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Cómo son las llamadas por violencia doméstica que atiende el Mides

Las denuncias y solicitudes de asesoramiento por parte de mujeres que llaman al 0800 41 41 crecieron durante la emergencia sanitaria que crecieron con la cuarentena 

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20 de abril de 2020 a las 05:00

Los teléfonos empezaron a sonar con más frecuencia, y el trabajo creció como nunca había ocurrido. No fue una sorpresa, porque se sabía que el confinamiento y el aislamiento social como respuesta a la llegada al país del nuevo coronavirus traería como consecuencia el crecimiento de la violencia doméstica en algunos hogares. Las autoridades del Instituto Nacional de Mujeres (Inmujeres) se prepararon, elaboraron incluso una campaña de bien público para concientizar sobre el problema y constataron que la cuarentena exhortada por el gobierno fue la gota que derramó el vaso en "muchas mujeres" –todavía no fueron cuantificadas– que tomarán finalmente la decisión de huir de los hogares y escapar de sus parejas violentas.

"Las condiciones del aislamiento generaron sentimientos de más angustia, temor y miedo de muchas mujeres que decidieron acelerar la salida de sus casas", dijo a El Observador Adriana Fontán, coordinadora del Sistema de Respuestas del organismo.

Desde que comenzó la emergencia sanitaria el 13 de marzo, los llamados a la línea telefónica 0800 4141 aumentaron en forma significativa. Durante la primera semana del confinamiento, la cantidad de llamadas había registrado un leve descenso –35 por día, cuando el promedio era de 40–, lo que en ese momento las autoridades de Inmujeres explicaban por la intimación de la presencia de los agresores dentro de los hogares. Pero rápidamente ese número creció.

Según datos a los que accedió El Observador, en los últimos días se han recibido entre 50 y 80 llamadas diarias, aunque no en todos los casos son víctimas heridas que necesitan asistencia –que las hay, y son derivadas al Ministerio del Interior–, pues el servicio también atiende a aquellas mujeres que buscan "asesoramiento" para huir de sus infiernos.

En efecto, la gran mayoría de las respuestas que otorga el organismo son de ese tipo: se ofrece una "orientación" a las víctimas de violencia que decidieron buscar alternativas a su sufrimiento y que en algunos casos todavía no sufrieron episodios de una gravedad tal que demandaran asistencia policial.

Quienes atienden del otro lado de la línea son mujeres del Plenario de Mujeres del Uruguay, que están "entrenadas" en reconocer el grado de peligro en que se encuentra la persona que llama. La atención es desde las 8 de la mañana hasta la medianoche, todos los días, y hay siempre tres telefonistas de guardia, que son psicólogas y asistentes sociales con especialización en violencia de género.

"Si el riesgo de la persona que llama es alto, se deriva a la policía y se pide apoyo de urgencia; si el riesgo es medio o bajo se explica cuáles son los servicios" que puede ofrecer Inmujeres, dijo a El Observador su directora, Mónica Bottero. Y hay casos en los que directamente se resuelve enviar una ambulancia, agregó.

"La valoración del riesgo que puede estar viviendo la mujer es algo muy importante y por eso ponemos una mirada bien especifica, porque puede estar peligrando su vida o la de sus hijos, cuando los tiene", acotó Fontán.

La primera etapa de la atención es esa misma comunicación, porque a partir de entonces comienza un "seguimiento" del caso. 

De acuerdo al protocolo, la persona que llama puede ser citada por el organismo para que reciba el asesoramiento de un abogado, un psicólogo y una trabajadora social, quienes, cada uno desde su especialidad, le mostrarán a la víctima los siguiente pasos que debe dar para huir de su situación: acudir a la Justicia, respaldarse en las redes familiares para mudarse, o solicitar refugio en alguno de los cupos que el Ministerio de Desarrollo Social tiene para estos casos.

Inmujeres dispone de cuatro casas en las que se alojan aproximadamente 60 mujeres con hijos y, en otro lugar, viven otras una quincena de mujeres, con casi 20 hijos.

A solas con el enemigo
Fontán también contó que en los días de cuarentena se vio un crecimiento de llamadas de familiares o allegados a las víctimas para preguntar qué podían hacer ellos para frenar la violencia.
"Hemos visto un aumento de ese tipo de llamadas, para pedir asesoramiento y ver cómo pueden ayudar o apoyar a la mujer, lo que habla de una buena sensibilidad comunitaria sobre este problema", dijo.
En oportunidades, aseguró, han recibido llamados de madres preocupadas por sus hijas, a quienes no van a visitar por la cuarentena, porque no les atienden el teléfono y saben que conviven con hombres violentos.
"En este período, aumenta el control que ejerce la persona agresora, ya que las mujeres tienen más dificultades para mantener sus vínculos familiares o de amistades", explicó Fontán. Y de esta manera aumenta el aislamiento que buscan algunos hombres en sus parejas. "Hay espacios que la mujer tenía, cuando el hombre se iba a trabajar, por ejemplo, que era cuando aprovechaban para tener contacto, hablar, tener un respira, y ahora no pueden tenerlo", sostuvo.
 

El diálogo

Lo primero que hace la telefonista es "escuchar la demanda de la mujer", y a medida que la víctima va respondiendo, la profesional que la escucha va "explorando su situación, las formas de violencia con las que convive y que hacen a la historia de la relación", explicó la coordinadora.

También, y pese a que no hay un cuestionario o fichas definidos con precisión, sí hay un sistema de preguntas tendientes a averiguar, por ejemplo, "los antecedentes de violencia del varón, si han habido denuncias previas y si se dispusieron medidas de protección, si hay también antecedentes psiquiátricos, consumo de drogas o violencia hacia otros integrantes de la familia", enumeró Fontán.

En función de esas claves, y si la situación lo amerita, se le informa a quien llama que el Ministerio de Desarrollo Social tiene 33 centros asistenciales en todo el país que, pese a las restricciones de funcionamiento por la cuarentena, siguen abiertos con normalidad.

Aclaración: en una versión anterior de esta nota, se indicaba que las trabajadoras de la ONG Plenario de Mujeres del Uruguay ofrecían el servicio de atención telefónica como voluntarias, cuando en realidad es un trabajo rentado. A los lectores y los involucrados, las disculpas del caso. 

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