Las definiciones del equipo económico para manejar la compleja situación actual marcan conceptos y metas razonables pero que solo podrán cumplirse si se frena la oposición del movimiento sindical y de algunos sectores del Frente Amplio
Las definiciones del equipo económico para manejar la compleja situación actual marcan conceptos y metas razonables pero que solo podrán cumplirse si se frena, con eficiencia y energía, la oposición del movimiento sindical y de algunos sectores del Frente Amplio, que combina voluntarismo con resabios ideológicos. En un foro de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, el ministro Danilo Astori y los miembros de su equipo plantearon con claridad lo que el país necesita y el gobierno proyecta concretar. Astori atacó la “cultura del pobrismo”, implícita en “igualar para abajo” distribuyendo lo poco que hay en vez de generar más riqueza, curso que calificó acertadamente de receta para “vegetar en la mediocridad”.
La conducción económica enfatizó en la intención de promover una mayor apertura en vez de aislarse de la creciente tendencia mundial a acuerdos de libre comercio, así como atraer más inversión privada externa para financiar las urgencias de infraestructura, agilizando las trabas burocráticas, y actuar con cautela en el presupuesto para bajar en un punto el déficit fiscal durante el quinquenio. Son objetivos fundamentales en momentos de incertidumbre por retracción en las exportaciones y el consumo interno, los dos motores de los que depende impulsar el crecimiento. Pero desde la dirigencia del PIT-CNT, de muchos de sus sindicatos y de sectores de la alianza de izquierda, de visión obnubilada, se objeta ese curso con reclamos laborales desajustados a la realidad o anclas ideológicas que carecen de sentido ante la acumulación de semáforos en rojo.
El consumo interno, que había aumentado su protagonismo ante la caída exportadora, está bajando de revoluciones según el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), que desde hace ocho años confeccionan en forma conjunta la Universidad Católica y Equipos Consultores en base a encuestas. El ICC cayó 7,7% en mayo respecto a abril, indicando mayor preocupación de la gente por el futuro y más reticencia a gastar o endeudarse, especialmente en bienes durables. Y por primera vez en los últimos cinco años, el consumo creció a menor ritmo que el Producto Interno Bruto (PIB). El panorama exportador, entre tanto, se ha ensombrecido por la baja de los precios internacionales y una competitividad resentida por los altos costos de producción y una escasa inserción internacional.
La situación todavía no es crítica pese al empeoramiento de los principales indicadores. Incluyen un déficit fiscal del 3,5% del PIB, la suba de la inflación a 8,4%, del desempleo a 7,3% y del envío de trabajadores a seguro de paro en 16% por cierre de empresas y reducción de plantillas, mayoritariamente en la industria. Todos los pronósticos coinciden en un crecimiento de la economía por debajo del 3% en los próximos años. Estos datos reflejan una situación difícil pero manejable, siempre que se tome el rumbo del crecimiento y se adopten las medidas precautorias que faltaron durante los años de bonanza exportadora en las dos administraciones previas del Frente Amplio, pero que el gobierno promete tomar ahora.
Estos objetivos le exigirán neutralizar las resistencias que le plantean integrantes de su propia alianza de izquierda y el presuntamente afín movimiento sindical. Si lo logra, se podrá encarrilar el desarrollo para superar los años difíciles que enfrenta el país.