Rusia 2018 > ANÁLISIS / IGNACIO CHANS

Cuanto más miro a Argentina, más valoro a Tabárez

Todo lo malo que ocurre alrededor de la selección de Messi sería inimaginable en Uruguay

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07 de junio de 2018 a las 15:16

Antes que nada: esta nota no intenta ser una oda al proceso de Óscar Tabárez. Tengo varias críticas sobre la estructura de selecciones, aunque admito que son laterales. Me gustaría que el entrenador compartiera más información con la prensa porque es la forma de que los hinchas sepan más de su equipo. Desde el lado del periodismo, creo que hay algo muy poco periodístico en la forma en se cubre –que cubrimos- a la selección, y que muchas veces no nos hacemos todas las preguntas que hay que hacer, una especie de changüí al DT y a la selección por todo lo logrado. Desde los dos lados hay una falta excesiva de matices: aquel que critica algo de la selección está en contra del "proceso" de selecciones, y todo el que elogia algo es funcional a Tabárez.

Pero cuando uno mira el caos en que otros rivales llegan al Mundial, da real dimensión de lo que ha significado el proceso Tabárez, especialmente el orden que se le ha dado a la selección, la jerarquización que tiene en el fútbol uruguayo, la previsibilidad de las acciones, el nivel de involucramiento de los hinchas con la celeste, el modelo que son los jugadores de selección para los niños.

Enfrente, en Argentina, está el ejemplo contrario. En cuatro años pasaron cuatro técnicos.Una estructura de selección que funcionaba, se desarmó por culpa del caos institucional del fútbol argentino, que obligó hasta a una intervención de FIFA. Pero el colmo es la recta final de la preparación al Mundial, que mostró todas las miserias a las que se enfrentan los hinchas de la vecina orilla.


Primero aquel escándalo de la guía para periodistas que fueran a viajar al Mundial, que incluía sugerencias de cómo levantar mujeres y obligó al presidente, Claudio Tapia, a pedir disculpas públicas. O las polémicas públicas alrededor de la no citación de Mauro Icardi o Nahuel Guzmán –que luego terminó incómodamente quedando en la nómina-. O más en global, el hecho de que Jorge Sampaoli está lejísimos de tener una columna vertebral en el equipo, y mucho menos una idea táctica aceitada, una identidad a la cual el equipo pueda abrazarse.

La selección argentina recaló en Barcelona para la recta final al Mundial, y entrena en la ciudad deportiva del club blaugrana, todo con el objetivo de tener contenido y feliz a Lionel Messi. Es que está claro que de él depende la suerte del equipo. Las selecciones juveniles no han aportado, en todos estos años, una estructura confiable que lo rodeara. Por eso, Argentina llega con uno de los planteles más mediocres que recuerde la rica historia del fútbol albiceleste.

El último capítulo fue la suspensión del partido ante Israel en Jerusalén. Una decisión polémica, para empezar, que no tenía mayor sustento que la necesidad de la AFA de recaudar (cobró US$ 2 millones de cachet). Un amistoso que se terminó cayendo por presión de los jugadores, ante las amenazas a Messi por jugar en la ciudad que despierta mayores enfrentamientos políticos del planeta. Para ponerlo en blanco sobre negro: a la selección argentina se le cayó el último amistoso previo al Mundial por presión de los jugadores ante una situación inestable que se conocía desde el mismo momento que la AFA aceptó priorizar el negocio.

Cada uno de esos puntos tienen su lado opuesto en Uruguay. Porque los periodistas nos podremos quejar de que tenemos poco acceso al equipo, de que Tabárez explica poco y nada sobre sus decisiones. Pero la selección tiene una estructura conocida por todos. Tiene una línea de autoridad clara, que arranca por el entrenador, que en su momento, contra viento y marea, forjó una cultura de selecciones nacionales que iba bastante más allá de lo que pasaba en la cancha, y que es el mayor legado que dejará –y que ojalá que se siga respetando cuando Tabárez no esté-. A la selección la maneja el jefe de selecciones y la AUF; no la manejan los jugadores, ni los clubes, ni el periodismo, ni Tenfield, la empresa dueña de los derechos de TV. ¿Se puede decir lo mismo de Argentina?

Cualquiera de las irregularidades que pasan del otro lado del Río de la Plata serían inimaginables en Uruguay. Los amistosos se pactan con la antelación debida, y asocian el interés económico con el deportivo. Claro, Uruguay no desdeña grandes sumas por ir a jugar a Arabia Saudita o a China, pero lo acompasa con la planificación deportiva. Además, hay una memoria colectiva de años de trabajo en mayores y juveniles, y por eso la recta final al Mundial no necesita casi de amistosos: apenas un partido como el de este jueves, ante Uzbekistán, para que los jugadores sientan el cariño de la gente.

Uruguay tiene estrellas de talla mundial, claro, apenas medio escalón por debajo de Messi. Pero no necesitan gritar ni imponer condiciones: ellos mismos se sienten protegidos por la estructura.

No siempre fue así. La historia de los años turbulentos de la selección está llena de enfrentamientos entre jugadores y dirigentes, de contratistas presentes en las prácticas de la selección, de decisiones de la AUF de privilegiar a los clubes antes que a la celeste. Hasta en el inicio de la segunda era Tabárez el plantel contrató un avión para volverse antes de una Copa América en Venezuela. E incluso los hubo el año pasado, cuando los jugadores presionaron a la dirigencia y lograron que la AUF cuadruplicara el monto que ser recibía por la camiseta de la selección. Los dirigentes levantaron el guante, siguieron ese camino, y lograron una nueva negociación por derechos de marketing.

El ambiente de la selección luce fresco, limpio. La AUF, en un camino que inició el Ejecutivo de Sebastián Bauzá y profundizó el de Wilmar Vadez, ha profesionalizado sus estructuras y le ha dado a las selecciones una jerarquización que antes no existía, y que habrá que seguir regando. En ese sentido, Tabárez hizo una advertencia que quizás pasó desapercibida para la mayoría, durante la conferencia de prensa del lunes: "Hay que darle importancia a las divisiones juveniles, y paso un aviso (elevando el tono): invertir dinero en las juveniles". De fondo está la vieja pelea de clubes y selección por el repartó de la torta económica. Mientras es evidente que la profesionalización del trabajo alrededor de la selección está asentada, la de los clubes viene muy rezagada.

¿Todo lo anterior asegura resultados? No. Argentina puede despegarse con una notable actuación en Rusia, y hasta salir campeón, y quizás a Uruguay le vaya rematadamente mal y se vuelva a casa en la fase de grupos o en octavos. El fútbol es fútbol, y la posibilidad de lo inesperado siempre está sobre la mesa. Pero eso no cambia un ápice todo lo anterior: el trabajo serio siempre es una ayuda para que los resultados lleguen. Y cuando se ve el caos en la casa del vecino, es una buena oportunidad para valorar lo propio.

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