La tarde del 16 de agosto el silencio fue profundo en todo Uruguay. La imagen de la televisión del partido revancha de Real Madrid-Barcelona por la Supercopa de España, devolvía un golpe a la rodilla derecha de Luis Suárez que cada futbolero en todos los rincones del país asumía como propio, que cargaba de drama -incluso de morbo- a dos semanas de las Eliminatorias. Al otro día, cuando su club informó que le recuperación del Pistolero demandaría mayor tiempo que el que separaba de los partidos ante Argentina y Paraguay por el clasificatorio al Mundial de Rusia 2018, el silencio bajó otro nivel y se transformó en mayúscula decepción y en una desilusión que ganó a todos, desde Tabárez hasta el último de los uruguayos. Con esa misma profundidad –que dejó de ser negativa para transformarse en positiva–, la noticia que este viernes de tarde confirmó Barcelona y luego subrayó la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), sobre el viaje de Suárez para integrarse a la selección, fue un disparador de esperanza, por encima de cualquier otra sensación.
De la desilusión a la esperanza
Uruguay no solo ganó a su mejor exponente, sino que recuperó el talismán y, especialmente, la confianza