El informe anual de la OMM especifica que la temperatura media mundial en 2022 se situó 1,15 grados centígrados por encima de la media del período de referencia, y que en los últimos ocho años las temperaturas medias mundiales alcanzaron máximos históricos, a pesar del enfriamiento causado por el fenómeno meteorológico de La Niña durante tres años seguidos.
Los glaciares que los investigadores tienen como referencia perdieron en promedio más de 1,3 metros de espesor entre octubre de 2021 y octubre de 2022, una caída mucho mayor que la media de la última década. Desde 1970, perdieron cerca de 30 metros de espesor.
En Europa, los glaciares de los Alpes batieron todos los récords de derretimiento debido a una combinación de poca nieve invernal, una intrusión de polvo sahariano y las olas de calor registradas entre mayo y principios de septiembre de 2022. "Para estos glaciares, la partida está perdida", afirmó Petteri Taalas, secretario general de la OMM. Según el estudio, los glaciares de la región perdieron el 6,2% de su masa, “la cantidad más alta desde que hay registros”.
La gravedad de la situación, que se verifica en todo el mundo, amenaza con limitar severamente el suministro de agua dulce para los seres humanos y la agricultura, pero también supone un peligro inminente para la infraestructura crítica, como las rutas de transporte, incluidas las conexiones fluviales que se volverán menos navegables.
La lectura de Taalas y otros especialistas señalaron que el panorama actual implica un gran riesgo para el futuro y que el derretimiento de los glaciares y las masas de hielo polares “no se podrá detener a menos que se instrumente a escala mundial un mecanismo eficaz para el eliminar el dióxido de carbono que hay en la atmósfera". Pese a todo, Taalas afirmó que hay espacio para la esperanza.
El informe destacó que los medios para luchar contra el cambio climático son cada vez más asequibles, ya que la energía verde tiene a ser más barata que los combustibles fósiles, y que el mundo está desarrollando mejores métodos de mitigación. Según el documento, “el planeta ya no se encamina hacia un calentamiento de entre 3 y 5 grados centígrados como se pronosticó en 2014, sino hacia un calentamiento de entre 2,5 y 3 grados”.
"En el mejor de los casos, todavía podríamos alcanzar un calentamiento de 1,5 grados, que sería lo mejor para el bienestar de la humanidad, la biosfera y la economía mundial", estimó el secretario general de la OMM. Según el relevamiento del organismo, 32 países redujeron sus emisiones y sus economías siguen creciendo. "Ya no existe un vínculo automático entre crecimiento económico y aumento de las emisiones", afirmó el especialista.
Sistema de alerta
AFP
Inundaciones, sequías, derretimiento de glaciares. La multiplicación de desastres naturales vinculados al agua es evidente, pero también ineludible. En este contexto, los especialistas impulsan la implementación de sistemas de alerta adecuados para prevenir a las personas más aisladas, lo que podría limitar el número de víctimas y los daños.
Hace un año, la ONU se impuso el ambicioso objetivo para 2027: que cada persona del planeta fuera alertada de la inminencia de una catástrofe climática, un programa presupuestado en unos US$ 3.100 millones. "Demostramos que cuando se invierte en estos servicios, se recupera al menos diez veces el dinero", dijo Taalas. Por ahora, los servicios de este tipo sólo están presentes "en la mitad" de los países.
Según los científicos, las inundaciones y las sequías representan el 75% de las catástrofes climáticas, y se van a multiplicar por efecto del calentamiento. Ante lo inexorable de la situación, la propuesta apunta a la evaluación de riesgos a partir de la recolección sistemática de datos, su detección con modelos de previsión meteorológica y la preparación de la población ante la eventualidad de una catástrofe.
Los expertos afirman que los sistemas de alerta funcionan. Ponen como ejemplo las inundaciones sin precedentes que provocó el ciclón Freddy en Mozambique, Malaui y Madagascar. "Las alertas tempranas adecuadas, combinadas con una gestión de la catástrofe en el terreno, permitieron limitar el número de víctimas", explicó Taalas.
Sin embargo, cada catástrofe potencial presenta sus propios desafíos. Los climatólogos subrayaron la dificultad de crear modelos climáticos fiables en muchas partes del planeta, donde los datos meteorológicos son deficientes o incluso inexistentes. "Llegar a la población pobre, al último kilómetro, y hacer que actúen y se preparen es un gran desafío", dijo Stefan Uhlenbrook, director del agua de la OMM.
Es ahí cuando interviene normalmente la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (FICR), socio de la OMM en el terreno. Para su secretario general, Jagan Chapagain, es el modelo a seguir. El funcionario citó como ejemplo lo hecho en Bangladesh, país que construye refugios resistentes a los ciclones y envía alertas a los habitantes más alejados, incluso en bicicleta si es necesario.
"Los avances de la ciencia climática permiten adelantar las previsiones, a veces con varios meses de antelación", dijo Sarah Kapnick, de la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos. EL organismo se propone desplegar estaciones meteorológicas realizadas con impresoras 3D en todo el mundo. "En los países en desarrollo con economías dependientes de la agricultura, los sistemas de alerta precoces basados en las previsiones estacionales son fundamentales para planificar la seguridad alimentaria”, puntualizó la especialista.
Científicos contrarreloj
Los efectos del cambio climático en las masas de hielo ponen a los científicos en una carrera contrarreloj. Es el caso de un grupo de investigadores que comenzaron a perforar el hielo que recubre el archipiélago noruego de Svalbard para salvar siglos de datos climáticos y medioambientales antes que desaparezcan.
"Los glaciares de las altas latitudes, como los del Ártico, han empezado a fundirse a gran velocidad", informó Ice Memory. "Queremos recuperar y preservar para las generaciones futuras de científicos esos extraordinarios archivos del clima antes que todas las informaciones que contienen hayan desaparecido", indicó Carlo Barbante, director del Instituto de Ciencias Polares del Consejo de Investigaciones Científicas italiano y vicepresidente de la fundación Ice Memory.
Ocho científicos de Francia, Italia y Noruega, junto a un especialista en perforación y un guía de montaña, fueron los encargados de extraer muestras cilíndricas de 125 metros de longitud en cortes de un metro de diámetro. Algunas muestras fueron analizadas inmediatamente y otras conservadas en el Antártico para las generaciones futuras.
“Los glaciólogos ven como su materia prima de investigación está desapareciendo para siempre de la superficie del planeta. Nuestra responsabilidad, como glaciólogos de nuestra generación, es conseguir preservar un poco de ese material esencial”, dijo el presidente de Ice Memory, Jérôme Chappellaz.
El equipo estableció su campamento a 1.100 metros de altura, en la región de Holtedahlfonna, llena de peligrosas grietas, una zona en donde las temperaturas oscilan entre los 25 y los 5 grados bajo cero. Las muestras fueron almacenadas en la base francoitaliana de Concordia, donde se acondicionó una gruta natural con una temperatura media de 50 grados bajo cero.
Esos “troncos” de hielo albergarán la memoria climática de los últimos 300 años, en particular en sus diminutas burbujas de aire aprisionadas en el hielo. Creada en 2015, la iniciativa francoitaliana Ice Memory ya recogió muestras en los Alpes, los Andes, el Cáucaso y Altai. Un proyecto que tiene previsto realizar extracciones en un total de veinte sitios en todo el mundo.