aparecer por todos lados”.

“Definitivamente, es el peor brote que haya visto”, afirma Dover.

Delfines y leones marinos jóvenes

En 2022, el instituto rescató unos 300 animales, pero este año llegaron a recibir 300 llamadas por día.

Otra característica inusual de esta temporada es la contaminación de delfines, que en el caso de ácido domoico puede ser mortal.

Dover contabilizó más de 110 delfines muertos por intoxicación en las últimas semanas en la región que el CIMWI monitorea.

Christ agrega que el brote de este año está afectando más que en otras ocasiones a leones marinos de un año y hembras embarazadas.

Al no haber cura o antídoto, la única forma de tratar a estos animales es con fluidos, alimentos, medicinas para frenar las convulsiones y paciencia, explican los especialistas.

Así, los más jóvenes, sin embargo, tienen más chances de sobrevivir a la intoxicación porque comen menos cantidades de pescado que los adultos.

“Estamos teniendo éxito eliminando el ácido domoico del organismo de los jóvenes”, explica Dover mientras voluntarios limpian con una manguera los amplios cubículos donde los leones marinos comen enormes cantidades de pescado, flotan en poncheras o duermen la siesta.

Para los voluntarios, además del factor emocional por la enorme cantidad de muertes, está el desafío logístico por las limitaciones de espacio, músculo y recursos para costear medicinas y transporte. “Es exhaustivo”, reconoce Christ.

“Los leones marinos no se ganaron ese nombre por ser lindos y fáciles de abrazar”, dice Hughes. “Son uno de los principales predadores allí afuera. Son muy fuertes, rápidos y con una potente mordida”, agrega.

Alimentarlos, evaluarlos y trasladarlos demanda recursos, sostiene Dover, cuyo instituto depende de ayudas gubernamentales, donaciones y trabajo voluntario: “En esencia, cada día es una batalla por los animales y por nuestras finanzas”.

(Con información de AFP)

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