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El adiós a la Copa del Mundo y un aterrizaje forzoso

Regreso a los asuntos cotidianos, después de tres semanas de levitación futbolera

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07 de julio de 2018 a las 05:00

La derrota celeste de ayer, un anticlímax que acabó con tres semanas de levitación, dio paso a una realidad más pedestre. Mientras la polvareda y la ansiedad se asientan, y el fútbol deja de ser la medida de todas las cosas, en la poltrona del living se instalan viejos asuntos peliagudos: el presupuesto del Estado, las negociaciones salariales, la languidez del empleo, el eterno debate sobre las tarifas monopólicas y la omnipresente carrera electoral.

El retorno a la realidad también permitirá reprochar la insuperable demagogia y dejadez de intendentes y directores de reparticiones públicas que cerraron las oficinas durante todo el viernes, un fin de semana largo, por un partido de fútbol. Parecen empeñados en confirmar que existen demasiados funcionarios, demasiadas oficinas y tareas inútiles, tanto como para que puedan desaparecer muchos días al año por las razones más absurdas.

Durante el ciclo frenteamplista, los vínculos laborales con el Estado aumentaron en 70.000: de 230.000 a 300.000, un impresionante 30,4%, sin incluir al personal satélite de las ONG. En las intendencias controladas por la oposición ocurrió algo similar, cuando no más grave. Uruguay tiene hoy el nivel de funcionariado más elevado de su historia, tanto si se mide como porcentaje de la población como del total del empleo (salvo, quizás, el fin de la dictadura).

El recambio de partidos en el gobierno provocó un relevo masivo en la burocracia. Demasiados militantes de la izquierda ahora están a sueldo del Estado, como antes ocurrió con colorados y blancos. No trajeron más eficacia en las funciones esenciales del Estado –seguridad, enseñanza, salud pública– sino sólo el inicio de un nuevo ciclo de auge, abuso, decadencia y eventual crisis. Las mejoras y modernizaciones en la gestión oficial y en los servicios públicos, que las hubo, han sido menores a las ocurridas en otras partes del mundo. El freno ha sido la misma burocracia, que por definición es enemiga del cambio y de la gestión electrónica, que vuelve innecesarias un montón de oficinas.

Las corporaciones de funcionarios son más eficaces para reclamar salarios. Incluso el MPP, el sector del expresidente José Mujica, la minoría mayor dentro del Frente Amplio, propone aumentar ciertas partidas presupuestales y con ello el déficit fiscal, ya muy alto, con tal de no regalarle terreno a sus competidores en la interna.

En este tiempo casi cada acto de la oposición y del partido de gobierno está teñido por el deseo de marcar perfil para el inminente proceso electoral.

El agujero en las cuentas del Estado, que se cubre con una creciente deuda pública, es una bomba de tiempo. Cada año se destinan más de US$ 3.100 millones al pago de amortizaciones e intereses, y la factura crece. La estrategia es insostenible y tarde o temprano traerá más sudor y lágrimas. Pero nadie hace un ajuste en vísperas electorales, por lo que semejante asunto quedará para quien gobierne a partir de 2020.

Argentina y Brasil están en serios problemas por una razón similar: gasto deficitario financiado con deuda –aunque Brasil sufre además un enorme vacío de poder e incertidumbre electoral–.

Algunos sectores de la izquierda proponen aumentar impuestos para una mayor recaudación. En un contexto de crecimiento débil y rentabilidad nula o escasa, más impuestos significarán fuga de capitales, mayor desempleo, informalidad y mora. Sería bueno revisar la experiencia uruguaya en situaciones históricas similares.

También se abre ahora, después del fútbol, una etapa decisiva en los Consejos de Salarios. El desempleo creciente obligaría a cierta cautela. Pero la negociación será reñida debido a la creciente inflación. En los últimos 12 meses los precios promedio al consumo subieron 8,11%, demasiado cerca del "techo" de aumentos para el próximo año que propuso el gobierno: 8,5% en los sectores que están bien, 7,5% para un sector intermedio y 6,5% para las áreas de actividad que están en problemas.

La subida de los precios ya desencadenó cláusulas de corrección salarial pactadas en la ronda de negociaciones anterior.

Sin Copa del Mundo, y en un marco de incertidumbre global, la realidad del segundo semestre del año parecerá vulgar y fría.
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