16 de febrero de 2022 5:00 hs

En nuestra columna anterior titulada “Referéndum de Paradoja” poníamos el foco en las consecuencias históricas que a futuro podría traer, para el PIT-CNT, el posible triunfo del NO a la derogación parcial de la LUC.

En la de hoy queremos poner el énfasis en las que podría acarrearle al presidente el mismo resultado, y hasta qué punto se podría ver potenciada su figura en el caso de que se dé ese resultado. Antes que nada, queremos aclarar que nos referimos más en profundidad a la hipótesis de un triunfo del NO en estos primeros análisis pues, más allá de que desde hace largo tiempo la ciudadanía se divide en dos corrientes de similar caudal y por tanto ningún resultado está asegurado, por razones que ya manejamos en la columna anterior entendemos que, hoy, ése es el resultado más probable.

Llegados a este punto me adelanto a conjeturar que, si el actual presidente sale victorioso de esta instancia, por primera vez en muchísimo tiempo, un primer mandatario de nuestro país quedará en condiciones de imponer una serie de transformaciones que podrían ser históricas. Fuertemente devaluada la central sindical, y llevado casi a su mínima expresión opositora el Frente Amplio en caso de una derrota en marzo, muy poco podrá oponérsele en el camino al presidente, si se decide a avanzar en algunas transformaciones de fondo que, todos sus predecesores, incluidos los de izquierda, intentaron sin éxito llevar adelante.

Convertido en el presidente más joven del país desde el retorno de la democracia, con dos años de gestión de gobierno que ha sorprendido a propios y extraños por su capacidad de trabajo y liderazgo, con una templanza y coraje excepcionales además para resolver en momentos críticos, (sumado a una facilidad para comunicarse en forma personal y directa con la ciudadanía como pocas veces se vio), si se dan las condiciones fácticas como las que una victoria en el referéndum podría dejarle servidas, su proyección como estadista muy probablemente no tendrá techo.

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En el breve lapso de su mandato ya ha dado muestras de tener la osadía y determinación requeridas para emprender un vuelo de esa magnitud, llegado el caso. Así lo demostró cuando, con menos de 20 días en el gobierno, tuvo que hacer frente a la peor crisis sanitaria de nuestra historia reciente, oponiéndose con audacia a la opinión dominante de la cátedra y en especial a la explícita y contundente del ex presidente Tabaré Vázquez; o como cuando ante la misma circunstancia, se puso en primera línea al frente de la información diaria de la pandemia, en un riesgoso formato de conferencia de prensa en vivo, en el que se exponía diariamente ante el país entero. O como cuando decidió enfrentar el escenario adverso en el Mercosur con declaraciones y acciones que sabía bien que iban a crispar a los temibles mandatarios vecinos. 

Es cierto que hasta ahora ese empuje no lo ha usado para impulsar cambios más profundos, pero aún es posible atribuir esa aparente pasividad a una decisión táctica de esperar el momento más propicio, postergado primero por la pandemia y ahora por el referéndum.

Si además tenemos en cuenta cómo a lo largo de su camino, sin prisa pero sin pausa, ha venido superando los diferentes obstáculos que en cada caso se le suponían casi insalvables por muchos entendidos, y también de la forma en que ha ido derrotando uno a uno a todos quienes en diferentes circunstancias le han menospreciado o subestimado a lo largo de su carrera (desde el célebre “oligarca puto” que le espetó un diputado del MPP cuando era un joven parlamentario, hasta las gentilezas que le dedicó la ex ministra Muñoz cuando en la última campaña explicó que "entró al Parlamento por los votos de su mamá", que "no sabe sacar boleto" y "no tiene experiencia de trabajo ni de estudio más que en la Católica" -pasando por el no menos recordado “Pompitas” que le ofrendara el ex presidente Tabaré Vázquez a su programa de gobierno en ocasión de la ante última campaña electoral- podemos concluir que estamos ya ante una figura con potencial para convertirse, en un contexto propicio, en un “peso pesado” de la historia política nacional.

Y ese contexto propicio justamente le quedará al presidente servido en bandeja si sale triunfante del próximo referéndum, confluyendo así en una misma persona, probablemente por primera vez en los últimos cien años de la historia nacional, las dos condiciones indispensables para que un gobernante pueda implementar, en el breve lapso de su gestión, transformaciones profundas que marquen un punto de inflexión en el rumbo de un país: a) un coraje político y determinación fuera de serie para implementar cambios profundos en corto tiempo, y b) un contexto social y político propicio para ello.

El resultado del 27 de marzo puede marcar el destino político del país en forma mucho más determinante de lo que podría suponerse en primera instancia: en caso de triunfar el NO, probablemente se terminará de cimentar, con fuerza casi irreversible, la figura de un gobernante con capacidad para marcar el rumbo del país como hacía muchísimo tiempo no se daba.

Es probable que esto enerve a muchos de sus adversarios, pero varios de ellos habrán contribuido mucho en esta construcción.

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