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3 de noviembre 2022 - 10:46hs

Griselda Mendieta es productora de membrillos, duraznos y uvas, en un predio familiar de cinco hectáreas en Canelón Chico. En el conjunto de adversidades con las que batalla a diario (clima, precios y costos productivos, por ejemplo) hay, para ella y varios más en la zona, un enemigo extra que les está complicando la vida: la cotorra.

Su granja se llama Los Carolinos, ella tiene una extensa trayectoria como productora y entre otras cosas se la recuerda porque participó aportando más de 20 toneladas de fruta para una movida titulada "membrillo solidario", emprendimiento en cuya presentación coincidieron Yamandú Orsi y Beatriz Argimón.

“Acá en los últimos años las loras hicieron un destrozo comiendo fruta, no las podemos controlar, la cotorra es un bicho muy inteligente, mi esposo sale con la escopeta y una lora que queda de guardia avisa y todas salen todas disparadas, conocen nuestros movimientos”, contó a El Observador.

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Dijo que las cotorras hacen un gran daño todo el año: eligen lo que comen, la yema de los duraznos, los brotes de uvas y picotean el membrillo, hay quejas de vecinos porque la plaga creció tanto que se comen los pastitos de las praderas que con tanto esfuerzo plantan para el ganado.

“Las loras son muy vivas, siempre van a la mejor fruta, además tienen muchos pichones y no pierden ni uno porque entre todas les dan de comer a todos”, añadió.

Griselda Mendieta, productora frutícola.

Entiende que es un animal como cualquiera, que tiene que comer, pero le parece razonable tomar medidas de modo que haya una población de un volumen adecuado, no en exceso, porque ella y el resto de los productores tienen también derecho a que su producción no sea vea disminuida.

Remarcó que “no se puede hacer cualquier cosa”, que hay que tener cuidado porque el problema es la cotorra, no otras aves.

En ese sentido, está tranquila porque hay técnicas trabajando en soluciones. Algunas, mencionó, pueden ser aplicar una especie de aceite en los huevos para que las loras no se echen o poner algo en las raciones para que no den pichones.

Aumentó la cantidad de cotorras en la zona oeste de Canelones.

Esta mujer, además de afrontar las responsabilidades en su hogar y en su predio productivo, se hace tiempo para desarrollar una intensa actividad gremial: es parte de la Cooperativa de Viticultores de Canelones; de la Unión de Membrilleros; de la Sociedad Fomento Rural de Canelón Chico; de la Comisión de Género de la Reunión Especializada de la Agricultura Familiar; de la Mesa de Desarrollo del Oeste de Canelones; y de la Mesa de Mujeres Rurales de Canelones.

Desde esa mesa, que integran 500 damas, surgió la idea de enviar una carta a Pablo González, director de la Agencia de Desarrollo de Canelones, denunciando el daño de las cotorras y eso activó la conformación de una comisión que diseñó un convenio recientemente firmado, “que mucho agradezco y nos llena a todos de orgullo”, dijo Griselda.

Ahora tenemos una esperanza, porque el productor solo no puede con esta plaga, parece que en unos cinco años puede haber una solución, así que hay que agradecer que nos entiendan, apoyar y tener paciencia”, concluyó.

MGAP La firma del convenio.

 

Intervención territorial

Según se informó desde el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), la Dirección General de Desarrollo Rural (DGDR) firmó un convenio con la Sociedad de Fomento Rural Rincón del Colorado (SFR) para llevar adelante el proyecto de aplicación de técnicas para mitigar el daño producido por cotorras en productores familiares frutícolas del oeste de Canelones.

Participaron el director de Desarrollo Rural, Carlos Rydström; Nurys Zerpa, presidente de la SFR; Diego Mozzo, secretario de la SFR; Fernando Rabellino, por la Asociación de Fruticultores de Producción Integrada; Graciela Pereira, por SFR Canelón Chico; y Griselda Mendieta, por la Mesa de Mujeres Rurales de Canelones, junto a referentes de la Intendencia de Canelones, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y las técnicas del proyecto, Lourdes Olivera y Ethel Rodríguez.

Rydström señaló que “es la primera Intervención Territorial Específica que se concreta con lo que llamamos una lógica ascendente: con el reclamo de los productores, de la sociedad civil, por temáticas que no han sido atendidas y que a partir del trabajo interinstitucional comienzan a hacerlo”.

El objetivo es contribuir a mitigar el daño que producen las cotorras en los productores frutícolas y la concientización de la sociedad civil sobre esta problemática.

La metodología

Se realizará un diagnóstico de la problemática para poder definir distintos indicadores tanto productivos como económicos que sean de utilidad (por ejemplo, dólares de pérdida/ha). Para ello se estimará el daño en 12 predios utilizando como principal insumo la encuesta realizada en el marco de la consultoría del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura.

Se llevará a cabo un relevamiento de información a productores que ya apliquen medidas para mitigar las pérdidas, con el fin de conocer y difundir sus experiencias. Se determinará un grupo de predios piloto que cuenten con herramientas de protección del cultivo para realizar un seguimiento de sus resultados, con el fin de generar información que sirva como medio de extensión a otros predios. En todos ellos se llevará a cabo un seguimiento técnico realizado por los profesionales del proyecto, evaluando el impacto de las medidas implementadas en las pérdidas ocasionadas por aves, sus ventajas y desventajas en la adopción de estas herramientas.

En un primer intercambio los productores propusieron diversos métodos candidatos para mitigar el daño causado por cotorras, en base a su disposición en el mercado, su costo y los antecedentes técnicos existentes. Estas herramientas ya han sido utilizadas en diversos cultivos como cebada, colza y uva con resultados satisfactorios. Se seleccionará un total de seis predios para aplicar las medidas de mitigación de los daños a ser evaluadas. Se utilizarán al menos tres predios por técnica y otras tres áreas control que sean agronómica y ambientalmente comparables.

Se analizarán los resultados obtenidos en el seguimiento técnico y el avance de la aplicación de la propuesta en conjunto con los costos de las medidas implementadas y las percepciones de los productores, con el fin de sistematizar la información y generar un insumo de utilidad para la toma de decisiones.

La tercera etapa del proyecto consiste en difundir y fomentar mediante un proceso de aprendizaje participativo la adopción de herramientas para disminuir los daños ocasionadas por cotorras. Se incluirá una campaña de sensibilización a la población en general sobre los perjuicios de las aves plagas en la producción local del departamento, así como los riesgos de zoonosis.

Complementariamente, se elaborará un plan de recomendaciones para manejar el daño que las cotorras causan en predios frutícolas, con el fin de generar una vía de trabajo óptima y viable a mediano y largo plazo con impacto a escala predial.

Por último, se diseñará un plan de acción que busque dar seguimiento, luego de culminado el proyecto, al problema que ocasionan las cotorras en fruticultura.

Se propone un plazo de ejecución de 24 meses para poder abarcar dos zafras productivas (2022-2023 y 2023-2024), debido a que la disponibilidad de fondos se realizará meses después del inicio de la zafra 2022-2023.

Temas:

Daños por plagas Loras Cotorras granja MGAP Mujeres rurales

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